20 de septiembre de 2021, 8:19:03
Opinión


Trilerismo fiscal



El Gobierno apostó, desde el primer consejo de ministros, en una subida de impuestos. No le dio opción a mantener los que había heredado, rebajarlos, o reformarlos hacia una estructura fiscal más razonable. El análisis de la subida de impuestos lleva, sin mucho margen al error, al convencimiento de que ha incidido en una mayor caída de la actividad. Han pasado dos años de legislatura, y el panorama ahora es distinto del que heredó el gobierno de Mariano Rajoy. Las señales de la recuperación son débiles pero ciertas, la deuda española tiene mercado, el cierre del agujero fiscal no es tan relevante y la gran apuesta económica y política debe ser el empleo. Esta es la situación en la que el Ejecutivo se plantea reformar de arriba abajo el sistema.

Conocemos muy bien cuál es el estilo reformista de Mariano Rajoy. Nunca es un planteamiento fresco y audaz, nunca pone en peligro la estructura de lo heredado, y ni se acerca al principio expuesto en El Gatopardo de cambiarlo todo para que nada cambie. El primer paso ha sido nombrar un comité de expertos. Su propuesta merece atención.

Cumple lo que el profesor Carlos Rodríguez Braun llama “trilerismo fiscal”, es decir, un juego de subidas y rebajas de impuestos, revestido de reforma, bajo el principio del mantenimiento o aumento de la recaudación. A rasgos generales, está encaminado hacia una moderada rebaja de los impuestos directos, con una subida muy importante de los indirectos.

Por lo que se refiere a los primeros, señalar que un tipo del IRPF del 50 por ciento deja de ser confiscatorio es sorprendente. Pero la reducción de tipos y de tramos está bien enfocada, así como la reducción de deducciones, en términos generales. Más necesaria y profunda es la reforma que proponen, en el mismo sentido, en el Impuesto de Sociedades. El IVA, cuando suba, no volverá a bajar, al menos durante un largo período de tiempo. Y la retahíla de “impuestos verdes”, en línea con el viejo y desacreditado principio de Pigou, no merece un aplauso. La mano de la política se puede ver en el impuesto de sucesiones, con un tipo mínimo del 4 por ciento: Es una concesión al nacionalismo catalán, que necesita de impuestos muy altos sin competencia. Por último, los redactores han identificado en el propietario de la vivienda en la nueva ubre a la que se le puede exprimir con sencillez y seguridad.

En definitiva, a la espera de que el Gobierno tome una decisión, la propuesta de los expertos no es lo que necesita España.
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