18 de noviembre de 2019, 7:22:37
Opinion


La grandeza de Suárez empequeñece al nacionalismo



Esta semana que ahora acaba han tenido lugar múltiples homenajes en honor del ex presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. La unanimidad ha sido la nota predominante de la inmensa mayoría, a excepción del Parlamento, donde la oposición de Esquerra, BNG y Amaiur impedía suscribir una declaración institucional -para ello es precisa la aquiescencia de todos los grupos de la Cámara-. “Todo lo que exceda de dar el pésame a la familia es una exaltación de españolidad”. Así justificaba su sectarismo Alfred Bosch, portavoz parlamentario de Esquerra, siendo ratificadas ayer mismo sus palabras por el presidente de la formación Oriol Junqueras.

Es comprensible que el nacionalismo mire a la Transición con resquemor, por cuanto lo que allí hubo fue un ejercicio de sentido de estado, concordia y responsabilidad ausentes a día de hoy de la vida política. No habían pasado ni 24 horas del fallecimiento de Suárez y ya Artur Mas retorcía su legado aduciendo que ambos “tomaban decisiones difíciles en su país”; Esquerra, proetarras y nacionalistas gallegos esperaron algo más. En todo caso, lo extemporáneo del comportamiento nacionalista no resta un ápice de valor a la figura de un personaje muy por encima de todo eso; antes al contrario, engrandece aún más a Adolfo Suárez.
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