19 de noviembre de 2019, 8:51:46
Opinion


San Isidro 2014 (II)

Pedro J. Cáceres


Sangre, sudor y lágrimas de gloria

La “semana fantástica” tuvo un prólogo que bordeó la tragedia.

El martes se suspendía la corrida, por 4ª vez en la historia reciente de Las Ventas, al morir el 2º toro.

Día feo desde la mañana e inhóspita y antipática desde los albores de la tarde. Lluvia, frío, viento, el viento clásico de La Monumental que aunque sopló con muy mala leche, más allá de las dificultades para la seguridad de los toreros, poco tuvo que ver en la accidentada tarde.

Igualmente, poca incidencia en los percances el que en los corrales hubiera cinco de seis toros, entre El Ventorrillo y Los Chospes, viejos de edad y de expresión. El de Los Chospes también con la retranca de los veteranos.

La tarde se agrió en el minuto 1. Cuando David Mora hizo el gesto de irse a la puerta de chiqueros (¡estamos en Madrid!) y fue derribado de un golpe seco en la cintura para ser pasto de la voracidad depredadora del toro. Buscó cuello, pecho, muslos, cabeza, pies, de pitón a pitón, con el torero en la arena; le había pegado una cornada en la axila; en el último arreón, antes de llegar los toreros al quite, le hundió todo el pitón en el muslo izquierdo con tremenda certeza y saña.

Luego vendría la voltereta a Nazaré que ya resentido de su “chocazo” con el animal al ir al quite del compañero terminó de lesionarle el ligamento.
La tarde que se había metido en cloroformo, cada vez, el olor era más intenso.

Todos sabemos del arrojo de Jiménez Fortes. Y no fue tarde de impresiones por la cogida tremebunda del compañero ni de alivios.

Desde que intervino haciendo el quite con el toro que se había quedado Nazaré hasta matar el suyo hubo cuatro o cinco volteretas, achuchones, pérdidas de pie, etc.

Un uno, en dos, o en varios de esos envites el toro de Los Chospes hizo carne.

La enfermería a tope. El resto es de dominio público.

Llegaban las figuras. Jueves y viernes. Cruz y cara.

La cruz del jueves, con una corrida “feota” de Montalvo (nada que ver con la de Sevilla de la que se pareció el buen 3º) , la espléndida actuación de Talavante con su 1º, una zurda de seda y la mente muy despejada con el corazón en fase sentimiento y disposición que lamentablemente pinchó, no pudo reprimir –tan solo una tregua en sus dos toros- el 1º de los “días del club”, en serio, que había programado la insurrección: la “revienta”.

El cartel de “no hay billetes” se había colgado a las 10 de la mañana. La tarde tampoco fue, como los días precedentes, de “sol y moscas” precisamente.

Finito de Córdoba hizo amagos de taparse (con un lote soso y a contra –estilo) pero no se libró del “chorreo” aunque fuera de refilón porque quien se lo llevó de lleno fue Morante.

La cara de la moneda fue el viernes. La “movida venteña” se había tomado el día anterior como un ensayo general para recibir a El Juli y Manzanares.

No contaban entre sus objetivos con Perera, de inmaculada hoja de servicios en Madrid.

Y al final fue el extremeño el que no solo se encumbró en la que puede ser su tarde más completa, de las muchas protagonizadas en el coso de la calle de Alcalá, junto con la tarde de los 6 toros, en otoño de 2008, sino que consiguió, con su incontestable actuación tanto en el bueno como en el complicado, que el integrismo recogiera velas y respetara, o pareció por absorción, del resto de la plaza a El Juli y Manzanares.

Para ello, y tras los primeros conatos bélicos El Juli se hizo respetar por su entrega y compromiso. Su primero fue sinsorgo y el 5º un toro sin picar que se remontó.
Y Manzanares porque sin traicionar su tauromaquia, un tanto controvertida, pero que es la que le abrió la Puerta Grande hace dos años, propició un indulto en Sevilla y sus correspondientes Puertas del Príncipe, realizó un bonita faena, llena de plasticidad y gusto, con personalidad y argumento en los tiempos muertos, que de no pinchar a la primera hubiera supuesto oreja, guerra entre tendidos y reyertas en la prensa y las redes.
Incluso estando en el 5º un toro para apostar y ver, posiblemente se hubiera rajado del todo, más a la espera que atacando, no le silbaron las balas.

Con todo y con ello los tambores de guerra no cesaron de sonar en los dos primeros toros.

Hasta llegar Perera cortar dos orejas del extraordinario tercero, pero que necesitaba un TORERO (mayúsculas) para cuajarlo por los dos pitones, medido pero intenso y un espadazo al volapié. Dos orejas Puerta Grande asegurada y redondear triunfo en un 6º muy complicado donde tras sobarlo y buscarle por todos los terrenos y distancias con pasajes de calidad optó por el arrimón, en esta ocasión más breve y sutil.

Cayó la 3º y calló la intransigencia, para él y para sus compañeros.

Corrida exigente de Victoriano del Río que con un gran toro como el 3º, el 2º noble, humillando y recorrido por el izquierdo, y el mimoso de no mucho fondo 5º, rompió el maleficio que perseguía a los ganaderos que doblaban en la feria y a aquellos que por la mañana recogían parabienes y homenajes con triunfador del año anterior. Victoriano del Río con esta corrida pasaba del ladrillazo mañanero a intentar revalidar su azulejo en el patrio de arrastre.

Sangre torera del martes, lágrimas de gloria el viernes (Perera) y lágrimas de lamento el jueves (Talavante). Y sudor.

Fatiguitas y sudor frio el miércoles de El Cid en la Corrida de la Prensa. La de Juan Pedro se pareció muy poco a la de Parladé. Y si el feble 4º no dio opción el 1º, sin romper pudo ser toro al que El Cid le dudara menos y expusiera más, pese al viento, al menos “porsi”.

Sudor de gota gorda el que transpiraba El Fandi al que no querían dejar banderillear. Puso 7 pares y a su público les gustó.

Hizo un esfuerzo con la muleta en el 5º, deslucido y parado sin que se lo agradecieran más que aquellos cabales y sin prejuicios. Si debió entenderse mejor con el 2º, de menos a más, para tener mayor complicidad con su sector partidario.

Hubo un toro bueno de Juan Pedro, el 3º, que además tuvo la suerte de caer en las manos de Juan del Álamo. Toro potable, con las fuerzas justas, que no aguantaba, al principio el 3º muletazo, pero con transmisión y viaje.

Del Álamo lo entendió de principio –el secreto estaba en dosificar- no obligó ni atacó, hasta el final. Faena preciosista, alguno estima que escasa, pero era la que tenía el animal.

De tal guisa, el salmantino, sin chance con un marmolillo, 6º, no podía remata tarde en cuanto a salir en hombros pero sumaba su 5 trofeo en un año, en cinco tardes consecutivas.

La semana se abri , el lunes, con una novillada de Montecillo, con tres novillos buenos, uno de ellos de nota muy alta; y bien presentada, con cuajo, pero agradable por delante, en novillada.

Fue tarde de descubrir un nuevo valor: Francisco José Espada.

El torero de Fuenlabrada ya despertó interés en el primero: buena técnica y oficio aprendido.

Fue en el 4º, un excelente ejemplar, bravo, que la quería por abajo en el que Espada fue construyendo, desde el clasicismo, un trasteo de intensidad creciente mientras en los tendidos el personal disfrutaba.

Quieto, vertical, pulcro, se fue ajustando a medida que se iba gustando y sintiendo en muletazos (muchos por serie) que llevaban, temple, largura y cadencia, todo perfectamente rematado con variedad de suertes. Por los dos pitones. Hizo que el novillo fuera a más. Incluso cuando este se acabó se pegó un serio arrimón como colofón.

Lo mató con eficacia y solo el anonimato de este novillero privó de una PG merecida. Si lo llega a hacer una figura del toreo hubiera salido en volandas por la Calle Alcalá y no con una oreja; eso sí, muy reconocida.

Lama no se afligió con el 3º dejando detalles de calidad mientras Posada no tuvo lote propicio para desarrollar su personalidad y además fue muy medido.

El domingo pasado hicieron el paseíllo tres tíos que torean poco, o nada.

Un descalzaperro dominguero de Couto Fornilhos y Gerardo Ortega que no se merecían Paulita, Morenito de Aranda y Sebastián Ritter.

Lo que sí se merecieron es el reconocimiento de crítica y público por su coraje, sin traicionar sus buenas maneras (casos de los dos primeros) y el valor, a prueba de bombas, de un colombiano que dijo en Madrid que quiere ser torero.

Y, por merecer, se merecen que en el transcurso de la temporada los vuelvan a anunciar. A poder ser, por muy domingo que sea, con una corrida de toros y no con una limpia de corrales y experimentos de resurrecciones de hierros descatalogados como el de Couto Fornilhos; los de Ortega no salieron buenos, por falta de fuerza, pero está claro que son otra cosa.
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