23 de septiembre de 2019, 15:09:21
Economía

Crónica económica


Francia pasa por el aro de la austeridad


Las políticas de austeridad, aunque moderadas o, como en el caso de España, muy moderadas, han sacado del atolladero a varios países. Francia era la excepción. Ya no.


Francia tiene un nuevo Gobierno, y éste ha comenzado la enésima revolución reformista facasada. Es cierto que es pronto para decir que Manuel Valls, que es de quien estamos hablando, ha facasado ya. De hecho, acaba de empezar. Pero echándo la vista hacia atrás, se pueden identificar varios casos de reformistas como Valls que han anunciado recortes y reformas que han acabado en muy poco, y cuyo efecto beneficioso ha sido devorado al poco tiempo por la tendencia del Estado de crecer a costa de la sociedad. Podemos recordar el caso de Eduard Balladur, que iba a darle la vuelta al sistema económico francés, y que acabó en un enorme fracaso. Y de esto hace veinte años.

Pero antes de estudiar las posibilidades que tiene Manuel Valls de salir del destino del fracaso, vamos a ver qué es lo que propone. Francia tiene un enorme peso del Estado sobre la economía. Cuenta con un Estado asistencial muy generoso con quien recibe las transferencias, y muy pesado para quien lo sufraga. Lo sufragan las personas que generan riqueza. Y ese peso socava esa capacidad de generación de riqueza. La economía francesa, tradicionalmente muy productiva, ha soslayado la gran crisis que viene anunciándose desde hace décadas. Pero la gran recesión de comienzos del siglo XXI, que estamos viviendo, parece haber sido lo suficientemente fuerte como para convertir al país, como hemos señalado aquí, en El enfermo económico de Europa..

Está tan enfermo, que hace tiempo que ha ocupado el lugar que antes tenían Grecia o España, el de detonante de una gran crisis económica europea. En el caso de los dos países peninsulares, se ha cortado el cable adecuado y el edificio europeo no ha saltado por los aires. El tercer país mediterráneo lleva una carga mucho mayor, aunque tan letal como la española, y todavía no se sabe si se podrá desactivar, o no.

Por el momento, Manuel Valls ha anunciado un plan para recortar el gasto en 50.000 millones de euros en tres años. No es mucho, pero tampoco es una cantidad despreciable. El Estado asumirá un recorte de 18.000 millones, la administración local 11.000, el sistema de la Seguridad Social otros 11.000 millones, y 10.000 la sanidad. Al respecto de la situación de su país, el político socialista de origen español ha declarado: “Le debemos la verdad a los franceses, no es Europa la que nos impone sus elecciones, pero nuestro gasto público supone el 57% de la producción de riqueza”. Sí, un 57 por ciento de la producción. Es una situación abracadabrante, que hace ver que los 50.000 millones de euros son muy poco más que nada. Y ha añadido: “No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades y debemos romper esa lógica de la deuda que nos tiene atados de manos”.

Para lograr los ahorros, congelará los sueldos de los funcionarios. Hará lo mismo con las pensiones de jubilación. También reducirá el número de funcionarios, con la excepción de la educación, la justicia y la seguridad. Por otro lado, recortará los impuestos al menos a los franceses que menos ingresos generan, en un esfuerzo por reavivar la economía del país.

¿Fracasará Valls? Entramos ya aquí en el terreno de la política; lo hacemos con cuidado. Valls es un hombre tremendamente ambicioso. Ha demostrado, como ministro del Interior, que puede romper los cercos de la ideología de su partido. Si Valls fracasa donde lo hicieron otros, es que el país tiene mal remedio.
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