29 de enero de 2020, 10:50:15
Opinion


Las mujeres y Arias Cañete

Francisco Delgado-Iribarren


Las mujeres primero, don Miguel. Se lo escribo en el título para que ya no olvide esta regla elemental que le habría ahorrado a usted el trompicón del pasado viernes. En esta misma columna satirizaba yo, justo hace una semana, la revelación de Elena Valenciano: el anuncio de su particularísima trinidad formada por las personas de Jesucristo, el Che Guevara y Felipe González. Como ni PP ni PSOE me financian, y además debo honor al nombre del periódico que me publica, El Imparcial, esta semana aquí me tiene, criticando sus desafortunadas declaraciones.

En la mítica película La vida es bella, de Roberto Benigni, el protagonista Guido juega a las adivinanzas con un médico nazi. En una de ellas se plantea este interrogante: “Si lo nombras, desaparece”. Y la solución es: “El silencio”. Algo parecido pasa con la “superioridad intelectual” que usted mencionaba en Espejo público. Si la mentas, desaparece. O al menos queda oculta por los nubarrones durante un estimable lapso de tiempo. Las palabras de usted fueron, además, innecesarias: para señalar superioridades intelectuales ya estamos los periodistas de todo pelaje (editorialistas, columnistas, tertulianos), ya están los compañeros de partido, ya están los incondicionales, la familia y los amigos. Pero claro, que lo diga uno de sí mismo, queda feo.

Le confieso que el debate me pareció extraño, enrarecido, encorsetado, sosete. Se le veía a usted nervioso, incómodo a ratos, y su contricante fue de menos a más, ganándole confianza. Dicen que Pedro Arriola, el gurú de La Moncloa, no le dejó a usted ser usted mismo: que le pidió dejar la espontaneidad, la llaneza, el humor y la brillantez en casa, y le indujo a una representación sobria, seria, conservadora, sin riesgos. Para mí que el resultado de la partida fue tablas. Unas tablas implícitamente pactadas que servían a ambos candidatos para lanzar guiños a su electorado. Imagino lo que sucedió después. Como a los españoles nos encanta opinar, le lloverían mensajes por todos los canales: que cómo puedes empatar con Valenciano, si tú juegas con blancas. Que tenías muchas ventajas: tu mayor experiencia en la Unión Europea, las encuestas favorables, los datos económicos… Y entonces, usted, picado, confundido y herido en su orgullo, salió a justificarse a la mañana siguiente y metió la pierna hasta la ingle.

A partir de ahí el debate lo ganó Valenciano. Usted le sirvió la victoria en bandeja de plata y ella se la apuntó: “Dice que me dejó ganar porque soy mujer”. Y, con su habitual demagogia, la socialista sacó su rabia para enemistar al candidato popular con todas las mujeres, que son más de la mitad de los electores: “Si gana Cañete, perdemos las mujeres”. Todas las palabras de la noche anterior quedaban en el olvido. Todo el debate post-debate giraba ya alrededor de una sola frase, dicha fuera de tiempo, cuando el árbitro ya había pitado el final. Es lo que quería Valenciano: sacarle de sus casillas y hacerle incurrir en un error. Pero ni Valenciano hubiera soñado semejante error, que conducía toda la atención mediática a su terreno: el machismo contra el feminismo. Hay que tener en cuenta que la candidata socialista ha participado en varias iniciativas europeas para la igualdad entre hombres y mujeres y contra la trata y explotación sexual de mujeres. Con eso, con su defensa acérrima de lo que llama “derecho” al aborto y dos o tres cosas más, Elena Valenciano se ha investido a sí misma doctora honoris causa en feminismo. Con birrete violeta.

Decía usted en el mismo Espejo público de su desdicha: “No me siento cómodo con ningún tuit, me dan mucho miedo todos”. Y no le faltaba razón, porque posiblemente presentía lo que se le venía encima. El hashtag, es decir, la etiqueta #HomoCañetus se convirtió en trending topic, es decir, en el tema más comentado. Jordi Évole, el salvador o acaso el profeta de La Sexta, se permitió tuitear que “el #HomoCañetus ya fue candidato en las elecciones municipales de Atapuerca”, con 3.603 retuits y 1.296 favoritos al cierre de esta columna. Imagínese, el cachondeo padre. Mejor dicho, el escarnio, porque le han llamado de todo. En la época de las redes sociales conviene medir el impacto potencial de estas frases, y más aún en campaña electoral. Los periódicos de tendencia progresista, entre ellos El País, que es el más leído de España –aunque cada vez menos leído- se ceban con usted y cuatro días más tarde siguen distinguiéndole en los titulares de portada con la polémica de su presunto machismo. Es el linchamiento que no cesa, el crimen nacional español.

Fíjese si la frase ha motivado al PSOE que este partido ha decidido hacer de ella el eje de lo que queda de su campaña. Proclamas, consignas, vídeos, tuits, manifiestos… Los socialistas, cuando se ponen con estas cosas, son muy exagerados y escandalosos. Por el otro lado, en su defensa han salido sus buenos amigos y compañeros de partido, léase Isabel García Tejerina, por quien usted intercedió para que se convirtiera en ministra de Agricultura. Un buen gesto público de ella, porque es de bien nacidos ser agradecidos. También Mariano Rajoy le ha elogiado en público y Esteban González Pons trajo a colación en el debate a seis una cartulina con el más famoso tuit de Elena Valenciano: “Habéis visto un tío más feo que Ribery???” Es el tuit que demuestra que el feminismo también puede hacer daño y por el que la socialista ya pidió disculpas al accidentado futbolista francés.

Mientras tengamos un artículo 14 de la Constitución, que prohíbe discriminar por razón de sexo, lo mejor para los políticos es no meterse en este tipo de charcos y jardines si no van a saber salir airosos. En estos delicados temas cualquier cosa que digas puede ser utilizada en tu contra. Y los enemigos, si te pueden entender mal, te van a entender mal. El PP debe aprender de este error estratégico y esperar que el patinazo no le cueste muchos votos. Personalmente considero que si un hombre quiere ser incisivo en un debate con una mujer, es mejor que lo sea, porque en eso consiste el reconocimiento de la igualdad.
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