20 de enero de 2022, 17:16:44
Cultura

AUTOR DE LA TRADUCCIÓN AL CASTELLANO ACTUAL DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA


Andrés Trapiello contesta a Natalia K. Denisova en EL IMPARCIAL

EL IMPARCIAL

El escritor acaba de publicar la traducción al castellano actual de Don Quijote de La Mancha.


Réplica a Natalia K.Denisova

Andrés Trapiello

En los reparos que hasta hoy ha recibido mi traducción del Quijote al español actual (bien a la totalidad o parciales, y en general más que al trabajo concreto, que apenas han podido mirar por encima, a la “idea”), los hay de dos clases. Los de quienes no saben exactamente de qué se está hablando y los de quienes creen saberlo, como Natalia K. Denisova (“Traducciones quijotescas”, El Imparcial, 6 de junio de 2015), para quien mi traducción es “absolutamente innecesaria, prescindible”, ya que según ella “el español cervantino es meridianamente claro. Sólo hace falta hacer el esfuerzo para consultar unos cuantos refranes olvidados”. Para afirmar esto y lo anterior se basa en argumentos tan poco pertinentes que no merece la pena considerarlos. El castellano que Denisova encuentra sencillo es este (Q 1,45): “–Pero allá van leyes, etc., y no digo más, y en verdad que no estoy borracho, que no me he desayunado, si de pecar no”. O (Q2, 19): “–Si no os picáredes más de saber más menear las negras que lleváis que la lengua –dijo el otro estudiante–, vos lleváredes el primero en licencias, como llevaste cola”. (En mi traducción: “–Pero allá van leyes donde quieren reyes, y no digo más. Y de veras que no estoy borracho; sigo en ayunas, aunque no de pecar”, y “–Si os hubierais jactado de utilizar la lengua tanto como os jactáis de manejar esas espadas que lleváis, habríais sido el primero en la licenciatura, y no el último de la cola”).

Dificultades semejantes suceden en el Quijote de una a dos o tres veces por página, sin contar con los enrevesados hipérbatos y tiempos verbales desusados, que están por todas partes, tan disuasorios para el lector actual como el léxico o los refranes. Las ediciones de bolsillo que están hoy en el mercado tienen entre tres y cinco mil quinientas notas a pie de página, sin las cuales el libro es ininteligible en buena parte, notas que por supuesto no resuelven ni hipérbatos ni tiempos verbales. No obstante Denisova concluye: “Si nadie o casi nadie lee el Quijote no es un problema del libro, sino del lector”, a su juicio demasiado perezoso. Estoy completamente de acuerdo, si los españoles e hispanohablantes apenas han leído el Quijote o han abandonado su lectura tantas veces ha sido por no haberse empleado aún con ellos una buena fusta, como sugiere la acaso un poco estricta Denisova.

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