20 de junio de 2019, 5:08:59
Opinion


Madrid ya tenía dignidad antes de la marcha



Una vez más, las calles de Madrid eran tomadas ayer por miles de personas venidas de toda España para protestar contra la política de justes del Gobierno. Más allá del derecho que asiste a todo español de manifestarse y expresarse como estime oportuno, llamaban poderosamente la atención los eslóganes coreados por muchos de los manifestantes, por lo demás de corte extremadamente radical.

Reclamar sanidad y educación públicas de calidad es una reivindicación justa. Pero dicha justicia queda algo diluida cuando se utiliza dicha reivindicación para hacer demagogia. El título de la marcha, “en defensa de la dignidad”, no parece muy aplicable a personas que, como Willy Toledo, viven en Cuba disfrutando de comodidades vedadas al pueblo cubano y se permiten el lujo de encabezar una protesta radical. Tampoco a sindicalistas como Diego Cañamero o Juan Manuel Sánchez Gordillo, expertos en asaltar supermercados y fincas privadas.

La idea de dar un toque de atención al establishment político en general es interesante; máxime, habida cuenta de la desafección que los principales partidos se han ganado a pulso entre la ciudadanía. Lo que no es de recibo es el hecho de que la izquierda movilice a su electorado más radical para agitar violentamente la calle sin más interés que la algarada y el desgaste.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es