15 de octubre de 2019, 19:14:25
Opinion

POR LIBRE


Los políticos más encantadores y los más aburridos

Joaquín Vila


Decía Oscar Wilde que "es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es tan solo encantadora o aburrida". Sabia y aguda sentencia. Aunque, es evidente que el genial escritor irlandés no se refería a los políticos españoles actuales. Rara avis. En ese caso, le habría costado mantener su teoría del absurdo. Porque si repasamos la lista de los más ilustres próceres de la patria, encantadores hay pocos; aburridos, la mayoría; buenos, escasos, y malos, demasiados. Calificarlos supone un reto y una temeridad. Pero este artículo solo aspira a ser un divertimento; si acaso, un sarcasmo.

¿Cómo calificaríamos a Rajoy? ¿Es encantador? Ni de lejos. ¿Es aburrido? Más que eso, un auténtico plomo, una esfinge. ¿Es bueno? Dicen que pedalea muy bien, ha resultado un excelente presidente del Gobierno y como parlamentario, sin duda, es de los más brillantes. ¿Malo? Ni un pelo de su barba. Se parece al apóstol Santiago, al que, por cierto, besó Merkel. Al apóstol, no a Rajoy, aunque le faltó poco.

¿Y qué diríamos de Pedro Sánchez? ¿Encantador? Es lo que piensan él, sobre todo, su mujer y un buen puñado de féminas. Guapetón es. Pero, cuando abre la boca duerme a las ovejas. ¿Es, pues, aburrido? Más que eso: es un coñazo. ¿Es bueno? Ni se sabe. ¿Es malo? Tampoco se sabe, pero apunta maneras. Pues un día dice una cosa y, al siguiente, la contraria. Depende de dónde y cuándo. Más bien parece despistado, atribulado, superado. Un brote escarchado.

¿Y Cayo Lara? No es ni encantador, ni bueno. Aburrido, de los que más. Malo, como político, malísimo. Ahí están las encuestas. En unos meses IU se esfuma.

Rosa Díez comenzó siendo encantadora, pero de eso hace mucho. Muchísimo. Ahora es un pestiño. Es de izquierdas, pero sueña con arañar votos del centro, de la derecha, de la izquierda y de Sebastopol. La ambigüedad pelirroja. No quiere aliarse con Ciudadanos, pese a su desastre electoral en las europeas, porque no acepta perder el liderazgo del partido. Le gusta mandar. No puede calificársele de buena ni de mala. Depende del día y de la coyuntura. Simplemente, oportunista. Un día da el pego y, al otro, se le ve el pelo de la dehesa.

El dictadorzuelo con coleta, Pablo Iglesias, se lleva la medalla de oro como el más aburrido. No hay quien le aguante. La verborrea que le acompaña delata su incultura y sus muchos talones de Aquiles. Apoya a ETA, pero lo disimula. Vive de Venezuela, pero lo oculta. Adora a Castro, pero guarda su ideario por si algún día gobierna alguna aldea. Es estalinista; esto es, totalitario, pero no lo reconoce. Eso sí, encanta a los más analfabetos de la política, a los desquiciados, a los que quieren arramblar con la democracia. Es bueno para los bolcheviques y malo, un peligroso torpedo, para los demócratas. Un dictador en potencia. Y se lava poco la coleta. Apesta. Políticamente hablando, claro.

A los líderes de UGT y CCOO, Cándido Méndez y Toxo Fernández sería complicado calificarlos con benevolencia. Son desvergonzados, indignos, trincones y unos cínicos. Dicen defender a los trabajadores, pero les roban a manos llenas. Buenos y encantadores, ni de lejos. Sin duda, se encuentran entre los malos y los más aburridos. Les gusta atiborrarse de langosta gratis total. Glotones y vagos a rabiar. Y se dicen sindicalistas.

Artur Mas es, sin duda, aburrido hasta la extenuación. Consulta sí, consulta, no, o quizás. Depende. Se ha metido con la ingenuidad de un lerdo fanático en la boca del lobo. En la boca de Rajoy, de Junqueras, del Tribunal Constitucional, de la ley. Se lo van a comer con patatas o con butifarra. Y saldrá escabechado. Como político, malvado, por torpe, cobarde y sectario. Por lo tanto, ni encantador ni bueno. Sería un atentado a la verdad decir lo contrario.

Junqueras es, sobre todo, monstruoso. Y otro que debería ducharse y afeitarse de cuando en cuando. Un monstruo político letal, repugnante y destructor. Y aburrido, muy aburrido, aburridísimo. Lo de encantador y bueno no merece la pena comentarlo.

Esperanza Aguirre se podría llevar el podio de esta pintoresca columna. Es la más castiza y divertida de la política española. Se pelea con la Policía Municipal, con razón. Planta cara a Rajoy, con razón. Se chotea y humilla a Pablo Iglesias, con razón. No se casa con nadie. Es encantadora. Lo contrario de aburrida. Y mala, un bicho para la Oposición; esto es, muy buena política.

¿Y qué se podrá decir de Rubalcaba? Sin duda, se le puede calificar como el más encantador de la política española de los últimos decenios. Todo un seductor, un encantador de serpientes. Pico de oro, inteligente, gran estratega, quizás demasiado. En el cara a cara no tiene adversario. De aburrido, ni una pizca. Es divertido, simpático, ingenioso, hasta ditirámbico. Bueno, en su casa. Y muy malo para los adversarios. Todo un demonio. Pero, eso sí, un demonio encantador.

De Zapatero, por pura salud mental, convendría olvidarse. Porque da un poco de pereza. Aburrido hasta la extenuación; más bien, cansino, plomizo, alelado y alienado. Como político, no malo, si no pésimo. Y de encantador y bueno, mejor ni comentarlo. Sería corrosivo ahondar en la herida.

Si Oscar Wilde levantara la cabeza.

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