13 de diciembre de 2019, 18:07:33
Crónica Económica

CRÓNICA ECONÓMICA


Respuestas y más preguntas sobre la crisis

José Carlos Rodríguez

Cuando todavía estamos contando los cadáveres... Por J.C. Rodríguez.



Aristóbulo de Juan, ex director general del Banco de España, ha hecho un ejercicio de este estilo. Lo hizo en octubre del pasado año, en una conferencia que ofreció en el Fondo Monetario Internacional, y que ha rescatado Sintetia. Su punto de vista es interesante, y puede ayudarnos a ilustrar lo ocurrido.

Por un lado, el origen de la crisis económica lo sitúa en las cajas de ahorro. Lo dice con estas palabras: “La crisis financiera de España fue una crisis de cajas de ahorro. (…) No eran sociedades por acciones y no contaban con un dueño que pudiera velar por su administración”. Dice, además, que “terminó afectando a la liquidez de todo el sistema, cajas, bancos y cooperativas de crédito”.

El problema de esta explicación es que hay otros países que pasaron por procesos muy similares y no tenían cajas de ahorros, como es el caso de Irlanda, por poner sólo un ejemplo. Y todos los países hemos pasado por una causa común: la política expansiva del BCE, o de la Fed. Pero para De Juan “la crisis Española se vio favorecida por la expansión monetaria internacional y por los bajos tipos de interés, que hicieron que los bancos – y los supervisores – perdieran el sentido del riesgo”.

Se vio “favorecida”, pero no creada por esa política monetaria, porque “la verdadera causa de la crisis española fue la mala gestión, particularmente centrada en la desmesurada concentración del riesgo en el sector inmobiliario y en las hipotecas. La mala gestión fue a su vez favorecida por la injerencia política a través de administradores y gerentes nombrados por los Gobiernos regionales, al amparo de la legislación de cajas de ahorro adoptada en 1985”.

La gestión política, que fracasó en las cajas de ahorro, también lo hizo en la supervisión, que en España, atención, fue “pasiva” en “el período 2000-2007”. A su juicio, la supervisión es clave. Y dice, en concreto: “Cuando la Supervisión es permisiva, los buenos banqueros pueden convertirse en malos banqueros”, porque entre otras cosas no abordan sus problemas, los ocultan y demás.

Aristóbulo de Juan, sin embargo, no se plantea más que tangencialmente el elemento que le otorga esa inestabilidad al sistema financiero. Los bancos se financian a corto plazo y prestan a largo plazo. Financian, en definitiva, hipotecas con depósitos a la vista. Lo cual quiere decir que están permanentemente quebrados: no pueden hacer frente a todas sus obligaciones. Además, esa capacidad de multiplicar el crédito hace que el sistema económico vaya mucho más allá de lo que puede, atendiendo al ahorro real de la sociedad. Y eso coadyuva en que se produzca el ciclo, y la crisis. ¿No debería la regulación incidir en obligar a los bancos a ser más solventes, aunque sea a costa de que presten con menos alegría? Apenas entra en el asunto. Y, en términos generales, “una buena regulación es necesaria. Pero de nada sirve sin una buena supervisión”. Es más, la supervisión puede “obrar maravillas”, dice, “aún cuando la regulación sea mediocre”. No explica porqué la gestión política ha fracasado en las cajas, ha fracasado también en el control de los bancos por parte de las instituciones reguladoras, pero ahora puede triunfar, incluso obrando maravillas.
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