28 de noviembre de 2021, 9:18:58
Opinión


Adolfo Suárez Illana, un ejemplo a seguir

Germán Ubillos


El presidente Adolfo Suárez queda claro que es un ejemplo a seguir por todos los políticos presentes y futuros que manejen las riendas de esta querida España como cantaba Cecilia, él ha sido el artífice del tránsito de la España dictatorial de Franco a la democrática del Rey Juan Carlos, “de ley a ley” como le encargó el segundo a la vista de la incapacidad de Arias Navarro y ante la sorpresa de gran parte de los pesos pesados que le rodeaban por aquel entonces. Pero no es menos cierto que la labor de su hijo mayor, Adolfo Suárez Illana ha obrado el milagro de trasmitirnos con nitidez a todos los españoles la imagen de su padre, con tal amor y con tal veneración, con tal limpieza, que ha sido el artífice de obrar el milagro de que las masas se echaran a la calle el día de su fallecimiento después de once años de absoluto silencio recluido en su chalet como consecuencia de la tremenda enfermedad que estuvo padeciendo durante todos esos largos años.

El ejemplo dado por el hijo de Suárez ha sido tan conmovedor como impactante tanto para todas las jóvenes generaciones como para todos nosotros llenos de pecados, defectos y deficiencias seamos quienes seamos.

Suárez Illana veló con celo todo ese silencio y se encargó de conservar la memoria y los valores que su padre representó para la clase política pero también para nosotros, todos los ciudadanos de a pie, y que son los valores de la familia, de la unidad familiar, de su unidad ante la adversidad como reza la fórmula litúrgica dada al matrimonio por la Iglesia católica, al matrimonio canónico en resumen.

Primero preservando intacto el recuerdo en su corazón pues lo más importante no son los dineros, sino el valor que otorguemos a la familia y a lo que yo llamo ese mundo interior, esa especie de esfera compacta y maciza como la que dio origen al “big-bang” planetario, que debe ser preservada de todas las agresiones del mundo externo porque de ella emana toda actividad creativa que podamos tener y ofrecer a los demás a lo largo de la vida, ese calor que posiblemente no viene de nosotros sino del amor inmenso que hemos ido recibiendo de nuestros padres durante la infancia, la adolescencia y la juventud y que el hijo mayor de los Suárez ha sabido recibir.

Si contemplamos las imágenes anteriores y posteriores al anuncio de su próximo final, a la muerte real, a las exequias fúnebres, a la capilla ardiente de su padre instalada en el Congreso de los Diputados y posteriormente al cortejo fúnebre con los máximos honores, incluidos la presencia conjunta de los tres ex presidentes vivos, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, es un claro ejemplo de que Adolfo Suárez ganó su última y gran batalla después de muerto, como lo hizo el Cid Campeador, pero todo eso repito, se debe también en gran medida a ese otro gran español que se abrazó reiteradamente con el rey y que estuvo a pie firme primero, sin derramar una lágrima dando cientos por no decir miles de brazos que pueden tumbar a cualquiera pero no a él, porque las únicas lágrimas que derramó ese joven de acero, por no llamarle de otra manera, es cuando anunció a los periodistas a la salida de la clínica que su padre se moría, y también en cuantas declaraciones puntuales o coyunturales que se vio obligado a hacer ante distintos medios y en muy contados momentos.

En el entierro en el claustro de la Catedral de Ávila envuelto el féretro en la bandera nacional una vez terminado éste Suárez Illana se arrodilló y besó la lápida, besó la tumba donde reza la inscripción ”la concordia fue posible. Y a la pregunta inmediata Mariano Rajoy que le acompañaba “estarás agotado”, contestó “estoy deshecho, pero estoy contento”.

Ahora Adolfo Suárez Illana ha exigido a la periodista Pilar Urbano la suspensión inmediata de la distribución de su libro sobre la transición por haber usado sin su autorización la fotografía que hizo en julio de 2008 a su padre y al rey paseando juntos por el jardín de su residencia, la fotografía que él mismo tituló “El Rey y Suárez”, que es como decir “Mi padre y el Rey”, con cartas dirigidas a la autora del libro, a José Manuel Lara, presidente de Planeta y al director de relaciones exteriores.

Ese amor a su padre, a ese hombre que reconcilió a todos los españoles, a ese hombre que nos dio la democracia y que posteriormente sufrió el ataque inmisericorde de una oposición brutal, de los miembros de su propio partido, de sus más allegados, la pérdida de la confianza del Rey, y después la muerte de su querida esposa y de su hija mayor, ese hombre sumido durante largos años a decir del psiquiatra Rojas Marcos en la peor de las enfermedades de la mente, ha vuelto a ganarlo todo a los ojos de los hombres que no a los de Dios; y esa última batalla se la debe, se la debemos a la categoría moral y personal, a la resistencia increíble de ese hombre aún joven, delgado, de pelo blanco, tan parecido en lo físico pero sin duda aún más en lo espiritual a su padre que es Adolfo Suárez Illana, el hijo del Presidente.
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