26 de septiembre de 2021, 23:46:20

crónica económica


El futuro del empleo será flexible e incierto



Pero ese anhelo continúa impreso en nosotros, y los expertos en economía nos calman nuestra necesidad con más y más informes sobre lo que será. Un ejemplo es la Comisión del Reino Unido para el Empleo y la Formación, que ha elaborado un informe: The future of work. Jobs and skills in 2030..

El informe se refiere al Reino Unido, pero sus consideraciones valen (o dejan de valer) igualmente para cualquier economía desarrollada.

Lo primero es la validez de las proyecciones. Al respecto, el informe comienza con una consideración muy interesante. Dice que “hace veinte años prevalecía de forma generalizada el convencimiento entre los comentaristas que comentaban las características futuras del mercado laboral del Reino Unido sería una reducción radical en el número de horas de trabajo”. Claro, que esto fue antes de que llegase internet, con los móviles y las tabletas, y de que el tiempo de trabajo y de ocio se mezclasen.

Hay ciertas tendencias que se están produciendo hoy y que es improbable que varíen el rumbo antes de 2030. En la próxima década y media, dice el informe, el porcentaje de personas activas de más de 65 años va a aumentar. El papel de la mujer crecerá, asimismo, así como la importancia de los inmigrantes. Crece el deseo de conciliar la vida personal con la laboral, aunque por otro lado los dos ámbitos tienden a confundirse, dado que ahora se puede trabajar virtualmente a cualquier hora y en cualquier sitio. El poder económico se traslada a Asia, y de hecho se espera que en 2030 el 60 por ciento del consumo de la clase media se realice desde ese continente. La estructura de las empresas, creen los autores, serán más flexibles.

Puesto que el capital es complementario y flexible, la economía es vulnerable, dado que si falla una pieza (por ejemplo, la energía), fallan el resto de las piezas. Esta idea fue expresada por primera vez, y en un contexto académico, por Ludwig M. Lachmann, en su libro Capital and it's Structure, de 1956. El informe recoge esa idea, sin citar al autor. Pero Lachmann dice, también, que una economía capitalista, si bien por este lado es vulnerable, por el otro tiene la fortaleza de que es flexible y tiene la capacidad de adaptarse.

A partir de ahí, se plantea un escenario central y tres posibles rupturas. El escenario central, con las tendencias actuales, apunta a que el camino casi rectilíneo que todavía prevalece y que va de la formación temprana a la elección de una especialidad en un sector determinado por el que se transita la carrera profesional hasta el final. Por el contrario, lo que se espera es una mayor “hibridación”, cambios de un sector a otro, con carreras más complejas, formaciones que combinen la especialización con la versatilidad. Y, dentro de la tendencia de las estructuras empresariales a relajarse, habrá más trabajadores con dos o más pagadores.

Pero también puede haber tendencias disgregadoras, y el informe no las deja de lado. La primera de ellas es que la sociedad podría dividirse entre los que tienen y no tienen los usos tecnológicos que prevalecerán en el futuro. Una nueva versión de la falsa dicotomía de Umberto Eco entre apocalípticos e integrados. Pero los medios asociados a esos usos son asumibles para una persona que tenga un sueldo, y el uso se adquiere fácilmente, especialmente si de él se derivan beneficios, de modo que no parece muy probable.

La segunda es una vieja falacia de la economía: esta economía super tecnológica ahorrará trabajo y llevará a una acumulación de trabajadores sin empleo, en una tendencia que algún autor ha sintetizado en un libro titulado El final del trabajo. La tecnología hace al trabajo más productiva, pero esa mayor productividad no sacia nuestras necesidades, no acaba con la escasez. Y mientras haya escasez, los bienes tendrán valor, lo tendrán los medios puestos al servicio de su producción, y en consecuencia lo tendrá el trabajo.

Y la tercera tendencia disgregadora es un conjunto de tendencias que parten del supuesto de un crecimiento muy tenue, que es compatible con una economía competitiva, pero que no permite que los trabajadores, especialmente los que menos ingresos son capaces de generar.
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