20 de octubre de 2019, 19:36:41
Opinion


Todos tranquilos; que Rajoy está tranquilo

Joaquín Vila


El presidente del Gobierno jamás se altera. Ni siquiera cuando toda España está inquieta por los acontecimientos que agitan Cataluña. En la milenaria, serpenteante e interminable muralla china, paseando con parsimonia y con una sonrisilla casi pícara declaró que estaba tranquilo ante la convocatoria de la consulta secesionista que este sábado ha firmado Artur Mas. El presidente de la Generalidad, arropado; mejor, acosado por Junqueras y en una solemne ceremonia en el deslumbrante Palacio de San Jaime, en el corazón del barrio gótico de Barcelona, ha traspasado la línea roja de la ley. Ha consumado el desafío al Estado. Pero Rajoy está tranquilo.

Sería conveniente para que todos los españoles estén también tranquilos que el presidente del Gobierno explique con profusión de detalles por qué no se altera cuando una región española ataca en su flanco más sensible a la integridad del Estado, cuando una Autonomía desobedece impunemente la ley y se burla de todos. De Rajoy, el primero.

Hasta ahora, el Gobierno se ha limitado a prometer que hará cumplir la ley e impedirá que se celebre el referéndum. Ya sabemos hasta la saciedad en qué consiste la maquinaria legal que puede emplear el Estado para frustrar la dichosa consulta, en el caso más que probable de que la Generalidad desobedezca la prohibición del Tribunal Constitucional: inhabilitar a Artur Mas, suspender la Autonomía catalana y hasta desmontar toda la parafernalia electoral con las Fuerzas de Seguridad. Pero los españoles respirarían tranquilos si Rajoy confirmara que está decidido a emplear todas estas herramientas legales que tiene en su mano. ¿Será capaz de utilizar todas?

Porque los tan políticamente correctos asesores que le rodean ya han advertido de las algaradas mediáticas y populares que podrían estallar al aplicar cualquiera de ellas y, ¡ay!, de las negativas consecuencias electorales para el PP. Ya hay quien se teme que ante tal riesgo, el Gobierno guardará prudentemente sus armas en un cajón (como la reforma de la ley del aborto) y se limitará a declarar nula la consulta. Pero si llega a celebrarse, si se instalan las urnas y los electores acuden a votar con normalidad, como si se tratara de un auténtico referéndum, resultará muy difícil frenar el aluvión político que se producirá en Cataluña, en España y en Europa. Incluso si el resultado fuera la victoria del “no” a la independencia.

Tras la burla del Gobierno de la Generalidad, Rajoy ha convocado para este lunes (que el domingo hay que descansar) un Consejo de Ministros extraordinario para interponer el recurso ante el Tribunal Constitucional. En este punto, todos tranquilos. Los más optimistas esperan que después, y debería ser Rajoy en persona, el Ejecutivo explique cómo actuará, cómo aplicará esas medidas que tiene preparadas, cuando, más que previsiblemente, Artur Mas aduzca que para él la legalidad emana del Parlamento catalán que acaba de aprobar la ley de consultas y no del Alto Tribunal. Cuando anuncie que la Generalidad no acata la resolución. O, lo que es lo mismo, como amenazó Junqueras, que incurre sin pestañear y por las bravas en la desobediencia civil. En ese momento, se sabrá cómo impedirá, o no, el Gobierno que se celebre la consulta. De momento, Artur Mas sigue adelante con su macabro plan sin el más mínimo obstáculo. Pero, tranquilos; que Rajoy está tranquilo.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es