25 de enero de 2020, 1:10:04
Opinion

TRIBUNA


Patriotismo y melancolía

Agapito Maestre


Paseo por un pueblo peculiar. Es racionalista hasta lo irracional, dice mi acompañante, por eso, precisamente, la Fortuna lo escoge con más frecuencia que a otros pueblos de la zona, El Escorial. He ahí la razón de que en pleno julio una administración de lotería haya puesto un cartel en la puerta con la siguiente leyenda: "Ya no tenemos lotería de Navidad." Paseo por San Lorenzo de El Escorial, y acabo como casi siempre en los límites del Monasterio, "en uno de los lugares sublimes de la tierra: el Jardín de los Frailes." Sublime es, según Ortega y Gasset, porque es menos, muchísimo menos, que un jardín. Es un concepto. El Jardín de los Frailes sólo es un esquema, una realidad que es la menor realidad posible, una idea viva de un vergel, con sus bosques de oscuro verde y sus piedras estrictas, en fin, sugiere Ortega, es un grato rincón para que pongamos orden rígido en nuestros pensamientos.

Sigo el consejo del mejor filósofo de El Escorial, sí, del Monasterio y sus alrededores, o sea de España, y trato de poner un poco de orden a un tropel de ideas que me vienen a la cabeza mientras paseo al lado de esta inmensa mole racionalista. Elijo una de ellas y la formulo con un interrogante: ¿Qué decir sobre las palabras del Papa en Hispanoamérica contra España, sí, contra el silencio ominoso de su Santidad a la labor evangelizadora y civilizadora de España en esas tierras del otro lado del Atlántico? Quizá sólo apuntar que el Sumo Pontífice se contradice a sí mismo con su "revolucionario" y peronista discurso y, de paso, traiciona a millones de católicos, a millones de fieles que creían que el catolicismo, que significa universal, lo es sobre todo gracias a la inmensa tarea evangelizadora de España en América y Asia.

Pero, en mi opinión, hay algo aún más terrible que los falsos perdones del Papa y sus olvidos sobre la civilizadora historia de España: es la falta de eco de esas palabras en la inteligencia española. Da miedo el silencio de la prensa española, de derecha e izquierda, de arriba y abajo, de populistas y demócratas, sobre las palabras del Papa cuestionando la historia de España en América. Francisco sigue al pie de la letra la Leyenda Negra contra España, pero toda nuestra inteligencia guarda un silencio tan ominoso como el del Papa. Apenas nadie, salvo la acertada y sutil crítica que en este periódico ha escrito Denisova, seguida por otra de un senador del PP, ha dicho nada relevante sobre los insultos papales, sí, porque insultos son tanto los olvidos y silencios sobre la labor de España en América como las falsas apreciaciones sobre las independencias de España de las actuales naciones de la América española.

Así las cosas, tengo que concluir en este lugar sublime, el Jardín de los Frailes, que nuestra crisis de patriotismo es más que severa. Es una tragedia. ¿Qué hacer? Sencillo, primero, diagnosticar qué tipo de crisis moral padecemos; segundo, seguir las pautas del liberalismo español de Ortega y los suyos, que tan bien resumió su díscolo discípulo (no hay mejor manera de ser discípulo que disintiendo del maestro) José Gaos: Nuestro liberalismo, que siempre lo ha sido por patriotismo, debe actuar "en la dirección de aportar a las patrias hispánicas los valores estimados en los países extranjeros reconocidos por propios y extraños como yendo ´a la cabeza de la cultura`. Pero desde hace más o menos tiempo se manifiesta y actúa crecientemente en la inversa dirección, de llevar los valores de las patrias hispánicas a la estimación por esos países extranjeros. Este doble motivo me había conducido ya en España a reivindicar para Ortega el concepto de filósofo, que le negaban muchos y aún le niegan algunos, ya más entre sus connacionales que fuera de ellos; pero a reivindicarlo para él como un caso singularmente relevante de algo mucho más general e importante: la reivindicación de los valores anejos a las formas peculiares del pensamiento hispánico."

Pues eso, reivindiquemos a Ortega y a todos los nuestros, incluidos los que se desangraron en América por civilizar a pueblos que no conocían la rueda... Reivindiquémonos, sí, frente al Papa; revindiquemos las formas de patriotismo propuestas por Gaos en su “transtierro” mexicano; pero, según está nuestro nivel de autoestima nacional por culpa de unos gobernantes tan obtusos como las elites intelectuales que los jalean desde las instituciones que pagan todos los españoles, creo que las dos formas excelsas de patriotismo propuestas por Gaos deberíamos reducirla a una única tarea: concentrémonos en mostrar a nuestros connacionales, solo a nuestros conciudadanos españoles, que España tiene una historia que merece la pena defender y criticar, porque es, a pesar de todas las leyendas negras y amarionadas, una Nación digna. Por la dignidad de España, de un pueblo que se esfuerza y esfuerza sin saber, como dijera don Quijote, cuál es su conquista, su logro, merece la pena el riesgo de que nos tachen de patriotas. De melancólicos.
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