20 de noviembre de 2019, 23:47:39
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El Atlético de Madrid deshace al Barça con media hora memorable de fútbol y raza

Diego García. Estadio Vicente Calderón

El Atlético de Simeone eliminó al Barça de la Champions convirtiendo la calidad en un ingrediente menor y preponderando la táctica y la intensidad. El solitario gol de Koke certificó una media hora memorable de los colchoneros, que afrontan las semis de Champions sin pudor ni fisuras. Por Diego García y Javier Nuez. Estadio Vicente Calderón





Ganar, ganar, ganar y volver a ganar”, rezaba el mosaico con el que el Vicente Calderón recibió a los protagonistas de este miércoles para el recuerdo en la ribera del Manzanares. Quizá el tifo dotado de la mayor simbiosis entre club, afición, y césped. Howard Webb ordenó el inicio de la vuelta de los cuartos de final de esta Champions y rompió una atronadora pitada en la tribuna como saludo a la primera posesión rival. Quizá la pitada más terrible de las últimas décadas en el coliseo madrileño. El partido tomaba sus primeras bocanadas de existencia y el Atlético ahogaba cada centímetro cuadrado en una salida sin precedentes de intensidad, gallardía y fútbol -sea tenida en consideración esta afirmación en el contexto del proyecto Simeone-. Quizá la exhibición más arrolladora en los primeros minutos de un partido que haya degustado esta institución en su historia.

El guión argumental que deslizaban las alineaciones iniciales señalaban la intención clara de Diego Pablo Simeone de poblar el centro del campo de ayudas entre medios y atacantes para completar la labor de cortocircuitar el juego combinativo visitante y sus pasillos de pase entre líneas. Con este propósito, el “Cholo” concibió su esquema con Villa en punta y Raúl García y Adrián lanzados al trabajo, el juego aéreo en la salida del balón y la contra.

Martino, por su parte, aplicó el once esperado, con las soluciones a la presión rojiblanca previstas en el tótem monopolizador de la pelota y su ideada importancia de la banda izquierda en la salida de la pelota para punzar con la llegada de Alves y la presencia de Messi en banda como única variante sobre la mesa. Posesión, concentración atrás, ritmo alto de pase. La hoja de ruta tradicional para levantar la eliminatoria ante un rival al que no había conseguido tumbar en lo que va de calendario. Y ya estamos en abril.

Diego Costa no iba a ser de la partida por sus molestias musculares y ni siquiera piso el banquillo. El gol personificado en el carioca nacionalizado faltaba en este trascendental cruce, pero, para solidez de las aspiraciones colchoneras, Simeone contemplaba una solución con variantes al libreto ofensivo de sus pupilos. Colocó a Raúl García en el rol de Costa. Ojo, no en el papel de finalizador, sino en el aspecto más relevante para el Atlético de Madrid en este tipo de enfrentamientos. Esa labor sobre la que el técnico argentino depositó su confianza en el medio navarro es el juego aéreo sobre la posición de Jordi Alba en la salida de la presión rival en largo del equipo madrileño. Y no iba a resultar atrevido que Raúl hizo de Diego sin mermar potencialidad a sus aspiraciones en la eliminatoria.

Antes de que ambos despliegues desarrollaran su modus operandi, Messi abrió fuego con un chut muy desviado desde la frontal en el segundo minuto de partido. Una suerte de aviso -la idea era ponerse por delante para maltratar a un Atlético adelantado en busca del empate- que iba a tornarse en todo un espejismo poco después.

El Atlético jugaba con el nivel de presión y la altura de la línea defensiva, minimizando los riesgos a los que se enfrentaba y obligando al Barça a mantener en el plano horizontal su manejo colectivo de la pelota. Y, entonces, en el minuto 4, se desató la tormenta colchonera. Como si el dique blaugrana contuviera a duras penas el torrente de intensidad madrileña hasta que un simple agujero abriera la espita y arrancara a fluir con toda su dureza impasible el agua, de este modo tan trivial y tan estudiado, empezó el festival el bloque del Cholo: un balón largo de Miranda desde su cueva defensiva hasta el lado izquierdo de la zaga visitante que Raúl García gana a Jordi Alba y caza el desmarque de Adrián, que engatilla al poste. Pizarra y repeticiones en el Cerro del Espino.




La brega y el hambre rojiblancas confluyen en el temblor de piernas de Alves y Busquets, que pierden una pelota en la frontal de su área que recoge Villa. El asturiano amaga y desborda para lanzar un centro al segundo poste desde la línea de fondo que Raúl García vuelve a poner en inercia de gol. Koke, solo en el segundo poste, apuñala la consistencia del Barça y abre el marcador. Minuto 6 de choque.

Lo vivido tras este precoz punto de inflexión refleja la diferencia, en el global de la eliminatoria, entre ambos contendientes. La energía competitiva se impone en cada disputa, ahoga la fluidez del Barcelona, saca del ritmo de juego a sus mejores puntales y, en definitiva, convierte el aspecto técnico en una anécdota dentro del partido. Como Simeone ideó tras acabar el sorteo en Suiza.

La presión genera nerviosismo en el adalid del juego combinativo que, presa de su ortodoxia, regala ocasiones a los hambrientos jugadores locales en el borde de su área. Así, con el Barça inseguro se sucede la contaminación total de la energía entre el bando colchonero y cunde la desazón de sentirse fuera de escena en sus anonadados rivales. Las ayudas en las bandas de atacantes, medios y laterales deshacen la tradicional ventaja numérica del Barça en el centro del campo y el escenario se clarifica en favor del Atlético. Adrián probó otro poste en el 11 tras un grave error de Busquets, Villa se estrelló en la madera del travesaño tras repetir el esquema de pelota aérea ganada por Raúl García y desmarque –una acción sin ajuste por parte de Martino hasta el descanso- en el 18 y Bartra frenó una veloz contra del delantero asturiano con amarilla de por medio. El rodillo se había convertido en absoluto sin respuesta desde el banquillo.

Tan solo una acción individual de Messi, que terminó en cabezazo del argentino ajustado al poste y otra de Neymar en banda, que concluyó con remate del astro argentino muy desviado en el primer poste, demostraban que el Barça estaba sobre el césped del Calderón.

Martino explicó en sala de prensa que pegó a Leo a banda porque "quería hacer al equipo largo", más vertical, para evitar la horizontalidad habitual en el juego de los suyos. En esta primera media hora de monólogo rojiblanco, esta decisión costó al Barcelona una ruptura entre líneas que convirtió a su equipo en lento en el desplazamiento y previsible, agudizando el control del Atlético y las imprecisiones catalanas. La endeblez defensiva visitante, por otra parte, se hacía visible amplificada por la percepción de la potencia física de Adrián y la fogosidad de las contras lanzadas por Koke, Gabi o Filipe.

Pasado el vendaval, Iniesta trató de ganar protagonismo en el juego en pequeñas dosis. Un de ellas, en el minuto 32, fructificó en robo y chut desviado. Pero el Barça caía en la lentitud mental y, con Messi pegado a la cal, Neymar y Alba naufragaban ante Juanfran, Gabi, Tiago y Raúl García. Es entonces cuando el Atlético volvió a replegar más atrás y se gestaron dos acciones que resumen el cariz que ha revestido el encuentro de este miércoles: disparo desde larga distancia de Bartra sin consecuencias y balón largo que engancha Adrián en velocidad y genera una ocasión con la sola presencia de su velocidad atemorizando a la pareja de centrales catalanes. Un equipo olía sangre en cada rechace y salida y el otro moría en la desidia provocada por el aburrimiento de sí mismo. La esperada lucha de estilos regresaba al centro del argumento tras el vapuleo y el reclamo de un penalti en cada área.

Llegó el entretiempo y con él se preveían cambios en la actitud y líneas de juego del Barça. Messi cayó de manera definitiva al centro, en una segunda línea más destinada a encontrar pases verticales que a hacer gol, y Cesc terminó de desquiciarse sin balón, empotrado en la punta de ataque. Los pupilos de Martino trataron de dar un paso al frente y aumentar el ritmo de balón, y la agresividad sin balón parecía elevar su valor cuantitativo, por ende.

Fábregas ideó en el 48 un pasillo en la espalda de Juanfran ante el brillante desmarque de Neymar que Courtois tapó en su salida. La pelota cayó a los pies de Messi que, en el área y delante del meta belga, agachó la cabeza, obvió el disparo al primer toque y olvidó la portería. Olvidó su veneno, confirmando que su lenguaje corporal poco intenso -valga este eufemismo- mostraba que el argentino no tenía la preparación psicológica como para remangarse en este barro. Concluido el fragor de la batalla, el frío dato muestra que Leo corrió en 90 minutos la mitad que, por ejemplo, Koke, y muy poco más que Pinto.

Daba la impresión que la tradicional superioridad en el centro del campo del Barça -ahora sí con los laterales muy arriba- daba su fruto en el arranque de segundo acto. Un centro de Alves y cabezazo de Xavi que no encuentra la portería por muy poco en el 59 anunciaba un cambio de escenario con el Atlético replegado sin miramientos desde el pitido de Webb. Pero, dos minutos más tarde, Martino asesina la creación de juego, no solo no sacando a Cesc de su lucha con los centrales, sino sustituyéndolo por Alexis. Fábregas se fue desdibujado, contrariado, y el Cholo dio entrada a Diego. Simeone buscaba más pelota, clase para matar la eliminatoria a la contra y aire en el trabajo al retirar a un fatigado Adrián.




Reaccionó con los movimientos el Atlético, que subió líneas y cortó los avances del Barça en la medular. El brasileño recién entrado chutó cruzado tras ganar la espalda a Mascherano. Su intento despejado por Pinto en el minuto 64 contiene un efecto indirecto: el Barça vuelve a amilanar su confianza, sabedor de su endeblez defensiva y el equipo local recupera el fuelle moral para lanzar otra bocanada de fuego intenso para ahogar el oxígeno del partido de manera definitiva.

Un error de concentración del Barcelona en la salida de la pelota, con robo de Villa y contra guiada por Gabi no significó la sentencia de milagro. El mediocentro culminó el despliegue marrando un mano a mano claro con Pinto. El meta sacó el disparo con el pie en el 70 ante un Barça partido, ensimismado en su debacle, en el que ya Busquets, Alves, Xavi y Alba no corrían para recuperar la posición cuando se perdía la pelota. Los fallos en la salida del balón volvían a reproducirse y tan solo el colegiado podía frenar la intensidad colchonera.

El “Tata” terminó de sentenciar la creación entre líneas del Barça modificando el estilo a la desesperada. Pedro entró por un desaparecido Iniesta -"sorprendido" por el cambio- en el 73 con la intención de superar con físico y veloz astucia el apagón de juego de su equipo, aunque, sin espacios, resultaba un movimiento arriesgado por no decir absurdo. La receta del Barcelona era cambiar toque y movilidad por centros al nueve inexistente. Un plan b tan desesperado como improvisado.

Tan solo un fogonazo individual de algún puntal catalán salvaba a un bloque virtuoso constreñido a lanzar centros desde la banda en busca de balones que siempre ganaba la altura colchonera. Con Messi sin movilidad y sus compañeros sin ideas, Alves centró con precisión y Pedro cabeceó un balón que lamió el poste. Acto y seguido, en el 76, Villa -ovacionado en su sacrificio en pos del colectivo- dejaba su plaza al "Cebolla" Rodríguez. Trabajo y veneno a la contra. Las apuestas del Cholo buscaban control y encontraban mordiente. El partido desenmascaraba, al fin, qué equipo tenía la plantilla más corta.

Los cambios aportaron un soplo de energía con inteligencia táctica, físico y calidad para la contra para un Atlético que, ahora sí, disfrutaba ante el suicidio ofensivo de un Barça al ralentí que naufragaba con estrépito.

Agonizó el partido y el vigente campeón de Liga con Busquets empotrado en la frontal del área colchonera para bajar pelotazos, presa de la impotencia del rey destronado que reniega del estilo único, con tarjetas a Alves y Mascherano ante la inteligencia del centro del campo rojiblanco y claras ocasiones para el Atlético para golear al bloque, deshecho, de Martino. Miranda ganó por arriba a Busquets, Raúl García metió en profundidad y Pinto salvó a su equipo en el 89 al tapar un chut tras galopada del "Cebolla" como colofón a la exhibición del Atlético. No queda otra que admitir, como hizo el Tata en sala de prensa, que solo había habido un equipo sobre el césped. Simeone ganó la partida de sobra a su compatriota en el partido y en la preparación de sus “alumnos”. Sin paliativos. Sin fisuras. Cuatro décadas más tarde, los indios vuelven a las semis de la élite del viejo continente. El Atlético es, de momento, uno de los cuatro mejores clubes del mundo. Su techo sigue siendo una incógnita deliciosa.
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