22 de septiembre de 2021, 1:56:05
Crónica Cultural

LA ESPADA Y LA PALABRA


Nueva biografía de Valle-Inclán, un mentiroso genial

Elena Viñas


'La espada y la palabra'. Por Elena Viñas


Fabular sobre su vida y con la palabra convirtió a Valle-Inclán en una leyenda como persona y escritor en una época que fue testigo del advenimiento de un grupo de intelectuales conocidos como la generación del 98, representante del modernismo abanderado por Rubén Darío.

Los intentos por adentrarse en la complicada personalidad del escritor gallego se han sucedido durante las últimas décadas. Cabe recordar Los botines blancos de piqué, de Francisco Umbral, para comprobar el interés que ha despertado en autores venideros la figura de un personaje único que nació en Villanueva de Arosa en 1866, se formó literariamente en Madrid y murió en Santiago de Compostela en 1936.

Sin embargo, “faltaba una biografía definitiva sobre Valle”, ha dicho esta semana Manuel Alberca durante la presentación de La espada y la palabra (Tusquets), un extenso ejemplar al que este catedrático de Literatura Española ha dedicado diez años de investigación y que ha sido definido como un trabajo canónico; calificativo que su autor no comparte porque Valle-Inclán "está lleno de sombras y contrastes", lo que lo convierte en "insoldable e infinito”.

Una personalidad “tan potente” como la de Ramón José Simón Valle Peña – su verdadero nombre – merecía un estudio concienzudo de su vida y obra, aunque se trate de una empresa complicada pues, según Alberca, “es difícil apresar a Valle de una sola vez”.

Como el sentimiento religioso es el primero que arraiga en los pueblos, primero apareció la aristocracia sacerdotal, que más tarde, cuando los pueblos tuvieron necesidad de defenderse, cedió el puesto a la aristocracia militar. El guerrero fue sustituido por el detestable parlamentarismo, que creó la aristocracia del curial. Ahora, en la actualidad, debe haber una aristocracia: la del talento. Todos los hombres deben partir de un punto de igualdad. (Valle-Inclán)

La razón no es otra que el gusto del dramaturgo y novelista por fabular sobre su vida, lo que derivado en una amalgama de historias salpicadas de leyenda, que no hacen sino confundir a quienes tratan de inmiscuirse en su privacidad y analizar su producción literaria.

El emperador de las tertulias

Fue un hombre reservado e introvertido que dedicó su vida a construir su propio personaje: descarado, provocador, oportunista, fabulador o pendenciero. “Un mentiroso genial”, en palabras del autor.

La distorsión que ha ocasionado para historiadores y filólogos ese escarceo del relato veraz ha complicado la labor de Alberca, que anhela que no dejara escritas confidencias íntimas que permitieran saber más sobre la persona y no tanto sobre el personaje.

“Tenía una tendencia compulsiva a la notoriedad pública, donde brillaba con su máximo esplendor”, cuenta su biógrafo, quien también destaca su sociabilidad, aunque en ocasiones, bastantes, le acarreara discusiones y peleas, quizá queriendo demostrar a sus aduladores sus dotes con la espada –bastón- emulando las clases de esgrima que había recibido de un maestro italiano. Terminó perdiendo el brazo izquierdo en uno de esos duelos.

...un acusado defecto de pronunciación, pues sellaba su parla suave con ligero acento de imprecisa nacionalidad. ¿En qué consistía aquel defecto de expresión? [...] ¿Qué legra rozaba el desconocido al hablar? ¿Era la ce? ¿La zeta? ¿La ese, tal vez? Atendí. Era la ese, pero no desfigurándola, sino destacándola, silbándola un poco: "Ssssí ssseñor". Era también una alteración en la proximidad a la unión de ciertas vocales. Decía "Azunsión" en vez de Asunción. (Josefina Blanco - su mujer - en 'El extraño', memorias inéditas)

Acudir a las tertulias de Madrid era parte del oficio. Era allí, en el Café del Gato Negro o en el Ateneo, donde se codeaba con sus contemporáneos, los mismos que dieron cuenta de sus fieros comentarios o sus salidas de tono con un manejo de la palabra que embelesaba. A quien no despertara tal efecto lo despachaba con una de sus insultos predilectos, ¡majadero! Por algo lo llamaban el emperador de las tertulias.

La ambigüedad de su personalidad trasciende a su ideología política, pues no es fácil definirlo políticamente. “Fue ante todo un tradicionalista que creía que los problemas del país se arreglarían volviendo al pasado”, comenta Alberca, quien reconoce que, pese a haber sido un activo carlista, también coqueteó con la República y el anarquismo, lo que ahonda en su inherente actitud contradictoria y en la búsqueda de un yo “hiperbólico y teatral”.


La obra de Ramón del Valle-Inclán (1866-1936) ocupa un lugar preeminente e inagotable en la literatura española, y su brillante y contradictoria personalidad sigue concitando hoy la curiosidad del público. La grandeza del hombre y la importancia de su obra (que va desde el decadentismo inicial de las sonatas hasta el teatro del esperpento en los años finales) merecían esta biografía, documentada, exhaustiva y rigurosa, que, además, aporta una interpretación crítica de la idiosincrasia y del comportamiento del escritor a través de un relato solvente, útil y ameno. (Tusquets)
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