10 de diciembre de 2019, 21:11:19
Críticas de Arte

GOYA EN MADRID REÚNE 142 OBRAS


El valor "decisivo y monumental" de los cartones de Goya

Elena Viñas

Una exposición en el Prado los compara entre sí y con obra de artistas contemporáneos y del pasado.


De no haber sido por la intermediación de Anton Raphael Mengs, Goya no habría pintado su serie de cartones para tapices ni el Museo del Prado habría inaugurado este jueves la exposición Goya en Madrid. Fue el pintor francés quien lo invitó a colaborar con él en un encargo de la Real Fábrica de Tapices destinado a los Sitios Reales. Corría el año 1775 cuando Goya llegó a Madrid animado por la llamada de Mengs para solo 11 años después convertirse en pintor del rey y más tarde, pintor de cámara junto a Maella. No es de extrañar, por tanto, que el Prado considere los cartones para tapices como “uno de los conjuntos más importantes y decisivos para el entendimiento de sus ideas y de la evolución de su arte”.

Esta valoración de los cartones explica el interés del Prado por poner en valor unas obras que fueron consideradas de segunda clase hasta bien entrado el siglo XX, cuando la historiadora Janis Tomlinson planteó una lectura alternativa alejándose de la visión estereotipada que comparaba la labor de Goya con la de un “reportero de poca monta” de la vida de Madrid, en palabras de Manuela Mena, comisaria de la exposición junto a Gudrun Maurer.

La lectura que ahora propone el museo es novedosa porque reúne por temas los cartones de Goya –recibió siete encargos- confrontándolos entre sí, pero también con obras de contemporáneos como los Bayeu, Pereto Meléndez y de predecesores como Tiziano, Rubens o Velázquez, cuyas obras había tenido oportunidad de contemplar en las Colecciones Reales.

En sus composiciones, Goya demostró una capacidad única para observar la naturaleza, lo que le permitió ser testigo de un modo privilegiado de la cotidianidad de la vida de Madrid, de sus costumbres y los atuendos de sus majos y majas. “Consiguió una gran variedad de sentimientos por su extraordinaria capacidad para captar la riqueza de los tipos humanos”, dice el museo.

En total han sido reunidas 142 obras, entre las que se incluyen esculturas clásicas y del siglo XIX que sirven al visitante como guía de otras de las influencias de las que se sirvió Goya para pintar sus cartones, entre los que el Prado muestra por primera vez Cazador cargando su escopeta -a la derecha-, que ha sido sometido a una compleja restauración para separarlo de otro de Téllez al que había sido unido en 1933.

La caza es, precisamente, la temática que da comienzo al recorrido. En las salas dedicadas a esta actividad tan apreciada por la monarquía, el retrato Carlos III, cazador, de Goya, comparte espacio con Felipe IV, cazador, de Velázquez, y la escena mitológica La educación de Aquiles, de Rubens.

La individualización de la técnica de Goya se aprecia desde el momento en que se compara el retrato de Carlos IV como cazador de Mengs y el pintado por Goya de Carlos III, en el que el ahonda en el perfil psicológico del personaje liberándolo del academicismo de su maestro; un distanciamiento de la tradición que también es posible contemplar si se comparan los rostros dibujados por Goya con el sentimentalismo de los pintados por Francisco y Ramón Bayeu.

En los cartones El juego de la pelota a pala y La boda, Goya también dejó constancia de su gusto por representar distintas expresiones, algo que hizo por “pura invención”, según Mena, quien afirma que el Prado tiene por delante la tarea de restaurar todos los cartones que conserva, independientemene de que hayan sido retocados para esta exposición. Asimismo, la conservadora de pintura del siglo XVIII ha anunciado que será acometido el cambio de los marcos para “poner en valor su carácter de obras de maestras en sí mismas”.

Los sueños, los niños, la música, las clases sociales y las cuatro estaciones son otras de las secciones en las que ha sido dividida la exposición, que no compara los cartones con los tapices porque el resultado resultaría “igualitario”, es decir, que el tapiz no permite distinguir la huella del artista, en este caso la inimitable de Goya.

Aquellos que sean más conocedores de esta etapa artística echarán en falta El albañil herido y El pelele, que han sido prestados a exposiciones en Barcelona y Boston, como también La ermita de San Isidro, el único cartón de los que posee el Prado, junto a Baile a orillas del Manzanares y el boceto de La pradera de San Isidro, en el que es posible identificar sin lugar a dudas la ciudad de Madrid, pues el resto de escenarios dibujados en los cartones "no ha sido posible localizarlos”, aunque han sido analizadas minuciosamente maquetas de Madrid y planos de la época.

Información sobre la exposición:

Lugar:
Museo del Prado

Fechas: del 28 de noviembre al 3 de mayo

Horario: de lunes a sábado de 10:00 a 20:00 horas / domingos y festivos de 10:00 a 19:00 horas.

Entrada: 14 euros (incluye la entrada a la colección permanente y al resto de exposiciones temporales)

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