12 de diciembre de 2019, 18:11:05
Opinion


EL REY ANTE ARTURO MAS

Luis María ANSON


No era fácil el envite. El Rey se enfrentaba en el campo de Arturo Mas con el presidente de la Generalidad y debía pronunciar un discurso. Hubo consejos de altura para que soslayara el asunto vidrioso del desafío secesionista.

Juan Carlos I es, constitucionalmente, garantía de la unidad de España, además de estar al frente de los Ejércitos como capitán general. No quiso eludir el tema de la discordia y cogió el toro por los cuernos. Delante de un contrito Arturo Mas, instó al cumplimiento de la Constitución. Su mensaje a los jueces que tomaban posesión fue nítido y contundente. No podía ser de otra manera.

El Rey ha hecho lo que debía hacer. Con moderación, con prudencia, sin estridencias ni debilidades, respaldó la Constitución y exigió a todos que se acatara la Carta Magna. Arturo Mas calló después de la intervención real y decidió no replicar a ella en los medios de comunicación. Un buen síntoma. Al Monarca le corresponde constitucionalmente el arbitraje y la moderación entre instituciones. Consiguió en su día que no prendiera fuego el roce de pedernales entre el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional. Ahora ha sido especialmente explícito. Nada fuera de la Constitución. La Carta Magna es el terreno común de juego y debe ser respetada por todos. Cualquier operación secesionista debe acatar el procedimiento establecido en el texto constitucional conforme al artículo 168. Acertó, en fin, el Rey al hablar y acertó Arturo Mas, al callar.
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