10 de diciembre de 2019, 18:25:56
Deportes

ramos empató en el descuento y dominaron en la prórroga hasta el 4-1 final


El Madrid conquista la "Décima" en una final para la historia contra un Atlético de Madrid memorable

Diego García

Un gol de Ramos en el 93 dejó al Atlético de Madrid a dos minutos de cantar la victoria en la final de la Liga de Campeones que se disputa en Lisboa. El equipo rojiblanco se adelantó en la primera mitad pero se vio doblegado con claridad en la prórroga. Los goles de Bale, Marcelo y Ronaldo cerraron el 4-1 definitivo que corona a los madridistas y al fútbol español, protagonista de un hito deportivo sin parangón en lo que a balompié se refiere. Por Diego García. Enviado especial en el Estadio Da luz (Lisboa).



Madrid amaneció en Lisboa. El fútbol capitalino contaba este sábado con la posibilidad de degustar un hito reservado solo a esta final histórica. Un evento pionero, nunca visto antes en este deporte, con protagonismo de los enemigos íntimos que desembarcaron en el epicentro del balompié internacional en esta edición de la Liga de Campeones como el pueblo que arriba, tras una larga travesía, a la tierra prometida. Con la "Primera" o la "Décima" como santo grial para alojarse, al fin, en el nirvana, Real Madrid y Atlético llegaron al esplendoroso coliseo Da Luz sabedores del ambiente único que emanaba la ciudad lisboeta, cubierta por un manto merengue y colchonero que cubría, sin fisuras, desde la turística Plaza del Comercio hasta cada rincón de oxígeno disponible en los atestados vagones de metro que conectan con el colosseo luso. Sin tiempo para el reposo, la ciudad que se convertiría de manera irremediable en la Meca de los acólitos del Manzanares o de Chamartín, respiraba fiesta, hambre de gloria y cantinelas en cada esquina. "Ganará el que sepa sustraerse mejor del entorno", diagnosticaba el "Cholo" en la previa de la final, si es que esta posibilidad no resultara utópica en esta, hoy, castiza ciudad portuguesa.

Toda vez que el bullicio del exterior del estadio quedó reducido a rumores en los pasillos de las entrañas del recinto, los vientos de revolución contagiaron a hinchas y medios acreditados hasta que se confirmó la modificación del guión de ambos entrenadores. Unos minutos antes de que la cuenta regresiva llegara a los últimos 60 minutos antes del pitido inicial se hizo público el escorzo de los técnicos: Arda Turan se caía de la convocatoria al mismo tiempo que Casemiro por el lado madridista. Problemas físicos y decisión técnica mediante, Simeone y Ancelotti apostaron por repetir el esquema primitivo con las variaciones propias de la tesitura: el Atlético saldría con Costa (quién encuentra razonable reservar el físico en un día semejante) y Villa en punta, Raúl García y Koke entre líneas y apostados en las ayudas a sus laterales para frenar a Ronaldo, Bale y Di María, y Tiago volvía a arrebatar el lugar a Mario; el Madrid, por su parte, confirmó la presencia de Benzema en la lista de elegidos, algo que parecía improbable en los instantes previos al choque, situación que obligaba a "Carletto" a apostar por un peón de cierre, físico y que guarde la cara en el juego aéreo colchonero. Illarra e Isco salieron de la alineación con la inclusión de Karim en punta y Sammi Khedira, recuperado para la ocasión -solo el transcurso de los minutos juzgaría la validez de la frenética rehabilitación-. Varane entraba en liza por Pepe, relegado al banquillo ante los posibles cambios de escenario.

Así pues, con la ya consabida batalla de variantes tácticas, coqueteos iniciales con la presión y dobleces estratégicas de ambos contendientes, arrancó la histórica final madrileña de Lisboa. Con Khedira fijo en la medular de contención, Modric y Di María relacionándose con Benzema, Bale y Ronaldo se cumplieron los primeros cinco minutos de respeto, imprecisiones colchoneras y tensión. El Atlético solo trababa los avances combinativos madridistas con faltas y el extremos galés no llegó al mano a mano con Courtois por poco. Di María caía a banda con la posesión y se cerraba como interior en el repliegue. Demasiado temor al fallo en los primeros estertores de final. Mucho en juego, riesgos controlados. Se asomaba alguna sospecha sobre el estado de Costa. El brasileño frenaba la presión de los suyos sobre la salida de balón merengue al no continuar con la intensidad acostumbrada.

Y en el 8 estalló el bombazo: Diego Costa caminaba con la parsimonia que granjea la tristeza hacia la banda. Le esperaba Adrián y el cuarto árbitro. Se sabía fuera del partido. En el calentamiento había forzado para ejecutar los sprints de rigor. Pero no quedaba ya alivio. El remedio de la curandera serbia se había volatilizado. Simeone debía representar, de nuevo, la épica: se reproducía el escenario del Camp Nou, sin sus líderes ofensivos. El más difícil todavía para cerrar una temporada mítica con aires, a estas alturas, de narración bíblica. De este modo, a partir del 10 de encuentro arrancaba la final de nuevo. Con Adrián pegado a banda y el Atlético reaccionando con garra y orden a la escabechina del destino. El Madrid había cedido el mando. De hecho, Raúl García ejecuto el primer chut del partido. Muy desviado. Poco fútbol y tensión increscendo.

El tempo de juego lo marcaba el Atlético, dispuesto a anestesiar al rival. Resultaba contradictorio, pero el Madrid exhibía cierta relajación en la marca, individualizado en Di María, que no ayudaba a Coentrao como mandaba la hoja de ruta. El tridente, por ende, tampoco cerraba su posición en la presión, y el equipo de Ancelotti esbozaba una ruptura de líneas sorprendente y peligrosa en proporciones similares. Por contra, los merengues trataban de reagruparse y crecer con la posesión del balón, ya que los colchoneros no terminaban de llegar a bascular correctamente. Un lanzamiento de falta lateral de Modric a las manos de Courtois resumía el bagaje de peligro creado por los que este sábado ejercían como equipo local en los primeros 20 minutos. Pero los merengues seguían evitando el desgaste físico sin balón. La primera acción puntiaguda madridista legó en una contra conducida por Di María que Raúl García sentenció con una falta castigada con amarilla, si bien pudo ser sancionada con la máxima pena para el navarro. Ronaldo ejecuto el lanzamiento subsiguiente a las manos del belga. Se vislumbraba ya la primera media hora con el momento más tranquilo del Madrid, aunque no generaba oportunidades de peligro.



Pero de un fallo nación la mejor opción merengue del primer tiempo. Tiago, en la salida de balón memorizada, cambió de banda sin percibir la presencia de Bale, que robó, obvió el desmarque de Ronaldo en un 3 para 2, llegó al área y lanzó pegado al poste colchonero desde el punto de penatli. Un fogonazo que metía el miedo en el cuerpo a los colchoneros. Si bien no sufrían y mantenían su orden y equilibrio con firmeza, sabían que cada error podía ser definitivo. Bale avisó a las claras aumentando el nivel de exigencia en el 33 de juego.


Sin embargo, en el fútbol se manejan los elementos con una crueldad que no conoce de camisetas. Koke lanzó un saque de esquina bien despejado por la zaga madridista que Juanfran vuelve a meter en el área con un cabezazo plano que Godín aprovecha para rematar con muchas dificultades y sin apenas fuerza. Casillas ejecuta una salida garrafal que no tuvo remedio. El Atlético de Madrid se adelantó en el marcador en su peor momento de partido, siguiendo la senda que le llevó a conquistar la Liga. Leyendo los momentos de partido y asestando puñaladas a balón parado. Dos errores por bando, 0-1 para el Atlético en el balcón del descanso -Minuto 36-.

No reaccionó de inmediato el Madrid al golpe y Raúl García tuvo el segundo en otro saque de esquina, instantes después. La concentración merengue volvía a flaquear en las labores defensivas y lo pagaba muy caro el bloque blanco, que, una vez más, perdía con claridad en el frente a frente de la intensidad y navegaba desconcentrado en el cierre del primer acto. Un borrón de urgente corrección por parte de Ancelotti, que se cobraba a Khedira como victima, solo, como estuvo Alonso en fases de la temporada, para sostener la contra rival, siempre en superioridad en la medular. El Atlético arrancaba la merecida ventaja al descanso pese a todo. Ni balón, ni repliegue efectivo, por tanto, mutilado a la contra. Demasiados deberes para Carletto.

Se subió el telón de la reanudación sin cambio de nombres y sin transformación en el paisaje. El Atlético mantenía el nivel de brega y concentración y las trabajadas superioridades en banda seguía trayendo de cabeza a los blancos, con Ronaldo y Bale desentendidos de sus labores de repliegue. A estas alturas de duelo, cabía preguntarse si el físico no daba para un mayor sacrificio madridista, los pesos pesados ofensivos no estaban por la labor o Ancelotti buscaba una ráfaga final con todo. El caso es que Ra´l García ejecutó el primer disparo del segundo acto en una volea desviada -en el 49- desde el pico del área y los balones sueltos llevaban, sin excepción, los colores colchoneros.

De nuevo apareció la santificada individualidad madridista para dar un respiro a los suyos. Esta vez, la palabra se hizo carne en un slalom de videoteca de Di María que solo Miranda pudo frenar en agarrón aliñado con tarjeta amarilla. Ronaldo talonó como siempre y chutó la falta desde la frontal para una estirada de Courtois. El oasis merengue de los primeros 10 minutos de segundo acto se cerró con dos saquees de esquina consecutivos rematados sin éxito por Ronaldo y Ramos.

Respondió el Atlético penalizando un error de Carvajal que concluyó en remate desviado por poco de Adrián tras saque de esquina. El ritmo había subido en base al ascenso de los latidos de sus protagonistas y las ocasiones llegaban a borbotones de balón parado. Movió ficha entonces Ancelotti en una suerte de suicidio ofensivo, como ya hiciera en el último cruce en el Calderón, donde consiguió arrancar un empate con esta formula. Coentrao dejaba su puesto a Marcelo e Isco tomaba el relevo de Khedira. La traducción de este movimiento señalaba la modificación del sistema con los laterales incorporados de manera definitiva al centro del campo, Modric como único pivote e Isco y Di María entre líneas. Dominio de pelota como herramienta para darle la vuelta al choque, sin red de seguridad. El Atlético iba a gozar de contras y consistía ya en meter más goles que el contrario. Ramos abrió el pretendido festival en el 62 con un centro tras combinación con Di María que ni Ronaldo y Bale consiguieron engatillar por centímetros.

Simeone, que degustaba como las superioridades en banda seguían provocando los nervios y desajustes en futbolistas merengues poco adiestrados para el repliegue, en especial destacando el veneno de Adrián en su mano a mano con Carvajal, dio entrada a Sosa por Raúl García, con la intención de insuflar energía y velocidad a la contra colchonera. Isco rozó el empate con un disparo que no encontró la meta rival desde la frontal frente a un Atlético empotrado en su área.

El campo parecía inclinarse hacia la portería defendida por Courtois. Los rojiblancos no llegaban a la presión como en el arranque del segundo tiempo y esto, unido a la mayor presencia de piezas en el centro del campo madridista, podía hacer atisbar el bajón físico rojiblanco. O simplemente respondía a la libreta del "Cholo": el juego del aumento y descenso en la presión defensiva y de la altura de la línea de la zaga. Villa no cazó un gran centro de Juanfran a la contra y Bale respondió con un latigazo desde la frontal que no significó el empate por poco. Ronaldo, a 15 del final, ejecutó una volea desviada que incidía en el buen curso del plan de emergencia de Ancelotti. Se entregaba esa histórica final a un desenlace vistoso y ofensivo, aunque demoledor para la estabilidad trabajada en los entrenos.

Bale tuvo el empate de nuevo en el 77 con otro fogonazo individual: retó y derrocó a Filipe en una carrera larga y se presentó ante Courtois para enviar el mano a mano al lateral de la red. Otra ocasión enviada al limbo. Morata entró por Benzema y el técnico transalpino buscaba un rematador de centros para abrir el campo. Se quedaba, a su vez, sin posibilidad de modificar nada en la presunta prórroga. El Atlético se encerraba en su área, sin aliento para subir líneas ni trenzar una contra lucida a estas alturas de esfuerzo y calendario. Simeone afianzó esta encomendación a la solidaridad inteligente de esfuerzos defensivos dando entrada a Alderweidel por el lesionado Filipe, que aprovechó la tesitura para perder un poco de tiempo. Ocho minutos para la "Primera" del Atlético de Madrid.


Miranda y Godín se erigían en valladares del juego aéreo, pero no cesaba el fluir de centros y ocasiones merengues. Sin embargo, con la premura de la llegada del pitido final, la precisión se esfumó en el bando madridista, los colchoneros consiguieron frenar el ritmo con inteligencia de viejos zorros -provocando faltas, demorando la reanudación del juego- y la tormenta de llegadas quedó diluida. Una falta desde la frontal lanzada por Sosa a las manos de Casillas representaba el único chut visitante en la última media hora de juego. Pero les bastaba de sobra. Su confianza y los nervios merengues trazaban trayectorias antagónicas con cinco de añadido. Pero, he aquí la crueldad que pautan los errores en el fútbol. Un centro en córner de Modric encontró el desajuste en la zaga colchonera para tropezar con el remate ajustado de Ramos. Estalló el empate a la conclusión de los 90 minutos y los dos equipos cerraban la temporada en la prórroga, sin cambios ni aliento.

No podía disponer de otro final este histórico día. Arrancaba el epílogo con el Madrid buscando la pelota y el Atlético amagando con presionar arriba. La tensión se palpaba en el lenguaje corporal de los equipos. El Atlético se agazapa con regreso a la herramienta del balón en largo para ganar por arriba y el equipo de Ancelotti seguía fijo a la carta ofensiva, sin reservas ni equilibrios. Salieron a ganar la prórroga de manera decidida.

Agonizó el primer acto de la prolongación con el Madrid en menor ritmo, Juanfran lesionado y el Atlético mejor plantado que en el cierre de partido. Tan solo una falta directa de Ronaldo sin consecuencias y un testarazo de Varane tras saque de esquina de Modric cerraron el peligro merengue. Sin ocasiones claras y con muestras claras de agotamiento muscular embocaba este evento irrepetible su conclusión en forma de penaltis.

Modric fue el primero en abrir fuego con un chut lejano producto de la mayor energía en la presión madridista. Los de Simeone dejaban correr el tiempo y jugar con la urgencia que emanaba su rival. Gozaron de algún atisbo de contra pero las fuerzas y la mente permanecían alejadas de esta faceta del juego. Marcelo ganaba protagonismo en banda con Modric e Isco moviendo al equipo. La puñalada irónica del Madrid llegó de la cabeza de uno de sus jugadores más desacertados. Di María -mejor jugador de la final- tumbó a Juanfran y Miranda, chutó, Courtois la sacó con una exhibición de reflejos y Bale, en el segundo poste ganó el remate para hacer el 2-1. Golpe de suerte para el presidente plenipotenciario, que comprobaba como la "Décima" podía llegar a través de su gran inversión. En uno de los peores partidos del galés.

Pero Iker Casillas iba a otorgar más pimienta a la final con una salida catastrófica a un balón frontal desde la zaga, que dejó a Adrián en posición franca de remate sin portero. Su volea se perdió por encima del larguero madridista y con ella se extinguía, de nuevo, la opción de título continental rojiblanco. Otra atroz jugarreta de la fortuna. Marcelo, aprovechando los efectos de la vejación metafísica sufrida por los pupilos de Simeone -que fue expulsado tras una trifulca en el último suspiro-, se coló por el centro de la defensa para ajusticiar a Courtois y a esta fábula imborrable del Atlético. La Copa de Europa viaja a la Castellana, al fin, y niega su brillo a la ribera del Manzanares con otro escorzo de complicada digestión. El cabezazo de Ramos actuó como desencadenante de la suerte del campeón. Ronaldo cerró el marcador con el 4-1 tras un penalti cometido sobre Morata. Fiesta madridista y homenaje al fútbol en Lisboa. Quien pueda, que iguale un hito como este. Madrid, campeón de Europa.




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