20 de noviembre de 2019, 3:24:13
Opinion


El PSOE y los cantos de sirena nacionalistas



Aunque se resista a admitirlo, el secretario general del Partido Socialista de Navarra (PSN), Roberto Jiménez, se encuentra en una dificilísima situación, tras el fracaso de su órdago lanzado a Ferraz. Una situación en la que lo más honesto sería dimitir, después de incrementar la división en el seno de su partido y provocar una crisis en la Comunidad foral. Resultaba tan delirante como reprobable su intención de aliarse con Bildu para presentar una moción de censura contra la actual presidenta de la Comunidad navarra, Yolanda Barcina (UPN), al socaire de las denuncias de Idoia Nieves, exdirectora de la Agencia Tributaria de Navarra, sobre las supuestas injerencias con fines particulares por parte de la vicepresidenta y consejera de Economía y Hacienda, Lourdes Goicoechea, de Unión del Pueblo Navarro (UPN). Un asunto que, como en cualquier otro que pese la más mínima sospecha de corrupción, debe investigarse hasta el fondo.

Después de un más que tenso y largo debate, el PSN ha acatado la decisión de Ferraz y no dará curso a la moción de censura. En este sentido, no hay que escatimar el aplauso para Alfredo Pérez Rubalcaba que ha impedido algo que habría sido enormemente inmoral, traspasando una línea que no debe cruzarse jamás, aparte de nefasto para el PSOE en las próximas citas electorales. Este caso resultaba sangrante, en cuanto que suponía pactar con los compañeros de viaje de los etarras, y hubiera sido de muy complicada aceptación por parte de los ciudadanos. Pero el PSOE no debería olvidar que no va por buen camino en sus acuerdos con partidos nacionalistas, de presupuestos identitarios, echando por la borda su historia de formación internacionalista. Como cuando en Galicia y Cataluña se asoció con partidos secesionistas, como el Bloque Nacionalista Galego (BNG) o Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Unas alianzas, por cierto, que después no le han beneficiado en las urnas, sino todo lo contrario.

Y unas alianzas que también están provocando enormes y graves fisuras en los Comités regionales, y en el PSOE en su conjunto, como ha vuelto a ocurrir en Navarra, donde los socialistas tienen una profunda división interna, que se ha puesto palmariamente de manifiesto en el debate sobre la moción de censura. A corto plazo, parece haberse cerrado la crisis, pero no es aventurado pensar que las heridas continúan abiertas. Lo que no favorece precisamente a un PSOE fuerte y cohesionado. Los cantos de sirena del nacionalismo le están ocasionando un inmenso daño.
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