13 de junio de 2021, 23:33:33
Los Lunes de El Imparcial

RESEÑA


Enrique Jardiel Poncela: Poesía completa


Enrique Jardiel Poncela: Poesía completa. Edición de Enrique Gallud Jardiel. Hiperión. Madrid, 2014. 220 págs. 15 €


Después de tres cuartos de siglo, los teatros españoles siguen llenándose cuando el cartel anuncia una obra de Enrique Jardiel Poncela (1901-1952), que se entregó sobre todo al mundo de las tablas, pero que fue un escritor bastante versátil y prolífico: novelas, guiones de cine, ensayo, crónicas, artículos periodísticos, aforismos, cartas... y también poesía. Muchos de sus poemas estaban hasta hoy inéditos, por lo que Enrique Gallud Jardiel, su nieto -con la ayuda de Carlos Dorriel Jardiel, también nieto suyo- ha preparado esta edición de su Poesía completa que publica la editorial Hiperión. Jardiel Poncela había eliminado muchos de estos poemas al preparar sus Obras completas, consciente de su prosaísmo y escaso vuelo poético, pero sus editores han considerado que sería valiosa su recopilación, pues éstos muestran, más allá de la escasa calidad literaria de los mismos, “una frescura y originalidad latentes que habría de desarrollarse más tarde”. Jardiel sentía una especial predilección por la forma rimada, que utilizaba “para su diversión personal, escribiendo innumerables cartas rimadas a amigos y familiares”, e insertando poemas “siempre que podía en sus obras teatrales”. Y si no van a encontrar mucha calidad literaria en estas páginas, sí recibirán una brisa fresca de desacralización y pasarán un buen rato viéndole jugar e ironizar con todo lo que le rodea: con el lector, con otros intelectuales de su tiempo (Benavente, Arniches, los hermanos Quintero, Carrere o Juan Belmonte, entre otros), con el mundo del teatro y consigo mismo.

Su dominio del octosílabo, que utiliza -aunque con menor acierto- junto con el endecasílabo y el alejandrino preferentemente, le hace recrear con fino humor determinados géneros y usos métricos variados y heterogéneos, como el romance, la fábula, la sátira de costumbres o las “coplas andaluzas” (“¡Virgen de la Soleá! / Antiayer cobraste el sueldo / y no me dijiste ná”); junto a lo culto, como el soneto, la oda, lo modernista o la poesía ultraísta (“Es un bar. El fondo, una pianola / sola, sola, sola, sola, / que toca una barcarola / ola, ola, ola”). Los temas son muy variados, pero prevalece el mundo del teatro y la literatura; por ejemplo, así dice de las tertulias literarias: “Y allí, alegría y dicha brillan por su ausencia… / ¿Edad? Del medio siglo pasado a los tres cuartos. / Y todos, muy expertos… sin pizca de experiencia, / por lo que no es preciso oír más que a uno de ellos: / pues sean seis o doce, o veinte, o muchos más, / cual caravana en línea de pausados camellos, / donde vaya el primero irán todos los demás”. Y no duda en burlarse de sus propios poemas, afirmando que alguno fue “premiado en una tómbola de la verbena de la Paloma” o en el “sorteo de la Lotería Nacional”.

La obra está organizada en una serie de capítulos que siguen a un largo poema prólogo, “Autorretrato”: “Romances estúpidos”, “Semblanzas rimadas de gente conocida”, “Modelos de canciones para uso de los que vayan alguna vez a la cárcel”, “Poemas ultraístas”, “Poemas varios”, “Versos brevísimos”, “Canciones” y “Versos íntimos”, más un apéndice con algunas muestras de su talento como dibujante, que puede verse también en la acertada cubierta del libro, que nos coloca de inmediato en la época.

En su “Autorretrato”, que traza entre bromas y veras, nos dice ser hijo de “madre artista” y padre “sanguíneo y polemista”, mezcla que reconocemos claramente en él. Afirma haberse criado “entre papel impreso” triunfando “en cuantos géneros me propuse triunfar”, no haber hecho caso jamás “de la opinión ajena / en cuestiones artísticas”, y haber atacado empleando “las burlas y el desprecio como desinfectantes”. Dardo de esos ataques son también los políticos: “…de muy niño ya frecuenté el Congreso… / al que jamás volví, justamente por eso / por descubrir entonces lo falso y lo arribista / que es el leader político que sorbe luego el seso / a los hombres sencillos que en su bandera alista”. No se sorprendería Jardiel, creo, de lo poco que hoy día ha cambiado esto… si no ha sido para peor. Y no le sentaría nada mal al mundo literario y cultural actual, encorsetado en el sacralizado principio de no herir ninguna susceptibilidad, la naturalidad sin complejos de Enrique Jardiel Poncela.

Por Inmaculada Lergo Martín
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es