5 de abril de 2020, 3:53:19
Los Lunes de El Imparcial

RESEÑA


Almudena Grandes: Las tres bodas de Manolita


Almudena Grandes: Las tres bodas de Manolita. Tusquets. Barcelona, 2014. 766 páginas. 22,90 €. Libro electrónico: 13,99 €


Almudena Grandes saltó a la palestra literaria en 1989 con Las edades de Lulú, una novela erótica que obtuvo el XI Premio La Sonrisa Vertical, y fue llevada al cine por Bigas Luna. Aunque este título consiguió notable resonancia, la escritora madrileña se internó después por otras vías. Así, planteó su siguiente novela, Te llamaré Viernes (1991), como una sugerente relectura de Robinson Crusoe, donde se cruzan soledades en un Madrid quizá más hostil que la isla en la que naufragó el personaje de Defoe. Posteriormente fue dando a la imprenta, entre otras obras, las novelas Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana, junto a las recopilaciones de relatos Modelos de mujer y Estaciones de paso. Con ellas, Almudena Grandes se consolidó como una firme voz narrativa, con un gran número de lectores, que también la siguen en sus colaboraciones periodísticas, algunas de las cuales reunió en Mercado de Barceló.

Aunque esas novelas y cuentos se ambientaban en nuestros días, en algún caso la trama se enlazaba con la reciente historia española -la Guerra Civil y sus consecuencias- como, especialmente, en El corazón helado. De esta forma, según ha señalado la propia autora, al documentarse para esta novela, se fue gestando un proyecto, sin duda enormemente ambicioso, que, inspirado en los Episodios Nacionales galdosianos, llevaría por título general Episodios de una Guerra Interminable. Su propósito se cifraba en recuperar y novelar diversos episodios de la lucha antifranquista en la postguerra. El ciclo, que puede leerse de manera independiente, aunque contenga algún personaje común, se inició en 2010 con Inés y la alegría, y continúo en 2012 con El lector de Julio Verne, reseñado por Jorge Pato García en este mismo suplemento. Ahora llega a su tercera entrega con Las tres bodas de Manolita, y está previsto que prosiga con Los pacientes del doctor García, La madre de Frankenstein y Mariano en el Bidasoa.

En esta magna empresa se mezcla historia y ficción, personajes reales e imaginarios, en narraciones de más de 700 páginas donde no se ahorran detalles ni subtramas en un fresco monumental. Si Inés y la alegría se centraba en la toma, fracasada, del valle de Arán por parte de guerrilleros comunistas en 1994, y El lector de Julio Verne se ocupaba de los maquis en la sierra de Jaén entre 1947 y 1949, Las tres bodas de Manolita nos sumerge en el Madrid de los años cuarenta y cincuenta, con las cárceles llenas de represaliados por el régimen, cercado por la miseria y con delaciones a la orden del día. En este contexto, se nos cuenta la historia y evolución de la joven Manolita, que pasará de ser “la señorita del Conmigo No Contéis”, sin querer implicarse en la resistencia -bastante tiene con sacar adelante a sus hermanos, ya que su padre y su madrasta están en prisión-, a tomar conciencia de la importancia de la resistencia. El desencadenante lo propicia su hermano Antonio, escondido en un tablao flamenco, que le propone que visite a un preso, el único que sabe cómo funciona una multicopista que les permitiría imprimir, y luego difundir, pasquines contra la dictadura. Manolita es la persona adecuada para ello a través de una “boda” con ese preso, pues Almudena Grandes recrea el según parece hecho de las “bodas” de la cárcel madrileña de Porlier, donde su capellán montó un lucrativo negocio mediante unos singulares “vis a vis” de los encarcelados.

La novela se estructura en “Un principio: El caso de las máquinas inútiles” y cuatro partes tituladas, que se reparten en varias capítulos con dos tipos de narrador: la propia Manolita es la narradora de su peripecia en los impares, mientras que en los pares hay un narrador omnisciente. Así, junto a Manolita, conocemos otras historias y a otros personajes -son numerosos los que pueblan las páginas de la novela, en la que al final se incluye una lista de ellos-, como Isabel Perales, persona real a quien Almudena Grandes conoció en un concierto-homenaje a los republicanos españoles, y que -según confiesa al final del libro en “La historia de Manolita. Nota de la autora”- le descubrió “a los niños esclavos del franquismo” en un testimonio personal: “Tenía catorce años cuando el decreto de 23 de noviembre de 1940 permitió a su madrastra, presa en Ventas, solicitar para ella y para su hermana Pilar dos plazas en el colegio bilbaíno de Zabalbide, propiedad de la orden religiosa de los Ángeles Custodios. Todavía tiene las manos deformadas por la sosa con que lavó durante años en aquel centro al que había acudido con la ilusión de aprender a leer y escribir. En la España de la posguerra, los hijos de los presos -las niñas de Zabaldide al menos- estaban sometidos a un régimen de trabajos forzados para redimir las penas de sus padres, el pecado original de ser hijos de rojos”. También al “Orejas”, inspirado en la figura real del comisario Roberto Conesa, encargado de la represión política en la postguerra, o al aristócrata y escritor anarquista Antonio de Hoyos y Vinent -que murió precisamente en la cárcel de Porlier-, que aparece con su nombre auténtico.

A Almudena Grandes no se le puede negar pericia narrativa -aunque quizá no estaría de más en algún caso una cierta contención en la acumulación y selección de materiales-, ni el deseo de revestir sus Episodios de una guerra interminable de aliento épico. No obstante, parafraseando a André Gide, podría decirse que la gran literatura casa mal con el criterio de literatura militante y concienciación política que la escritora madrileña despliega en su ciclo con un título genérico que parece indicar que la guerra, o sus consecuencias, todavía hoy están presentes -como si la Transición fuera papel mojado-, y es preciso volver a un periodo, el republicano, anterior a la contienda fratricida, que se idealiza en extremo. Una literatura militante que se ve atrapada en un ¿inevitable? maniqueísmo al eludir las enormes complejidades del corazón y los comportamientos humanos y se mece en un regusto hagiográfico que pretende más aleccionar que abrir interrogantes, proponer modelos de personajes prácticamente de una pieza, sin las fisuras y contradicciones que encierran el ser humano, la sociedad y toda etapa histórica. Y que la literatura más excelsa nos descubre.

Por Carmen R. Santos
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