27 de septiembre de 2021, 18:29:10
Opinión


¿Por qué va a ganar el PP las elecciones?

Joaquín Vila


Como reflejan todas las encuestas, el PP ganará el próximo día 25 las elecciones europeas en España. Aún más: cada día los sondeos amplían la diferencia entre los dos grandes partidos. El último, publicado por El Mundo, le otorga ya 6, 5 puntos de diferencia.

Las razones de esa presunta victoria, pues las encuestas no siempre aciertan, obedecen a varios factores. En primer lugar, la diferencia entre los dos candidatos es abismal. Arias Cañete se presenta como un experto en Europa, un hombre serio, trabajador, con un amplio y exitoso currículum político, afable, con aspecto de bonachón. Y pese a caer en la vorágine de los mítines en la trampa de responder a los insultos de los socialistas, cada día se centra más en explicar a los españoles los planes europeos de su candidatura y su afán por defender los intereses de España.

Elena Valenciano no pasa de ser un capricho de Rubalcaba. La agresividad y malos modos, la obsesión por atacar al PP como único argumento, la exagerada demagogia y el endeble currículum político la ponen en evidencia y se percibe en sus torpes intervenciones. En su paso por la Eurocámara, además, se llevó el vergonzante trofeo al parlamentario español que más se escaqueaba. Apenas asistió al 30 por ciento de los Plenos. La mala fama la trasciende. Y las hemerotecas dejan al descubierto esa pereza política y esa falta de preparación.

Otro factor a tener en cuenta radica en la famosa herencia socialista, que por mucho que intenten superar o disimular los socialistas, sigue siendo un lastre. El Gobierno de Zapatero, el peor de la democracia, dejó a España arruinada y en ridículo ante el resto del mundo. Rajoy, pese a todo, ha puesto a nuestra nación en el camino de la recuperación al reducir, aunque con cuentagotas, el paro e insuflar optimismo en el mundo económico nacional e internacional. Las medidas del Gobierno, aunque dolorosas, parece ser que empiezan a dar frutos.

Y el tercer factor para esa probable victoria del PP obedece a que los partiditos de nuevo cuño que, pese a arrebatar un buen puñado de apoyos a Arias Cañete y a Elena Valenciano, parecen desinflarse. La mayoría de ellos no logrará ni un escaño. El voto útil suele funcionar a la hora de depositar la papeleta electoral. Incluso UPyD y la Izquierda Plural comienzan a perder terreno, lo que beneficia tanto al PP como al PSOE, por lo que el bipartidismo, aunque ceda mucho terreno, no se derrumbará del todo.

Sin duda, la desafección de los españoles a la clase política y la escasa importancia que el electorado otorga a las elecciones europeas contribuirán a que la abstención crezca, más aún que en otras citas con las urnas. Pero, al final, lo único que cuenta es el resultado: siempre habrá un vencedor y un vencido. Las encuestas y la abstención se olvidan. Y el partido ganador, por la diferencia que sea, celebrará el triunfo por todo lo alto y el perdedor será humillado. Como dirían los futboleros, hay que ganar aunque sea de penalti injusto en el último minuto.

Rajoy, menos, y Rubalcaba, más, se la juegan. Y una derrota humillante de los socialistas puede producir que la crisis que ya padecen se agrande y no quede títere con cabeza en el partido. Aún quedan 15 días para la final y si el PSOE percibe una clara derrota podría, como ha hecho tantas veces, emplear todas las artimañas, el juego sucio para enderezar la situación. Baste recordar cómo Zapatero llegó a La Moncloa, con Rubalcaba agitando a las masas desde la sombra, donde el líder del PSOE se mueve como pez en el agua. La guerra no ha hecho más que empezar. Que Arias Cañete se prepare, pues será insultado sin escrúpulos, con demagogia y, probablemente, con falsas acusaciones. Toda una batalla sin cuartel.
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