27 de noviembre de 2021, 6:37:00
Nacional

en la fundación Ortega-Marañón


Clausuradas las jornadas de Historia 'La nueva España Borbónica' en la Ortega-Marañón


'La nueva España Borbónica y los comienzos de la centralización' es el enunciado que encierra y centra jornada y media de ponencias a cargo de intelectuales en la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón en homenaje al profesor Miguel Artola. La mesa redonda que abría ha abordado el paso del foralismo al centralismo.


La sede madrileña de la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón ha acogido este viernes la clausura de las jornadas de Historia 'La nueva España Borbónica y los comienzos de la centralización' en homenaje al profesor Miguel Artola.

La tercera y última mesa redonda ha contado con José Ramón Parada como moderador y la conformaban Enric Ucelay da Cal, cuya intervención estaba titulada 'La conmemoración de 1714 en la histiografía catalana'; Demetrio Castro, 'La imagen de los primeros Borbones en la España contemporánea'; Juan Francisco Fuentes, 'Cataluña entre dos guerras 1714-1814'; y Francesc de Carreras, '1714 desde la perspectiva política actual'.

Además, el propio Miguel Artola ha puesto punto y final a las jornadas con la conferencia 'De la monarquía de España al Reino de España e Indias', presentada por Alfredo Pérez de Armiñán.



Las fundaciones Ortega y Gasset-Gregorio Marañón y Alfonso Martín Escudero han organizado unas jornadas de Historia centradas en 'La Nueva España Borbónica y los comienzos de la centralización'; día y medio inaugurado este jueves por José Varela Ortega y José Ramón Parada Vázquez, presidentes de estas instituciones; el primero también moderador de la mesa inicial, compuesta por Luis Ribot, Ricardo García Cárcel, María Victoria López-Cordón y Enrique Orduña y titulada 'Del foralismo al centralismo'.



Varela Ortega ha sostenido que "hablar de la Guerra de Sucesión es hablar más del presente que de otra cosa". García Cárcel, codirector del seminario junto a Antonio Morales Moya, que "la trascendencia de 1714 se ha ido cargando de connotaciones políticas", pero que "no todo vale en la Historia", en la que "la aspiración a la verdad científica" debe abrirse paso "entre tanta manipulación". Ha subrayado que las ponencias que seguirían a sus palabras no estarían "al servicio de cualquier objetivo político ni en contra de ninguna opción ideológica" y que los intervinientes no eran tales por motivo distinto a "sus capacidades y reconocida independencia de criterio". Parada Vázquez, para cerrar el preámbulo, ha hecho una confesión con buena acogida entre los asistentes: "Tengo una ideología: soy centralista riguroso".

Ribot se ha ocupado de exponer "precisiones" acerca de 'La sucesión de Carlos II', concluyendo que durante su reinado, a finales del XVII, "hay una efervescencia política, una necesidad de cambios en la constitución de la monarquía, de una nueva estructura" que dan lugar a que distintos autores escriban tratados de suma lucidez y relevancia. García Cárcel ha "reflexionado" acerca de las "múltiples caras" o "carácter polifacético" de la Guerra de Sucesión. Casi de forma "telegramática", ha reconocido, pues la materia es amplia, ha resumido en cinco los rasgos de esta: fue "internacional" (algo que "olvidamos", ha puntualizado), "nacional", "mediática" (a su parecer, fue la "primera gran guerra mediática"), "religiosa" y "profundamente costosa".



López-Cordón tenía encomendada 'La nueva Planta del Estado: Consejos y Secretarías de Estado', una respuesta a esa citada "necesidad de cambios". Ha descrito la "transformación sustancial y radical" de la Corona en el XVIII, con Felipe V, nieto de Luis XIV, al frente: "Gobierno, administración y política avanzaron al comienzo de la centuria", ha afirmado. Y esos avances "no fueron arbitrarios", sino fruto de un "sistema de acuerdo, de negociación" que se mantendría a lo largo de los años. Por último, Orduña ha abrochado la mesa 'Del foralismo al centralismo' con una explicación de 'La nueva planta de la administración provincial y local', realidad que comienza en 1711 con "una iniciativa francesa que copia un modelo francés" y con "intendentes para todas las provincias", aunque no se conozca con exactitud la "nómina".

Estas y el resto de aportaciones, todas abreviadas para dejar tiempo al debate, han sido plasmadas en papel por sus protagonistas y se espera que pronto conformen un libro precisamente 300 años después de 1714.

'La España del siglo XVIII'
Este jueves por la tarde se ha celebrado la mesa redonda 'La España del siglo XVIII', que ha contado con la intervención de Roberto Blanco Valdés, quien ha hablado del papel del ejército en la Administración borbónica mientras que la ponencia de A. Morales Moya ha versado sobre 'La nación española preconstitucional' y la de Gabriel Tortella, sobre 'La política económica y social borbónica'.

Blanco Valdés ha explicado que en el siglo XVIII, el ejército estaba formado por militares con fuero propio “muy extenso” del que se beneficiaban familias y criados, y con “exenciones muy notables”.

En el Antiguo Régimen, la jurisdicción militar se concebía “como un instrumento de represión política”. La nobleza ocupaba una gran parte de los puestos de un ejército formado por un cuerpo permanente, otro provincial y otro urbano. “Los voluntarios fueron menos de la mitad de las tropas y había mercenarios, aunque componían un séptimo del ejército”. Era, según Blanco Valdés, “un ejército de súbditos que funcionaban por obediencia ciega”.

Fue en la década de los 60 cuando se produjo la reorganización del ejército: “Se creó la secretaría de estado y despacho de guerra, se impuso el reclutamiento obligatorio y se aprobaron las reales ordenanzas”. Además de estas novedades, la creación del Supremo Consejo de Guerra, presidido por el rey, “tuvo un papel esencial”.

Según Blanco Valdés, “había territorios más militarizados que otros”. A medida que se fue profesionalizando el ejército, “hubo una dinámica por la que los civiles fueron adquiriendo un interés que no es el de los mandos militares”.

La dependencia del ejército del rey “hace difícil concebir un aparato armado que funcione de manera autónoma”. Además, los militares eran muchas cosas, “eran al mismo tiempo jueces o tenían funciones económicas y ,muchos de ellos, no tenían ninguna formación militar; no eran profesionales”.

Debido a la ausencia de Antonio Morales Moya, Demetrio Castro ha leído su ponencia dedicada a la nación española preconstitucional. Según el historiador, “la nación no es una comunidad imaginada; es una comunidad evolutiva con múltiples posibilidades de desarrollo”.

Morales Moya explica que en el concepto de nación “subyace una identidad nacional en el sentido de conciencia colectiva”. Así pues, es posible hablar del siglo XVIII “como un bloque y conjunto en el que lo político adquiere relevancia”. Es en ese siglo cuando, a su juicio, “España se reforma convirtiéndose en un país muy distinto”.



Fue en 1739 cuando “los intereses nacionales se impusieron a los intereses dinásticos”, según Morales Moya.

Tortella ha abordado, por su parte, la política económica y social borbónica haciendo referencia en primer lugar al despotismo ilustrado, un “fenómeno europeo continental” que apareció por la caída del absolutismo en Inglaterra. A su parecer, fue un “esfuerzo hermoso por experimental, pero fue un fracaso”.

España a principios del siglo XVIII “estaba hecha un desastre”, aunque algunas zonas marítimas mostraron "algún ligero repunte, como es el caso de Cataluña".

En cuanto a la Hacienda, "suponía un problema" por lo que en época de Felipe V se buscó el equilibrio “creándose un tipo de impuesto directo con una presión fiscal equivalente y según la riqueza del sujeto”.

Las medidas adoptadas en materia comercial fueron un éxito. “El comercio con América se caracterizó por una lenta liberalización, pero que tuvo dos hitos: la relativa ruptura de la caja de contratación y en 1778 la adopción del reglamento de ‘libre comercio’”. Hubo, por tanto, una expansión del comercio español “muy fuerte”.









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