25 de abril de 2026, 14:12:02
Opinión


Pinchar en hueso filosófico

José Lasaga


Es una expresión que le gusta usar al editor de este diario digital, José Varela Ortega, cuando conversa de política en general y, sobre todo, cuando comenta, las más de la veces, críticamente, las “ocurrencias” de nuestro presidente de Gobierno, el señor Zapatero. Pinchar en hueso filosófico es, sin embargo, la cosa más frecuente y cotidiana en estos tiempos que corren. Vivimos una paradoja muy curiosa: nunca se ha pinchado más el hueso filosófico que en nuestra cultura post-moderna, término que, como todo el mundo sabe, remite a esa situación espiritual en la que cada cual tiene opinión sobre todo y nadie se siente obligado a prestar atención al juicio ajeno. La razón es simple: nuestro pasado está hecho de filosofía -ideas como nación y valor, identidad y diferencia, dignidad y Estado, todo fueron en la hora de su nacimiento interrogantes filosóficos que surgieron de la locura de unos pocos hombres, en Grecia. Creyeron que no merecía la pena vivir una vida sin examen, vivir sin saber por qué y para qué vivir. Otros pueblos pincharán en hueso religioso, pero el nuestro, Europa, pinchará necesariamente en hueso filosófico porque de eso están hechas nuestras entrañas históricas.

No deja de encerrar una divertida ironía que en el momento en que asistimos a la práctica desaparición de la filosofía como influencia pública, al menos en España, todo el mundo decida que tiene una filosofía. La tienen los clubes de fútbol, los chiringuitos financieros o los bares de copas. Y por supuesto los ministros del gobierno.

Vienen estas reflexiones a cuento de que la pobre filosofía escolar que se imparte en enseñanzas medias ha sufrido una nueva disminución a manos de la última reforma que practicó el anterior gobierno socialista. De las dos horas de que disponíamos en 4º de la Eso para enseñar Ética, se autoriza a las autonomías a trocear la asignatura, que ha pasado a llamarse “Educación para la ciudadanía” en dos de una hora. En el caso de Madrid, una hora en 2º de la Eso y otra en 4º. Idéntica jugada en primero de bachillerato: posibilidad de perder una hora, reduciendo una asignatura -Filosofía I- que disponía de tres horas semanales a dos. Pero además la materia pasa a llamarse “Filosofía y ciudadanía”, transformando el legislador, a su capricho ideológico, una venerable materia de estudio en un campo de batalla político. Todo esto resulta tanto más absurdo y difícil de comprender por cuanto en los programas vigentes de Ética de cuarto y primero de Filosofía ya estaban -como no podía ser de otra forma, por pertenecer el asunto al corazón mismo de la tradición filosófica occidental- todos los temas relevantes de “Educación para la ciudadanía”: deberes y derechos, naturaleza de la cosa política, igualdad y libertad personales y constitucionales, en fin, razón práctica, dignidad; ya saben, Ilustración y espíritu crítico, eso que inventó precisamente la filosofía y no precisamente para que los entrenadores de fútbol nos explique que “su filosofía es atacar y defender...”.

Y termino estas reflexiones con un respetuoso ruego dirigido a la Presidenta de nuestra Comunidad Autónoma de Madrid. Doña Esperanza, por favor, no ampute a la filosofía esa mísera hora que, además de significar un tercio del tiempo disponible, contiene la clave para que la asignatura no se desprestigie aún más, convertida en una “maría”. Deje, pues, que aunque debilitada por la reforma de los dema-peda-gogos, aquella Logse de nuestras desgracias, se quede la filosofía como está.

Acaso conseguiríamos así que las generaciones futuras pinchen un poco menos en hueso filosófico.
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