22 de septiembre de 2021, 13:38:33
Opinión


Rusia avanza con su guión para Ucrania



El conflicto en Ucrania ha entrado en una nueva fase conforme se ha superado el umbral de civiles enfrentados a la fuerza pública y se ha iniciado una escalada propiamente bélica. Las autoridades de Kiev han lanzado una ofensiva para recuperar las ciudades sublevadas en el este del país, incluyendo blindados y apoyo aéreo. Las milicias secesionistas han respondido con una eficacia militar que solo puede estar orquestada desde el Kremlin. En los combates han entrado en juego, por primera vez en ambos bandos, armas pesadas. Helicópteros del Gobierno en las operaciones para recuperar Slaviansk han sido abatidos con proyectiles de lanzaderas antimisiles cuyo manejo y tecnología únicamente es accesible a militares profesionales a las órdenes de Moscú.

Todo ello supone un salto cualitativo que avanza hacia una guerra civil a las puertas de la Unión Europea (UE), y al mismo tiempo no implica ningún ingrediente nuevo en el plan lanzado por Vladimir Putin en su política imperialista. Fue un error tratar a la actual Rusia como si fuera una democracia occidental respetuosa con los tratados internacionales y no prevenir los brutales chantajes que es capaz de llevar a cabo, amenazando a toda la UE con el corte de suministro de energía a través de sus gaseoductos. Una grave equivocación la de no construir un plan B, ni prever medios para responder a un reto de esta envergadura. Habría sido una gran ingenuidad pensar que el poder ruso no intervendría en Ucrania si los ciudadanos se sublevaban contra la corrupta oligarquía que ponía el país al servicio del Kremlin. Sería de una candidez incomprensible que las cancillerías occidentales creyeran que Putin se contentaría con la pura y simple anexión de Crimea. Es de una inocencia muy torpe pensar que su objetivo último es crear cantones independientes en las regiones prorrusas de la Ucrania oriental, fase en la que ahora estamos. Sin duda, esa cantonalización se realizará sí o sí. Bien organizando y armando a milicianos prorrusos, cuya determinación se acaba de comprobar, o bien mediante una intervención directa del ejército que aguarda a pocos kilómetros de la frontera con el pretexto de proteger a la población prorrusa si las milicias se ven desbordadas, con las mismas consecuencias del aplastamiento de Georgia.

Más candoroso sería considerar, en vista del encadenamiento de los sucesos, que la pretensión rusa se conformará con controlar el este de Ucrania. Resulta obvio que su meta final, una vez en sus manos el este, es desestabilizar Kiev e imponer de nuevo su poder político en la totalidad de la nación. Algo que podrá realizar sin grandes costes mientras tengan enfrente a un dubitativo Estados Unidos y a una impotente Europa cuya réplica de cara a la galería no ha sido más que unas inocuas sanciones económicas que, en el fondo, no van más allá de ser simple papel mojado. Estados Unidos no actuará en el campo estratégico que perteneciese a la antigua Unión Soviética. Es Europa la que debe tomar serias medidas ante esta amenazante llamada de atención. La opinión pública europea y sus Gobiernos han de tomarse mucho más en serio sus políticas de seguridad y disuasión. Después será tarde para superar su condición de rehén.
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