15 de diciembre de 2019, 20:42:16
Opinion


LA VÍA DE LA REFORMA CONSTITUCIONAL

Luis María ANSON


Mariano Rajoy lo ha dicho con claridad: “Hay una puerta abierta para aquellos que no están conformes con el actual estado de cosas: iniciar los trámites para una reforma de la Constitución”. España es un país libre y, por mucho que se discrepe de los soberanistas catalanes, nada habría que reprochar legalmente a los que propugnan la secesión de Cataluña si acatan la Constitución y se someten a lo que en el texto de la Carta Magna se especifica.

El Gobierno no ha sabido difundir de manera eficaz el contenido del artículo 168 de la Constitución. Para reformar nuestra Carta Magna en sus aspectos sustanciales, quien proponga esa reforma deberá obtener los dos tercios de los votos del Congreso y a continuación la misma proporción en el Senado. Después se procederá de forma inmediata a convocar elecciones generales y la propuesta reformista deberá ser aprobada por los dos tercios del nuevo Congreso y del nuevo Senado. A continuación se celebrará referéndum nacional para que decida definitivamente el pueblo español. Los catalanes ejercerían así su derecho a decidir junto al resto de los españoles.

Parece claro que la secesión de Cataluña sería rechazada en el primer envite en el Congreso de los Diputados, como ocurrió con el Plan Ibarreche. En cambio, los dos grandes partidos podrían ponerse de acuerdo para impulsar una reforma constitucional razonable que incorpore al sistema a las nuevas generaciones. A la vez, se podría establecer para Cataluña una fórmula que hiciera posible su continuidad en el conjunto de España sin traumas ni violencias.
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