22 de octubre de 2019, 20:42:43
Opinion


Algunas reflexiones sobre la independencia de Kosovo

Mira Milosevic


Los EE.UU., Francia y Alemania han anunciado su intención de reconocer la independencia de Kosovo, a pesar de que ni el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ni las delegaciones negociadoras de las partes interesadas -los serbios y los albanokosovares- han alcanzado un acuerdo que justifique esta decisión, que nos recuerda el reconocimiento en 1992, por Alemania y el Vaticano, de la independencia de Eslovenia y Croacia, que rompió la Yugoslavia comunista. Junto con el nacionalismo radical serbio, tal decisión supuso el comienzo de los conflictos étnicos y de un nuevo proceso de balcanización. Por tanto, sería lógico que los mismos actores políticos contemplasen la situación de Kosovo como el resultado de aquel proceso bélico iniciado hace quince años. Pero parece que se ha olvidado que la OTAN bombardeó Serbia durante tres meses para poner fin a la limpieza étnica practicada sistemáticamente por el régimen de Milosevic, y no para regalar la independencia a Kosovo.

La situación actual es muy diferente de la de los primeros años noventa: para empezar, en Serbia existe un gobierno democráticamente elegido. Conceder la independencia a Kosovo sería un precedente peligroso, que podría alentar todos los nacionalismos irredentistas, empezando por los de los territorios vecinos. Por otra parte, el Consejo de Seguridad de la ONU no tiene competencia jurídica para crear un nuevo Estado, dividiendo uno existente en dos. El derecho internacional no contempla esta posibilidad en ningún caso.

Pero, independientemente de todos los argumentos de derecho, hay otro que desautoriza moral y políticamente la independencia de Kosovo: es paradójico que Europa reconozca la independencia de un territorio, basándose en criterios que supuestamente condena: la primacía étnica y el odio al Otro.
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