26 de enero de 2020, 16:47:38
Opinion


Elecciones Europeas: Vox y voto

Ignacio Fernández Candela


¿En qué disposición están los ciudadanos para retornar a las urnas con la sensación de que ejercen su derecho a la libertad a través del voto, en vez de sentir que se les usa para no cumplir un programa electoral y aherrojarlos aún más? ¿En qué tesitura creen encontrarse los políticos para pedir ninguna deprecación, acaso en la inconsciencia del incumplimiento reiterado de promesas de campaña? Existe un desencuentro social que no aprecian en el PP, inmersos en esa gran burbuja de las prebendas que los condiciona hacia el totalitarismo, olvidando que si se sientan en la poltrona del poder es por el préstamo de una confianza que han de devolver con obras.

Lo mejor del PP está en sus bases, no así en los dirigentes. Rajoy es increíble, desgraciadamente. No convence por incumplidor reiterado de palabra, por pronunciar solemnemente promesas baladíes y por haber gastado la paciencia con un pueblo escarmentado al que se vuelve a pedir que cometa el mismo error. En política existe un mecanismo personal de autodefensa consistente en borrar las promesas durante el gobierno y volver a formularlas en vísperas de elecciones con una capacidad para la reiniciación rayana en la indecencia.

¿Con qué pudor elemental pueden algunos presentarse a comicios después de romper con descaro toda promesa electoral? En todos estos años de precaria democracia al menos se habían disimulado las intenciones pretendiendo satisfacer las demandas de los votantes hasta que, primero paulatinamente debilitadas, las reglas de fidelidad al electorado se quebraron definitivamente. El papel del Partido Popular ha sido todo lo desafortunado que nadie podía imaginar cuando tantos desfilaron ante las urnas para ser engañados, convirtiendo la intención del voto en la justificación para montar y desmontar al antojo de arbitrios ciertamente incomprensibles. Ahora llega el momento de hacérselo saber a los ensoberbecidos candidatos que no han escuchado.

El bipartidismo aconsejable para el equilibrio constitucional se ha transformado en un enquistado mal que ha provocado la creación de partidos satélites dispuestos a satisfacer las demandas que ni el Partido Popular ni el PSOE han resuelto. Eso sí, es harto injusto comparar el Gobierno de Rajoy con el siniestro zapaterismo que nos abocó a una ruina institucional y económica sin precedentes. Conveniente es recordar que fue después de una matanza, a la que ni Reinares ni acólitos del sectarismo más recalcitrante van a dar carpetazo, siendo mayores las sospechas de millones de españoles sobre la intencionalidad golpista. Padecido el resultado del oscurantismo, con un país desestabilizado muy a propósito de un plan radical evidente que no idearon unos moros, el recelo es pura certeza. Sí, injusto sería el agravio comparativo de lo criminal con la desidia de Rajoy al frente de una herencia pútrida dejada por Zapatero y sus muchos secuaces, pero este Gobierno ha dañado el respeto al ciudadano dirigiéndose diametralmente contrario a la exposición de un programa electoral.

El Partido Popular ha gobernado durante dos años a espaldas del propio electorado y eso no creo que se vaya a perdonar en las próximas Elecciones Europeas. Mucho me temo que el hartazgo de la ciudadanía se traduzca en una abstención proporcional a la indignación acumulada. Las reformas económicas no han corroborado el entusiasmo fácil que propalaban los populares después de aniquilar el zapaterismo la esperanza de todo un país. Se ha gobernado con el efectismo ilusorio de la gabela per se, cargando el peso específico de las soluciones sobre el doblegado espinazo impositivo sin límites. Institucionalmente nos vemos abocados a una deriva de inacción ante el secesionismo que crea incertidumbres, acaso aún más peligrosas que la propia crisis económica. No, no habrá confianza que valga y se demostrará con una sangría de votos que el Partido Popular no interpretará como descontento, conformándose con ganar por la mínima.

El mayor dislate fue condescender con criminales y esconder la mano después de lanzar la piedra judicial que vulneró a la esforzada sociedad española, testigo de tantos exabruptos. No serán pocos los que echarán en cara la amnistía encubierta de criminales contra los derechos de sus víctimas. Las cuentas pendientes del votante siempre se acaban pagando pero no se darán por aludidos si ganan. Conseguido el propósito electoral seguirán equivocándose y dentro de dos años la debacle será, si no se reorienta la política popular, inevitable.

En condiciones normales el bipartidismo sería un beneficio democrático pero en España se ha convertido en un cáncer por la cualificación moral inexistente del socialismo y la izquierda radical, así como por la ensoberbecida actuación de un liberalismo proclive al criterio dictatorial basado en la explotación fiscal del ciudadano y la mordaza de la queja. Gobernar a golpe de multas e impuestos, escandalosos silenciamientos y exabruptos jurídicos-a nadie se le escapa la politización de la Justicia-, es señal inequívoca de estar ante un equipo de gobierno incapacitado para tomar medidas concluyentes con el fin de erradicar la crisis económica e institucional mediante estrategias y fórmulas fehacientes sin acosar al siempre sufrido pueblo con voto pero sin voz.

La alternativa moral del electorado parece dirigirse hacia esos partidos satélites surgidos del descontento. Pero en la situación actual la escisión ideológica favorece a las alimañas que están al acecho para retomar esa órbita desintegradora que está en estado latente, a la espera de usar el pretexto electoral para convertir España en una república bananera.

Difícil papel se nos avecina a los españoles decentes, obligados a ejercer un derecho a voto que ya nos han demostrado los políticos ser la cuchilla afilada del conformismo que caerá sobre nuestros cuellos. Nunca lo habían puesto tan difícil esos pocos que requieren el voto para destrozar la vida de la mayoría. Algo nos dejamos en el tintero de nuestro bagaje democrático para crear esas dependencias de nuestros ejecutores pero, puestos a elegir los menos perjudiciales, son preferibles estos ensoberbecidos, los abonados a la mediocridad perpetua, que otros maleantes carentes de conciencia y que son capaces de los mayores destrozos asegurándose la impunidad de lo criminal con el acostumbrado sectarismo jurídico que les encubre desde la expropiación de Rumasa hasta el 11-M.

Como este país carece de memoria constructiva y es fanática de las tendencias a la memoria histórica de las conveniencias, probablemente será en el futuro que otra generación de desavisados ejerza derecho al voto para suicidarse criminalizando a inocentes; en cuarenta años hemos demostrado que el cáncer de la estupidez no sólo no se cura sino que metastatiza mediante sufragio universal. Acaso será ya inevitable. A este paso España quedará en estado terminal pero puede pensarse que votando a los populares se ganaría el tiempo suficiente para haber disfrutado de la ilusión de la supervivencia.

En mal destino nos ha abismado esta casta política de impresentables que nos presentan la mejor de las sonrisas para hendir más profundo todavía el puñal de la traición que ni unos ni otros ya se molestan en disimular. Mal e impotente destino que, visto el percal, ni las urnas nos evitarán a medio o, alivio sería, largo plazo... La abstención favorecería a la carroña que espera una oportunidad para terminar lo empezado. Mal asunto quedarse en casa.

Claro que aún hay alternativas que son más que un satélite aislado en el espacio electoral. En estos comicios por Europa se presenta de candidato un auténtico héroe nacional muy bien acompañado de Alejo Vidal Quadras, Santiago Abascal y Cristina Seguí. Resulta significativo que desde el PP arremetan contra José Antonio Ortega Lara, el único y emblemático ciudadano que puede restregar por experiencia el caro precio de la lucha por la libertad verdadera. Cualquier vilipendio de sus cobardes detractores es una honra para él. Me convence.

De la semilla más pequeña surge el árbol más grande donde anidan las aves del cielo; es pues ocasión de sembrar. VOX fluye pujante y a buen seguro que si venzo la resignación durante la campaña, mi decisión será para un partido regeneracionista que pide pronta oportunidad estas europeas como rampa de lanzamiento a ulteriores conquistas democráticas. Despídete de mi voto, increíble Rajoy.
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