22 de octubre de 2019, 23:27:37
Opinion

DESDE ULTRAMAR


Cuba y EEUU reanudan relaciones diplomáticas

Marcos Marín Amezcua


“Con las barbas de Fidel/ vamos a hacer una escoba/ para barrer a los yanquis/ de la América española”. Así, de memoria, le recito un estribillo incendiario leído hace más de veinte años, en algún texto que narraba la historia de Cuba, que me parece interesantísima por el valor añadido que posee al ser una ínsula estratégica desde el punto de vista geopolítico. La Habana no nos es ajena.

Bueno, pues ni Fidel cayó ni barrieron a los yanquis. Pero no regresan a Cuba como si nada y no la doblegaron. Solo véase el discurso del ministro de exteriores cubano del 20-j: mencionó todo sin tapujos: de Martí a los Castro y a la Enmienda Platt, de la revolución socialista a denunciar cualquier intento expansionista a costa de Cuba. ¡Recórcholis! Y no se le puede cuestionar, porque hay historia.

Sencillamente, cambiaron los tiempos, pero, ¡cuidado! no necesariamente cambiaron los intereses involucrados y los muchos puntos finos bilaterales que aún no se han resuelto de manera satisfactoria, dejando más dudas que certezas sobre el futuro común de ambos países. Temas tales como derechos humanos o partidos y libertades políticas, inexistentes en Cuba desde la óptica estadounidense; o el futuro de Guantánamo –que EE.UU. insiste en que no es tema– o la no injerencia estadounidense en los temas cubanos y el levantamiento del embargo, planteados por la parte isleña, por mencionar unos cuantos, que no son nimios ni banales para ser ignorados, por ser reveladores de inquietudes perfectamente fundadas. Hay historia y se requiere la responsabilidad de todos.

Empero, este 20 de julio de 2015 hemos presenciado un hito: la reapertura de las respectivas embajadas de Estados Unidos y Cuba –con inmuebles preexistentes en ambas capitales– al restablecerse las relaciones diplomáticas rotas en enero de 1961, con su inacabable cauda de boicoteos, bloqueos y dimes y diretes de ambos lados del estrecho de la Florida. Sí, con la soberbia estadounidense y la dignidad de una Cuba contestataria y actuante. Sí, con el legado de un querido pueblo cubano fracturado y con memoria que más le vale no perderla (la anterior al 59, para no cometer los mismos errores) y con su reto de seguir adelante a despecho de todos los que dudan de que conseguirá superarlo. Anote la dirección de la reestrenada sede cubana: 2630 16th St NW, Washington, DC, 20009, Estados Unidos de América. Se trata de un edificio de 1917 y la bandera ondeada la mañana del lunes 20 de julio fue la misma arriada en el 61.

Y de repente, de golpe, sí, Cuba se ha puesto de moda y todos se ofrecen a ayudarla, invirtiendo en ella. De manera inusitada todo mundo se pasa y se pasea ahora por La Habana. El interés tiene pies, pero va, si es por ayudar. Acaso el gobierno de México queda disminuido, porque no ha sabido leer el signo de los tiempos ni ha reaccionado más allá. Lo normal. Lástima por haber sido el único que cobijó la Revolución Cubana cuando todos la abandonaron. Cuba está cual si fuera la nueva Cenicienta. Mas que no acabe el encanto. ¿La razón de serlo? es estratégica, con un mercado ávido de acceder a miles de bienes y beneficios, de conocer nuevas realidades, nuevos productos. Desde luego que una apertura económica y con internet de por medio –pese a las actuales restricciones y encarecimientos– augura propiciar una apertura política. El modelo chino se antoja insostenible si fuera la idea soportarlo. O una desbandada mal manejada el día que los Castro falten, apremia soluciones urgentes -–que aquellos ya no pueden ser llamados revolucionarios, aún aferrados a su poder e ideología, negándose a crear un clima sucesorio propicio–. Es un error su prolongada permanencia y ya no los diferencia de otros gorilatos regionales, cosa que de no cambiar, no promete que termine bien. ¿Por fin concederán espacios democráticos serios?

Pidiendo una opinión sobre el particular, recibo las valiosas palabras expresadas por el cubano internacionalista Patricio Valdés: “Con respecto al lado cubano, he hablado con mi familia y hemos desmenuzado el tema. En Cuba la situación es un poco temerosa, ya que se teme una invasión norteamericana en cuanto la familia Castro muera; estamos alegres de que se nos reabran las puertas del mundo de nuevo y algunos están deseosos de salir del país. Sin embargo, aún tenemos la espinilla de que los "gringos" vayan a hacer de nosotros algo como lo que hicieron con Puerto Rico. En mi núcleo familiar estamos alegres de que vaya a suceder (el restablecimiento de relaciones diplomáticas), pero amigos míos y conocidos, simpatizantes del comandante Castro, se niegan rotundamente a la reincorporación de Cuba a la dinámica mundial”. Sus palabras son puntuales.

No soy amarranavajas, pero es mal fario haberse apersonado en la ceremonia de apertura Roberta Jacobson, la secretaria adjunta y no el secretario de Estado, Kerry. Que ya lo hará aquel en agosto en La Habana, dicen. Suena a desaire.

Y conste que Cuba no necesita regresar al pasado folklorista y sometido. Que no ha roto con la expansionista Rusia de Putin. Que debe impulsar sus anhelos de libertad y bienestar. Y no a cambio de torcer los valores adquiridos por la Revolución, vigente, de fuerte herencia y vigilante, apuntalada por un régimen no agotado, que, aceptemos, no es el comunismo de Europa del Este. ¡No señor! Más parece un escenario similar al vietnamita, cuidando de no provocar una nueva crisis. Estados Unidos tendrá que ser cauteloso en sus pasos –cosa nada fácil con su trayectoria injerencista– y en efecto, con un exilio cubano que dentro de su país, sobre todo, no cesará en exigir acciones. Pero no se puede ir a contrapelo de la Historia. Hubo una revolución que transformó actitudes e hizo de Cuba un país respetado en muchos ámbitos como el educativo, el deportivo, el médico y hasta el cívico. Y sí: la añoranza por La Habana no ha muerto en muchos empresarios que no secundan a los opositores al acercamiento, que amenazan con cancelar todo este emprendimiento, de ganar las presidenciales de 2016.

El pueblo cubano tiene prisa por los cambios. Su avidez es inocultable. Las cosas no prometen ser como antes del 59 y todas las partes deberían comprenderlo. Y qué bueno. Merecen ser mejores. Porque Cuba sabe hoy exigir respeto y es altamente probable que lo obtendrá. Estados Unidos sabe que no tiene muchas opciones distintas a esa. Ambos pueblos guardan estrechas relaciones desde siempre y este episodio de ruptura no acabó con la simpatía mutua. Cuba no se arredra y sus hijos están deseosos de ser participes de esos cambios. Mi admiración a ellos. Lo que no veo es que restituyan el águila calva al acéfalo monumento al Maine en el malecón habanero, de tan tristes recuerdos. Que así se quede, para que todos recuerden la ruptura del 61 y prosigan su andar al futuro.
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