20 de septiembre de 2021, 23:33:29
Opinión


Pensando España desde USA (I)*

Javier Rupérez


Querría comenzar contándoles una historia, una breve historia. Hace algún tiempo, cuando todavía residía en Chicago, al volver de algunos de mis frecuentes vuelos dentro y fuera de los Estados Unidos y al llamar un taxi en la salida del aeropuerto comprobé que me había correspondido un vehículo conducido por un ciudadano de alguna edad y evidente origen asiático que me acogía con grandes muestras de alegre bienvenida. Ya dentro del taxi, y tras haberle explicado a donde quería dirigirme, el conductor, que no había decaído en su contento, me explico las razones de su visible felicidad. “¡Me ha escrito el Presidente de los Estados Unidos!”, me dijo, al tiempo que me entregaba un folio en el que efectivamente figuraba el logo de la Casa Blanca y la firma de George W. Bush. Comprendí de inmediato que se trataba de una carta circular y apenas tuve tiempo de leer con atención su contenido, porque el asiático feliz me la arrebató de las manos, quizás temiendo que me fuera a quedar con ella, al tiempo que añadía información sobre el origen de la carta:” ¡Ya soy ciudadano americano!”. Resultaba evidente que el Presidente de los Estados Unidos, aquel en particular pero, según he podido comprobar, todos ellos, antes y después de George W. Bush, han adquirido la buena costumbre de dar la bienvenida a los nuevos ciudadanos americanos con una misiva que, como bien pude experimentar, era recibida con grandes parabienes por al menos algunos de sus recipiendarios. Probablemente la inmensa mayoría de todos ellos. Me pareció que valía pena conocer con calma el detalle de la misiva y al poco tiempo la pude obtener: una persona próxima en la profesión y en el afecto, que se había acogido a las posibilidades ofrecidas por las disposiciones sobre doble nacionalidad entre España y los Estados Unidos, me la hizo llegar. Y descubrí con calma un breve documento de una impecable y elegante factura literaria y conceptual cuyo contenido reza textualmente:


“Querido compatriota,

Me complace felicitarle con ocasión de su acceso a la ciudadanía americana. Usted es ahora parte de una gran y bendita nación. Estoy seguro que su familia y sus amigos se sienten orgullosos de usted de en este día especial.

Los americanos están unidos a través de generaciones por grandes y permanentes ideales. El más importante de todos es la promesa siempre demostrada de que todos tienen su sitio, que todos merecen una oportunidad y que nunca hubo un nacido insignificante. Nuestro país no ha estado nunca unido por la sangre, o el origen, o el lugar de nacimiento. Nos unen los principios que nos llevan más allá de nuestros orígenes, nos elevan por encima de nuestros intereses y nos enseñan lo que significa ser un ciudadano. Todos deben aplicar esos principios. Y todo nuevo ciudadano, al hacer suyos estos ideales hace que nuestro país sea cada vez mas americano.

Ahora que usted comienza a participar plenamente en nuestra democracia, recuerde que lo que usted haga es tan importante como cualquier cosa que haga el gobierno. Le pido que sirva a su nueva Nación, empezando por su vecino. Le pido que sea usted un ciudadano capaz de construir comunidades de servicio y una Nación con carácter. Los americanos son generosos, y fuertes, y decentes no porque creamos en nosotros mismos sino porque albergamos creencias que nos trascienden. Cuando este espíritu de ciudadanía falta no hay programa gubernamental que lo pueda reemplazar. Cuando este espíritu está presente, ningún impedimento puede contra él.

Bienvenido a la alegría, la responsabilidad y la libertad de la ciudadanía americana. Que Dios le bendiga. Que Dios bendiga América.”

Confieso que de una primera y apresurada lectura deduje una clara conclusión: en efecto, la grandeza de este país no está en su poderío económico, o en su fortaleza militar o en su influencia política, sino en algo más simple y a la vez mas complejo: la cohesión social y nacional de los que forman su ciudadanía. Las otras grandezas existen y han sido hechas posibles precisamente por esa solidez, y no al revés. Me pregunté, y sigo preguntándome, si no sería esa una primera reflexión a tener en cuenta cuando, aun mucho antes de saber que ustedes tendrían la amabilidad de invitarme a hablar en este foro, tantos en España se preguntan por las razones de nuestros desvaríos y las mejores recetas, propias o ajenas, para ponerles coto. Y que conste que lo hago con la convicción de que todos tenemos que aprender de todos, que no hay en el mundo país perfecto y que vana seria la tarea de importar miméticamente modelos foráneos, surgidos al amparo de diversas circunstancias y diversos condicionantes. Y sin embargo, ¿tan difícil resulta desarrollar colectivamente un mínimo sentido de la humildad para procurar parecernos, por poco que resulte, en los trazos colectivos que en otros percibimos y que pueden hacer nuestra vida más razonable, más productiva, más sintonizada con los tiempos que nos ha tocado vivir? Fue mi admirado Joaquín Costa, regeneracioncita ilustre, cuyos textos deberían ser objeto de renovada consideración en los atribulados tiempos que nos ha tocado vivir, el que, parafraseando a San Agustín, proclamó orgullosamente aquello de “nolite foras ire, in interiore Hispania habitat veritas”, “no desees salir fuera, en el interior de España reside la verdad”. Hoy yo me atrevería osadamente a corregirle en ese terreno para decir “busca fuera la verdad que dentro te rehúye”.

Dice el Presidente de los Estados Unidos:”Nuestros país no ha estado nunca unido por la sangre, o el origen, o el lugar de nacimiento”. Bella manera de expresar el rechazo a los nacionalismos étnicos y a los particularismos localistas y de campanario para reclamar la existencia de una Nación fundada en la adhesión colectiva a un conjunto de principios. No es difícil imaginar donde se encuentran esos principios: en la Declaración de Independencia, en la Constitución, en el Bill of Rights y en el entramado jurídico legal consiguiente que hace de los ciudadanos americanos el conjunto de ciudadanos libres e iguales que toda sociedad moderna y democrática debe aspirar a conseguir. Y proteger. Los USA son una nación de leyes y todos los que aquí vivimos sabemos de la exactitud con que las autoridades exigen su cumplimiento y la responsabilidad con que la inmensa mayoría de sus ciudadanos aceptan seguirlas. Y es ese entramado de derechos y responsabilidades, lo que conforma la sólida base del “patriotismo constitucional”, que diría Habermas, el filósofo alemán, del ciudadano americano. La Nación de Leyes completa su edificio con un Poder Judicial que desde el Tribunal Constitucional hasta el último de los juzgados locales goza de respeto y consideración entre otras razones porque procura, y en gran medida consigue, que la justicia se imparta en tiempos y modos razonables para los acusados y para los acusadores.

*Conferencia del Embajador de España Javier Rupérez en el XXXIV Congreso Internacional de ALDEEU. Washington DC . 28 de Marzo de 2014
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