2 de diciembre de 2020, 22:58:14
Opinión

COSAS VEREDES


¿Será Rajoy el nuevo Stephen Hawking?

María Cano


Rajoy le tiene fobia a las ruedas de prensa. Bueno, más bien a las preguntas de los periodistas. No es el único. Pablo Iglesias, poco sospechoso de ser su amigo o de pretender emularle, tampoco se siente muy cómodo si no domina el guión, los contertulios y hasta los focos. Porque eso de preguntar sólo debería estar al alcance de unos pocos privilegiados bien formados que saben lo que conviene cuestionar para que uno se luzca como debe y merece. El resto es chusma a la que más le vale callar para no hacer perder un preciosísimo tiempo a estas personalidades tan importantes.

Si no me hace una pregunta que no me comprometa, me cabrearé; si considero que es una chorrada sin importancia, me enfadaré; si me interrumpe en mitad de una disertación que nada tiene que ver con la pregunta formulada, me ofenderé…

Es lo más normal del mundo que personas tan importantes, ocupadas e inteligentes como las arriba mencionadas reaccionen un poco regular ante situaciones como las descritas. Ahora imagínese, amigo lector, si el entrevistador no es un periodista de renombre sino cualquier ciudadano de a pie sin cámaras ni micrófonos como mudos testigos…

Con demasiada frecuencia olvidan nuestros políticos que precisamente para quienes deben gobernar o aspirar a ello es para servir a los ciudadanos, para escucharles, para tratar de solucionar los problemas, para mejorar, en definitiva, nuestra sociedad.

Y así nos luce el pelo porque en cuanto tan nobles objetivos desaparecen de sus horizontes atestados de obligaciones, discursos, planes de campaña, estrategias, reuniones, cuentas para ver si salen los números, gabinetes de crisis, etc., la política y los políticos dejan de cumplir su más elevada función.

Stephen Hawking, esa mente maravillosa, uno de los mejores científicos de nuestro tiempo, un ser humano que se ha negado a dejarse vencer por los impedimentos físicos que han convertido su cuerpo en algo casi ajeno, ha sorprendido a los asistentes a un acto en la ópera de Sidney en el que ha respondido a las preguntas de varias personas en directo en forma de holograma. Sin filtros.

Tanto es así, que una joven sorprendió a los presentes preguntando a Hawking por las consecuencias de la salida de uno de los miembros de ‘One Direction’ del grupo musical. En concreto le preguntó al científico por "el efecto cosmológico" de "romper los corazones de millones de chicas adolescentes en todo el mundo". El presentador no sabía dónde meterse y ni siquiera entendió la pregunta pero Hawking, sí. Y agradeció a Samantha (que así se llama la compungida fan), que “por fin” llegase “una pregunta sobre algo importante”, y le recomendó, a ella y a cualquiera que sufra mal de amores, prestar atención al estudio de la física teórica porque “no estaría más allá del terreno de lo posible que en algún lugar fuera de nuestro propio universo haya otro universo y en ese universo Zayn todavía está en ‘One Direction’”.

He ahí la diferencia entre una eminencia, un ser excepcional y el común de los mortales: arrogantes y desproporcionadamente centrados en los asuntos propios despreciando los de los demás por considerarlos menores. El problema es que son los políticos quienes más atención deberían prestar a los desvelos de sus ciudadanos, que no suelen tener como protagonista, por desgracia, a un adolescente que canta bien y gana mucho dinero con unos amigos. Que se abra el turno de preguntas.
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