12 de noviembre de 2019, 20:35:44
Economía

el apetito de los inversores parece ilimitado


La deuda española bate récords y el banquete continúa en los mercados... ¿Hasta cuándo?



Los últimos años de información económica están dejando situaciones inéditas y récords estadísticos por doquier. La salida de la normalidad, de lo hasta ahora conocido, se está convirtiendo en la norma, poniendo a prueba el temple de los analistas económicos y desafiando los prismas ortodoxos.

Una de los campos en los que se pueden observar estas turbulencias es en el de la deuda soberana, un activo que en los últimos meses y años ha dejado numerosos titulares que incluían la palabra récord.

La situación actual es la siguiente: el Reino de España jamás había estado tan endeudado como ahora. Este mismo viernes, se daba a conocer el dato. La deuda de las administraciones públicas españolas cerró 2013 en 960.640 millones de euros, un 93,3% del PIB. Y subiendo. Se prevé que durante este 2014 alcance la cifra redonda del 100% del PIB, con lo que rebasará, tan sólo en su valor nominal, sin contar los intereses, toda la riqueza que la nación puede generar en un año.

Esto supone, en perspectiva, que la deuda que soportan las arcas públicas se ha más que duplicado desde que estalló la crisis.

Sin embargo, el apetito de los inversores por este activo parece insaciable. Superada la crisis de deuda europea gracias en buena medida a las palabras del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi – “El BCE hará lo necesario para sostener el euro. Y, créanme, será suficiente”-, el Tesoro español está colocando los títulos de deuda a corto plazo precios nunca vistos, mientras la rentabilidad del bono de referencia a diez años continúa bajando.

“Tras el anuncio de ayuda del BCE, la deuda española era una muy buena opción: rentabilidades muy atractivas y el respaldo del banco central. La caída en las rentabilidades de la deuda española le ha restado algo de atractivo, pero sigue siendo un activo a considerar”, afirma a este diario la responsable de Análisis de Self Bank, Victoria Torre.

El ajetreo de las últimas colocaciones exitosas ha llegado incluso a que en algunos corrillos se especule con una financiación a tipos negativos, es decir, que los inversores ‘paguen’ para financiar a España, algo que los analistas consultados descartan. “La financiación a tipos negativos es algo que ocurre de forma muy residual, y en situaciones de mercado algo extremas”, explica Victoria Torre, que afirma que “en los momentos de máxima tensión de la Eurozona vimos cómo Alemania llegó a financiarse puntualmente a tipos negativos, fruto de las incertidumbres que había en el mercado”, pero en aquel momento, “el principal criterio en muchos casos a la hora de invertir no era la rentabilidad, sino la seguridad, y pocos activos tenían la consideración de ‘seguros’”.

La analista de Renta 4, Nuria Álvarez se expresa en términos parecidos, y asegura que la deuda española está muy lejos de ser considerada como un "activo refugio", al contrario que la alemana, que funcionó como tal durante las peores jornadas de la crisis de deuda.

El Tesoro español tiene previsto emitir 65.000 millones de nuevos títulos a lo largo de 2014. Sin embargo, si se tiene en cuenta los vencimientos de deuda antigua a refinanciar, deberá colocar títulos por valor de 242.370 millones. Todo ello en un mercado en el que España no es la excepción, ya que otros países están emitiendo ingentes cantidades de deuda para financiar sus servicios. En este punto, cabe preguntarse por el infinito apetito de los inversores por este tipo de títulos, considerados una de las inversiones más seguras posibles. ¿No se va a saturar el mercado? ¿Podrán los estados continuar apelando a los fondos inversores siempre hambrientos y nunca saciados?

“Nunca se van a quedar sin demanda”, afirma, contundente Nuria Álvarez, que sí que deja la puerta abierta que, tras las últimas compras de deuda, que vienen de un escenario “muy atípico”, puede retornarse a una situación “más normalizada”.

“Si la situación económica sigue mejorando, posiblemente veamos un nuevo giro, y los inversores volverán a entrar en activos de riesgo y abandonarán progresivamente otras inversiones más conservadoras”, apunta Victoria Torre.

Los compradores naturales de la deuda soberana son los fondos de pensiones públicos y privados, y la parte más conservadora de las carteras de inversión. Tras la huída ante el temor del rescate de los inversores extranjeros, éstos han retornado con fuerza y ya poseen el 40% de la deuda española. Este interés ha contribuido en buena medida a reducir la prima de riesgo y a que las últimas colocaciones hayan resultado exitosas.

Pero el problema de la deuda no es tan sólo español, ya que los estados han afrontado los últimos años de crisis y turbulencias a base de más deuda. Según datos del Banco Internacional de Pagos, las administraciones públicas deben, en total, 43 billones de euros, lo que equivale a 43 veces el PIB español, resultado de aumentar un 80% su endeudamiento desde 2007 para hacer frente a una situación de menores ingresos y mayor gasto social.

Entre los países más endeudados figuran algunas de las economías más avanzadas del primer mundo. Destaca el caso de Japón, que debe 9,7 billones de euros, el 230% de su PIB, o el de Italia, que se acerca a los 2 billones de euros, el 127% de su PIB, o el de EEUU, que ha dado algunos sustos al acercarse en sucesivas ocasiones al techo de deuda establecido, y que debe 12,9 billones de euros, el 103% de su PIB.

Frente a esto, algunas voces han esgrimido que es imposible devolver toda esa cantidad de deuda. Y la sospecha parece fundada, ya que el Fondo Monetario Internacional se ha puesto a trabajar en ello. Desde 2009, elabora el Fiscal Monitor, un observatorio de la evolución del endeudamiento de los países desarrollados y su capacidad para devolver las ingentes cantidades de dinero que emiten.

La conclusión de su último informe fue demoledora. El organismo proponía una quita del 10% a la riqueza de las familias europeas para corregir la deuda pública, entre otras lindezas, con el fin de reducir el endeudamiento de los estados a los niveles precrisis. Argumentaba el FMI que este tipo de medida ya se llevó a cabo en países como Alemania o Japón tras la Segunda Guerra Mundial.

Por el momento, estas medidas no pasan de ser una sugerencia, y mientras siga la fiesta del endeudamiento público, y los inversores continúen comprando ese activo, no habrá ningún problema sistémico. Sin embargo, los expertos consultados no descartan que pueden surgir complicaciones en algún momento. ¿Es la deuda otra burbuja para salvar los muebles tras la explosión de la burbuja crediticia? La economía sigue adentrándose en senderos desconocidos, y todo parece indicar que las situaciones inéditas no han terminado.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es