2 de junio de 2020, 14:15:58
Sociedad

ahorcada con un cable


Conmoción en Argentina por el asesinato de una niña de 2 años por dos menores



En el poblado de San José, en el conurbano bonaerense, aún no se explican el crimen de la pequeña Milagros, de 2 años, supuestamente a manos de dos niños de 7 y 9 años, y son muchas las preguntas que plantean a la policía para despejar un caso que ha sacudido a la opinión pública argentina.

Milagros Belizán vivía en una caseta de madera junto a cinco de sus siete hermanos y sus padres, César y Mirta, en el populoso barrio de San José, en Almirante Brown, una de las zonas más empobrecidas del "Gran Buenos Aires", donde proliferan los asentamientos entre calles sin asfaltar, basuras y arroyos contaminados.

Mili, como la llamaba su familia, apareció muerta el domingo en un solar del barrio, desnuda, con señales de violencia y ahorcada con un cable grueso. Dos de sus vecinos, los pequeños César y Ezequiel, de 7 y 9 años, se declararon el lunes autores del crimen.

"Conscientes"
Para muchos la versión no era creíble hasta que la jueza que colabora en la investigación reveló que los niños confesaron ante la Justicia que eran "conscientes del crimen" y "repitieron escenas de violencia" que vivían en su casa.

Pese a la confesión, en San José todo son dudas. Los vecinos se preguntan cómo dos niños pudieron provocar semejantes lesiones a Mili y estrangularla, por qué hubo un testigo que dejó su documentación en la comisaría y desapareció -se mudó de casa apenas un día después del crimen-, o por qué los trabajadores del circo instalado en el solar donde apareció el cuerpo levantaron las carpas y se esfumaron sin dar explicaciones.

"Cosas que no cuadran"
"Hay muchas cosas que a la familia no le cuadran, por ejemplo, como estaba el cable, bien atado al cuello de la nena, tenían que hacer una fuerza bárbara y yo digo que hay una persona grande, no me entra en la cabeza", explica Analía, de 22 años, hermana mayor de Mili.

Analía vive en una caseta próxima a la de sus padres, donde Mili compartía camastro con su hermana Alejandra en un pequeño cubículo de madera y latón, en el que dormían otras cuatro de sus hermanas. "Capaz que los chicos son malditos como para llegar a hacer esto, pero también pueden mentir porque tienen miedo y pedimos a la policía que investigue y que encuentre al testigo que desapareció", apunta Mariela, de 19 años, otra de las hermanas Belizán.

"Si de verdad fueron los nenes pueden quedar impunes. Si los van a mandar a otro barrio pueden hacer lo mismo, pero no queremos verlos más en este barrio", añade su hermana Alejandra, mientras sostiene en brazos a la más pequeña de la familia, una bebé de dos meses.

Y no verán a los niños en el barrio. Mónica, la madre de César y Ezequiel, ha tenido que dejar a sus cinco hijos en una institución, aunque en la barriada queda su abuela Herminda, que sufre en estos días la peor pesadilla de su vida.

Un calvario
"No puedo dormir, esto es un calvario, no tengo paz", llora Herminda, que no puede imaginarse a sus nietos maltratando a Milagros. "Sí que mi hija los pegaba porque eran traviesos y se salían a la calle, pero para llegar a tanto, eso no, tiene que haber un tercero" afirma la abuela, que vive en otra casilla de madera, donde también había acogido a su hija Mónica y a sus cinco nietos, a unas diez cuadras de los Belizán.

Herminda comprende el dolor de los Belizán pero se queja de que los vecinos han intentado asaltar y quemar su casa y se pregunta qué pasará con sus nietos si finalmente se confirma que hubo un adulto envuelto en el crimen. "Y si no es, qué pasa si no es", clama, "mis niños están en una institución, y yo se que no, mi niño de 7 años no puede ser".

"Si son ellos, que Dios los perdone", dice Herminda, que tiene también un montón de preguntas para la policía, prácticamente las mismas que la familia Belizán, sobre los testigos, la supuesta presencia de un adulto en la escena del crimen y la desaparición del circo. "Tal vez los niños se asustaron, habrán tenido miedo y no pueden explicarse", continúa Herminda, tratando de asimilar lo ocurrido.

El solar
Mientras, en el solar donde apareció el cuerpo, decenas de vecinos han instalado tiendas de campaña y chamizos de cartón para reclamar la propiedad y levantar viviendas.

"Capaz que fueron las criaturas", comenta una vecina. "Pero cómo van a ser los chicos, no es posible", le responde su esposo. "El solar es oscuro y de noche es un infierno, ahora pasó lo de la nena, pero habían pasado muchas cosas antes aquí y si no se levantan casas va a ser peor", concluye.
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