30 de mayo de 2020, 17:22:30
Deportes

LA ELIMINACIÓN PILLA AL LUSO EN PLENA INTROSPECCIÓN


Cuando Mourinho intentó, sin éxito, dejar de ser el ogro para no extinguirse

Diego García

La eliminación pilló al luso en plena introspección. Por Diego García



La distancia que separa la autoproclamación de Jose Mourinho como “The Happy One” y la afrenta pública de su faro ofensivo -“Nuestro equipo no está hecho para jugar al fútbol y, a menudo, se me pide que haga todo yo solo”- es, desde el prisma temporal, de 10 meses. Sin embargo, entre el particular saludo a su nueva etapa en el acto de presentación como nuevo manager blue -sala de prensa de Stamford Bridge, 10 de junio de 2013-, y la mayúscula queja elevada por Eden Hazard tras caer en las semifinales de la pasada Liga de Campeones, desprovisto de argumentos ante el techo del Atlético de Simeone -de vuelta al coliseo londinense, esta vez en la zona mixta y a 30 de abril de 2014-, media una temporada. Un ejercicio futbolístico cargado con el simbolismo suficiente para que el ingeniero de proyectos ganadores se planteara dibujar un viraje en su aguerrido guión de juego. A estas alturas de currículum.

"Yo soy quien decide que juegue uno y no otro y el hecho de que los jugadores, los medios y los aficionados lo acepten es cuestión de ellos”, anunciaba con el habitual tono afilado en su primer día al mando del Chelsea, nueve años después de desembarcar reclamando respeto a la prensa británica. Nominándose, entonces, The Special One para, cual can, marcar el territorio, su territorio. Después de eliminar al United y levantar la Copa de Europa con el Oporto. Abofeteando a aquellos que le consideraban un elemento exótico y exógeno por no gozar de un origen ligado a la aristocracia tradicional del balompié continental. Sin embargo, el rapapolvo público al sistema y hoja de ruta ejecutado por la estrella sobre la que construir el camino a la gloria, otrora motivo de reprimenda moral con micrófonos de por medio y castigo deportivo por edicto del libro de estilo de “Mou”, revertía los términos y cláusulas de la toma de decisiones impermeable a las voces externas al staff técnico. Pareciera que el agreste titular del 10 que aspira a gobernar Inglaterra aceleró la gestación de la necesidad de repensar el ideario, en busca del enriquecimiento de las soluciones colectivas para que el trabajo global y particular confluyera en títulos. Porque el reestreno en cartel del doble campeón de Europa bajo el banquillo blue se consumió sin un título que llevarse al gaznate.


Movió nombres y peones en el mercado invernal a las primeras de cambio, susurrando la intención de provocar la sobrevenida mutación estructural. El club repescaba, a cambio de 21 millones de libras y bajo el mandato directo de José, a Nemanja Matic. La intencionalidad del movimiento, que incluyó en el balance la salida de Juan Mata con destino Old Trafford, atisbaba la búsqueda de contaminar de calma y horizontalidad al cortejo de la pelota en la sección creadora-organizativa del esquema, para, de paso, reducir la dependencia del frenesí ligado al robo y salida. El cerebro serbio, capacitado para templar o acelerar, romper y sostener líneas por físico y calidad, arribó en enero de 2014. Sin embargo, lo hizo procedente de Lisboa, del Benfica, y su participación en la Liga de Campeones quedaba cercenada, minucia reglamentaria no sutil, situación que obligó al aplazamiento del desarrollo del nuevo modelo en la competencia del Viejo Continente -con el tercer puesto en la Premier como campo experimental-.

El resultado derivó, en trazo grueso y arrebatado, en un cuadro reflejo del boceto verbalizado por Hazard. La eliminatoria en la que la obra maestra de Simeone se disparó hacia la conquista del estatus actual mostró el regreso al rincón, al agarrotado paradigma. El Chelsea adelantó en ambos duelos a David Luiz al mediocentro, aliñando la línea con Ramires, Lampard -en la ida- y Azpilicueta -en la vuelta-. Así, el gigante alimentado por Abramovic asumía el rol de sujeto pasivo, entregando el balón y el ritmo de juego ante un contendiente cuyo leitmotiv subrayaba el repliegue y desdeñaba, con displicencia, el manejo asociativo de la pelota. El rendimiento de la apuesta del achique ortodoxo, colocando una meseta entre los artistas propios y el área ajena, arrancó un 0-0 en la ribera del Manzanares -65% de posesión colchonera y una relación de 25 a 5 remates a portería en favor del bando madrileño-. En el envite definitivo de camino a la final, en el distrito de Fulham de la City, con el talento arrinconado (Oscar no jugó un minuto en pos de tapar las superioridades rojiblancas en la banda de Filipe Luis con el ex de Osasuna de tapón), Torres encontró un gol en el 35 que desencadenó el redoble en el integrismo del catenaccio. La posesión española en el último acto, con 1-1 en el electrónico, se disparó hasta el 58%, lanzando, al tiempo, la valentía y categoría del proyecto del Cholo. Sin elaboración, con Eto´o y Demba Ba incluidos en la fórmula del aerolito al área rival, el Atlético usó la hierba para pasar por encima y cuestionar la vigencia, no en su totalidad, del estilo que dominó el siglo XX.

Y se habla en este análisis de una enmienda parcial, no a la totalidad, porque en los cuartos de final previos la exuberancia anatómica y de clase del Paris Saint Germáin quedó maniatada bajo una disposición similar: con David Luiz en la medular, la improvisación inherente al talento con la pelota relegada a extra en el film y las cifras de posesión y ocasiones generadas en negativo (21 tiros ingleses por 27 del cuadro galo).

Con David Luiz en Francia (léase lo simbólico del balance), en agosto de 2014 Mourinho calificaba al motor de la metamorfosis como “maestro”. “Cesc ha controlado el tempo del partido y es el responsable de la mejor fase de nuestro fútbol”, aseguró el preparador en el 1-3 de Burnley que abrió fuego esta temporada. En efecto, Fábregas aterrizó en Londres de pié, contribuyendo a la fulgurante salida del Chelsea y de Diego Costa en la travesía hacia la conquista de la presente Premier y de un par de récords de ataque, por el camino. La elección del inventor catalán como adquisición estrella estival del efervescente mercado de la institución más pija de la megalópolis británica y único acompañante de Matic, no solo inyectaba unas decenas a los guarismos comerciales de ventas de camisetas y derechos televisivos, sino que confirmaba el matiz de cambio de rumbo. La apuesta elevaba lo exquisito del paladar blue y ampliaba el horizonte posicional y de despliegue de la hoja de ruta. El esférico ya no suponía un incordio en estático per se. Ahora se atacaría y defendería interpretándolo como un complemento para la causa.


El camino se desarrolló bajo una dialéctica compartida con el dueto Simeone-Burgos: ¿cómo calibrar el crecimiento en el cambio sin que la esencia identitaria se resienta? Filipe Luis, lateral con vocación y aptitud ofensivas, solo ha participado en 16 partidos de 35 -once en liga y cinco en Champions-. El carrilero carioca perdió su sitio continental en el primer envite eliminatorio. Obi Mikel, músculo y brega para la parcela central lesionado de cara a la afrenta parisien, aguardaba su espacio en la banca para cerrar los partidos y obligaba a Cesc a subir metros y al equipo a ceder pelota y calma con ella. Movimientos y elecciones destinadas a asegurar el equilibrio y cariz compacto del grupo en una carrera doméstica que les mantiene en la cima, con cinco puntos de distancia y un partido menos. La preponderancia de las prioridades tradicionales: seguridad desde la táctica y no desde la intención dirigida hacia la portería rival.

El frío dato atisba un progreso en el apartado de control del juego desde la asociación y rédito goleador. La posesión del cuero promedio asciende hasta el 57%, cediendo esta parcela en la contienda solo en siete ocasiones. Cinco de estos partidos ante los teóricos bloques mejor dotados técnicamente -Manchester City, United, Liverpool, Arsenal y Tottenham-. En consecuencia, el número de pases efectuados ha ascendido y los minutos en campo contrario también se han multiplicado, aclarando la supuesta oscuridad tacticista. Además, en este peldaño de calendario, el parangón con el pasado ejercicio señala un mayor bagaje anotador en la mochila: 49 goles en 2014 por 57 en la actualidad. Por contra, el libreto más centrado de este Chelsea ya ha asumido 22 goles a falta de once jornadas. En el tercer puesto pretérito, Cech recogió 27 veces la pelota de sus redes al final de curso. Y, aunque Costa y Hazard figuran en la élite goleadora del campeonato -17 y 10 tantos por barba-, la efectividad del trabajo coral ha descendido atendiendo a los chuts sufridos -279, a más de diez por duelo-, resultando sintomático que la relación de intentos por equipo ante City (16/6 en la ida y 9/3 en la vuelta), Arsenal (10/5) y United (19/9) cayó con claridad del lado oponente. Como daño colateral coyuntural del cambio de interpretación de este deporte quedará el 5-3 encajado en White Hart Lane, la primera vez que un equipo dirigido por The Happy One sufre una manita desde su bienvenida a España ofrecida en el Camp Nou en noviembre de 2010.

Es por este último matiz que no resulta sorprendente el despliegue efectuado por Mourinho en su caída de la presente edición de la Liga de Campeones. El técnico luso ha implementado una suerte de regresión en el paso hacia la puesta en valor del fútbol con pelota cada vez que se ha medido a contendientes agraciados con puntales y perspectiva de juego creativa. Pero, con el bagaje de nombres elegidos en la medular -Matic y Cesc- se ha resentido el afianzamiento del repliegue. Incluso, la baja de Mikel ha empujado al joven central Zouma hacia el escaño de mediocentro. De este modo, el Parque de los Príncipes asistió a un ejercicio de repliegue radical, del que solo Courtois logró salvar el pellejo blue -14/2 en tiros y 56 a 44 en posesión-, y Stamford Bridge cerró el escenario al técnico luso con una disposición que aceptó que el PSG dispusiera de la pelota, aún en minoría. Pastore, Verrati y Motta lucieron calidad ante el desquicie replegado de Hazard, William, Fábregas, Matic y Oscar, los creativos del esquema, y los franceses se llevaron la eliminatoria con admiración y tintes legendarios, ganando en ocasiones creadas al proyecto reconvertido de Mou.


El varapalo podría haber llegado por la vía del tú a tú, con la pelota como trofeo, atendiendo a la diferencia de intensidad y potencia física de los púgiles. Sin embargo, vino a tomar cuerpo con el cierre críptico hacia la ortodoxia (valga como muestra el titular del análisis post partido: “Un equipo que no sabe defender los córners no merece pasar”). El tiempo señalará, al fin, si el guardián de la propuesta defensiva más laureado del presente siglo continuará con el endulce de su paleta de colores a pesar del pescozón sufrido. Si da otra vuelta de tuerca. Si el ogro cede el rol a aspirantes menos laureados.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2020   |  www.elimparcial.es