25 de enero de 2020, 7:13:03
Mundo


Seis claves para entender lo que está pasando en Yemen

Borja M. Herraiz

Otro conflicto de tintes sectarios. Por B. M. Herraiz


¿Quiénes luchan?
Los combates que tienen lugar desde el pasado mes de septiembre en Yemen son, en esencia, de tintes sectarios en lo que es un avispero de confesiones e intereses tribales encontrados.

De un lado, el Gobierno de Saná, de confesión suní, controla la región sur y este del país, donde en los últimos años ha echado raíces, a su vez, un movimiento separatista. Del otro, los rebeldes hutíes o movimiento Ansar Allah, una vertiente del chiísmo que representa al 45 por ciento de la población, y exmilitares leales al anterior régimen de Alí Abdulá Salé dominan la zona noreste con una capital propia, Saada.

La tensión entre ambas comunidades ha ido en aumento en los últimos años fruto de sucesivos ataques y atentados perpetrados por uno y otro bando. La caída de Salé en febrero de 2012 como consecuencia de la llamada Primavera Árabe trajo consigo un periodo de incertidumbre que ha acabado por enfrentar al norte y al sur del país, tradicionalmente en constante fricción.

El norte, feudo suní y más rico, se ha visto desplazado por el sur, más inhóspito y controlado durante años por Al-Qaeda en la Península Arábiga, también sunita, y líderes tribales locales.

Con una economía y unas estructuras casi medievales, una geografía desértica e inerte y una población mayoritariamente analfabeta, esta inhóspita república se ha convertido, en el último lustro, en uno de los principales campos de batalla contra el islamismo radical del mundo.

Mapa de la división sectaria y administrativa de Yemen. Fuente: Stratford

¿Por qué se lucha?
El jefe de las milicias hutíes, Andel Malek al Huzí, justifica el avance de sus tropas y el derrocamiento del actual Gobierno en la lucha contra los yihadistas fieles a Al Qaeda y lo que considera un Ejecutivo títere de Arabia Saudí y, en consecuencia, de Estados Unidos y de Israel.

Sin embargo, tras la violencia sectaria se esconden importantes intereses económicos. El pasado verano, el Gobierno de Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, ahora huido en Riad, retiró los subsidios a los carburantes, que representan en torno al 75 por ciento del PIB nacional.

Esta decisión desató intensas protestas entre los hutíes, que cercaron la capital Saná, ocuparon la región petrolífera de Marib y forzaron un pacto apadrinado por Naciones Unidas para formar un Gobierno de coalición en octubre.

Este nuevo Ejecutivo nunca vio la luz oficialmente, dando paso a un caos político e institucional. Incluso Hadi amago con dejar el poder el mes pasado. En cambio, se mantuvo en el cargo y algunos hutíes fueron colocados en puestos importantes, caso del general Abdelrazeq al Maruni, designado jefe de las Fuerzas de Seguridad Especiales.


¿Qué tienen que ver Irán y Arabia Saudí?

Para muchos analistas, Yemen no es sino una extensión de la pugna que mantienen Riad y Teherán por abanderar el mundo islámico. Mientras que el Gobierno iraní se posiciona de parte de los rebeldes hutíes, el saudí, de confesión suní-wahabí, lleva años manteniendo al Gobierno yemení como estado-satélite.

Es más, Arabia Saudí, que inyecta unos 4.000 millones de dólares anuales en su vecino del sur para evitar su colapso y que ha visto su supremacía amenazada tras la violencia desatada en Iraq y Siria, ha entrado directamente en el conflicto entablando batalla contra reductos hutíes cercanos a su frontera, sobre todo en la provincia de Nayran, un hecho condenado ante la comunidad internacional por Irán.

Por su parte, el régimen de los ayatolás ha instado a Arabia Saudí a cesar los combates y los bombardeos de manera inmediata, pues los considera una injerencia ilegal en la política interna de Yemen.

Curiosamente, tanto unos como otros tienen el Al Qaeda un enemigo común, por lo que este podría ser un punto de inicio para un hipotético acuerdo que evite que Yemen se deslice hacia el caos y la anarquía total.

¿Es Estado Islámico parte del conflicto?
Estado Islámico ha hecho en numerosas ocasiones llamamientos a los 25 millones de yemeníes para que se unan a su causa, pues considera al país parte de su autoproclamado califato como parte de la provincia de Al Haramain.

Su presencia en la zona se limita a algunos reductos ubicados en el sur del país con una capacidad operativa limitada hasta el momento. Sin embargo, se observa cómo en los últimos meses, decenas de combatientes de Al Qaeda han cambiado de bando y han jurado lealtad a Abu Bakr Al Bagdadi, un gesto que podrían imitar miles se milicianos yihadistas en fechas próximas sumando un problema más a las fuerzas de seguridad yemeníes.

Los intereses de Estado Islámico en la región, como antes lo fueron los de Al Qaeda, son estratégicos, pues Yemen es una de las riberas que dan al Golfo de Adén, tradicional e importante vía marítima y comercial entre el Índico y el Mediterráneo a través del estrecho de Bab el Mandeb (Puerta de los lamentos, en árabe) y el Canal de Suez.

¿Qué está haciendo la comunidad internacional?
Una coalición diez países liderada por Arabia Saudí y auspiciada por la Liga Árabe se ha puesto en marcha para frenar el avance de los rebeldes hutíes. Riad ha movilizado un contingente de 150.000 hombres en la zona fronteriza y puesto en alerta escuadrones de cazas que ya han sobrevolado y atacado posiciones estratégicas de Ansar Allah.

Otros países que se han sumado a la denominada 'Tormenta de la Firmeza' son Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahréin, Qatar, Jordania, Marruecos, Egipto, Sudán y Paquistán. Esta coalición panárabe, con el anexo de Islamabad, supone un hito en la región, pues nunca antes se había logrado conformar una alianza militar tan rápido para atacar a otro país árabe.

Por ahora, Estados Unidos y la Unión Europea se limitan a prestar ayuda de inteligencia y a condenar la violencia sectaria. Washington y Bruselas llaman al diálogo en un intento por delegar en los países de la región el liderazgo de estos ataques para no abrir otro frente diplomático que perjudique su ya deteriorada imagen en Oriente Medio y Próximo.

Casa de las Fuerzas Aéreas saudíes. Foto: Recurso

¿Hay riesgo de que el conflicto cruce las fronteras de Yemen?
Por la localización geográfica de Yemen, enclavado al suroeste de la Península Arábiga, la expansión del conflicto es complicada.

Al norte está Arabia Saudí, un país regido con mano de hierro por una monarquía absoluta que desde hace años controla cualquier conato de rebelión.

Al otro lado del mar Rojo, al oeste, se encuentran una de las dictaduras más herméticas y desconocidas del mundo, Eritrea, y Djibouti, donde Estados Unidos cuenta con una importante base, Camp Lemonier, sede del Comando de Estados Unidos para África o Usafricom. Por último, al este, otro país satélite de Arabia Saudí, el sultanato de Omán, que sin embargo no se ha adherido a la coalición liderada por Riad.

Por ahora, las consecuencias más inmediatas derivadas de este conflicto son las que tienen que ver con el petróleo. El barrildeTexassubía este jueves un 2,44 por ciento en laaperturadeWallStreet hasta situarse en los 50,41dólares.
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