15 de diciembre de 2019, 17:58:57
Nacional

SASTRE, PAMPLIEGA Y LÓPEZ SUBRAYARON LA DESPROTECCIÓN DE LOS FREELANCE


"La caza del periodista se ha convertido en un deporte"

EL IMPARCIAL

Los desaparecidos en Alepo alertaron del riesgo que corrían en Siria.


Sabían que se movían en terreno peligroso. A través de las redes sociales, sus blogs y entrevistas o reportajes en diversos medios de comunicación, los tres periodistas españoles desaparecidos en Siria habían alertado de los riesgos para la prensa en un país en el que "la caza del periodista se ha convertido en un deporte".

Así lo relataba Antonio Pampliega a La Voz de Galicia hace unos meses. El periodista madrileño, cuyo perfil de Twitter (@Apampliega) se encuentra actualmente cerrado, compartió a través de este diario sus sensaciones tras el asesinato de James Foley, amigo personal del desaparecido y el primero de una serie de macabras muertes a manos del Estado Islámico rodadas y difundidas por el grupo terrorista.

“Siria es, sin lugar a dudas, el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo; como así lo recoge Reporteros Sin Fronteras en sus diferentes informes; el objetivo, desde los primeros compases del levantamiento popular, ha sido silenciar a la prensa para que no informase de lo que sucede en el país árabe”, escribía Pampliega. El periodista incide en el doble foco de riesgo para los medios de comunicación: los terroristas, por un lado, y el propio Gobierno por el otro.

Pampliega cuenta en su artículo en La Voz de Galicia que ha entrado 10 veces en Siria de forma ilegal para evitar el "blindaje de Assad", y ha vivido la repercusión que ha tenido para los civiles la ayuda a la prensa occidental. “El ejército sirio, como castigo, machacó a los pueblos que visitamos matando a centenares de personas”, escribió, y mencionó el segundo factor que, junto al desinterés de los medios, ha incrementado el peligro de los periodistas en estas zonas: las redes sociales. Sin generalizar, el desaparecido relataba cómo el informador occidental ha dejado de ser prescindible con la irrupción de Internet, provocando un aumento de los casos de chivatazos. “Los yihadistas pusieron precio a la cabeza de todos los informadores extranjeros que estuviesen en Siria. Muchos civiles continuarán protegiéndonos y otros, los menos, no dudaban en vendernos a la mínima ocasión”, contaba.

Otro de los desaparecidos, el extremeño Ángel Sastre, aseguraba en una entrevista a la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) publicada en enero de 2014, que “los periodistas trabajan en condiciones de extrema peligrosidad”.

“Desde el momento en que pisas el país eres un objetivo militar o económico y pueden secuestrarte; desde que entras en el país, hay gente buscándote para secuestrarte; provoca una sensación de claustrofobia y de miedo”, continuaba el periodista, en cuyo último tuit (@AngelMSastre), del pasado 10 julio, escribía “Coraje” en español, francés y árabe.

Ser freelance
Siendo conscientes del horror imprevisible de una guerra, los desaparecidos denunciaron en varias ocasiones la mayor desprotección de los periodistas freelance en zonas de conflicto y criticaron que la figura del corresponsal de guerra, dependiente directamente de un medio, fuera ya una figura en extinción, reclamando una mayor responsabilidad conjunta de la comunidad periodística desde la redacciones.

En su blog, Sastre dedica una entrada a esta situación de inseguridad ‘in crescendo’ para los informadores que van por libre a las zonas de conflicto. Sastre habla de la “segunda fase” de su trabajo para referirse a las dificultades con las que se encuentran para vender su material una vez escrito/rodado/fotografiado, sobre todo desde el asesinato de Foley. “’Hola me encuentro en Alepo, empotrado con los rebeldes sirios, soy junto con mis compañeros el único periodista occidental que se encuentra dentro ¿Puedo ofreceros temas?’. Respuesta: ‘No ya te dijimos que desde que desapareció James no compramos nada sobre el terreno, es nuestra manera de protegeros’”, reproduce. “(Los periodistas) No saben si volverán pero lo que más les preocupa es que su trabajo vea la luz”, narra Sastre.

En este sentido, Sastre asegura en su blog que hay algo a lo que los freelance tienen “más miedo que los secuestros, los morteros y los francotiradores”, y es “que tus fotos o tus reportajes acaben convertidos en crónicas de Facebook, Twitter, o exclusivas de un blog de aventuras”. El periodista sigue: “Las respuestas más comunes entre nuestros editores nacionales son: ya lo tengo de agencia, lo puedo hacer desde Madrid, nadie te mandó al frente, no me gusta tu nueva faceta de guerrillero, no tienes seguro médico, ya hay freelancers por la zona. Pero sobre todo es un problema de atracción: según los grandes gurús de la comunicación la actualidad internacional no interesa”.

“Soy consciente de que llegar a primera línea no te da la primicia, ni un espacio en tu medio. Pero si eres bueno, si lo que propones es interesante y además alrededor tuyo mueren miles de civiles, el editor, director o conductor, tiene la obligación de darte unos minutos. Moraleja: de que sirve que haya leones en el frente si luego dependemos de corderos en las redacciones. La responsabilidad debe ser mutua”, reflexiona en la entrada de su bitácora.

También en la entrevista publicada por la APM, Sastre lamentaba la “inercia y el pasotismo” de los medios “e incluso de algunos compañeros” y denunciaba que los periodistas tienen que buscarse los medios: el chaleco, el casco, el seguro… “Los editores deben asumir los riesgos y pagar”, aseguraba y decía que ante la escalada de violencia contra la prensa “más que retraerse, deben apoyar aún más la labor de los periodistas que deciden, bajo su responsabilidad, contar lo que pasa”. De no ser así, terminaba, “va a llegar el momento en el que estos talibanes consigan lo que quieren: que no haya periodistas”.

El último mes de su anterior estancia en el país africano, Pampliega llevó escolta. “Los periodistas nos habíamos convertido en un objetivo”. Después volvió, “a sabiendas” de ser “un jugoso botín”.

“Es complicado de explicar a alguien por qué seguimos trabajando en un país como Siria, donde los periodistas acabamos secuestrados o decapitados por radicales islámicos. Somos los ojos de los que no pueden ver y la voz de los que no pueden hablar. Y mientras me queda una bocanada de aire seguiré volviendo a Siria a narrar el horror de esa guerra que se acerca a los cuatro años. Se lo debo a los sirios”.

Las motivaciones de Sastre, según contaba a la APM, pasan por “poder vivir los acontecimientos en primera persona y contarlo al mundo”. En la misma línea, el fotoperiodista leonés José Manuel López, el tercero de los desaparecidos, definía la profesión como un medio para “expresar creatividad y al mismo tiempo decir a los demás que está sucediendo a nuestro alrededor”. De toda esa realidad el entorno López se centra, según cuenta en su blog, en “cuestiones que tienen que ver con conflictos sociales y la injusticia en el mundo" porque, dice, "puede ayudar a mejorar la vida de las personas" a las que fotografía.
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