15 de diciembre de 2019, 7:32:49
Opinion


EL AÑO PASADO, 4.354 MANIFESTACIONES EN MADRID

Luis María ANSON


Ya se han alzado, como todos los años, voces de la ultraizquierda clamando porque se supriman las procesiones. Está claro que, se sea católico o no, creyente o no, las procesiones de Semana Santa cuentan en toda España con un formidable respaldo popular. Constituyen una manifestación de fe y satisfacen el derecho de los creyentes a proclamar sus creencias en manifestación pública. Además, no destruyen el patrimonio urbano, no ensucian ni alborotan. Por el contrario, exhiben arte, cultura y tradiciones muchas veces multiseculares.
Vale la pena recordar a los que exigen la supresión de las procesiones que en Madrid, en 2013, se produjeron 4.354 manifestaciones, la mayor parte de las cuales de los sindicatos y de la ultraizquierda. Una parte de ellas se desarrollaron de forma pacífica. Muchas, sin embargo, terminaron en la violencia, el deterioro del mobiliario urbano, la suciedad y el escombro. Al Ayuntamiento esas manifestaciones le cuestan un ojo de la cara, que pagamos entre todos. Las procesiones no le cuestan un euro y suponen una lluvia de dinero para todos por la expectación que despiertan entre los turistas.
Un puñado de procesiones en Madrid durante las vacaciones de Semana Santa. Doce manifestaciones al día todos los días del año hasta sumar esa cifra alarmante de 4.354. El costo de las manifestaciones, aparte los destrozos, es incalculable por el número de horas de trabajo, de retrasos y de esperas que padecen los madrileños, a los que se obliga a soportar una carga ciertamente insoportable.
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