18 de noviembre de 2019, 2:14:54
Sociedad

HASTA AHORA SE RELACIONABA CON EL CONSUMO DE CARNE


La verdadera 'paleodieta': los carbohidratos y su papel en la evolución del cerebro

EL IMPARCIAL

Hasta ahora se relacionaba con el consumo de carne. Por EL IMPARCIAL


Los carbohidratos ricos en almidón influyeron en la evolución del cerebro humano, según un nuevo estudio publicado en Quarterly Review of Biology liderado por la investigadora ICREA en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) Karen Hardy.

"El trabajo desafía la idea sostenida de que la aceleración del tamaño del cerebro que se produjo hace unos 800.000 años es el resultado de un incremento del consumo de carne y propone que la elevada demanda de glucosa que necesitan nuestros cerebros habría sido satisfecha más fácilmente con una alimentación rica en carbohidratos", explica la UAB.

Según los autores del artículo, hasta ahora se ha prestado especial atención al papel de las grasas animales y las proteínas en el desarrollo del cerebro humano en los últimos dos millones de años, mientras que la importancia de los carbohidratos, especialmente en forma de vegetales ricos en almidón, ha sido ampliamente ignorada: "Pero los carbohidratos son la mejor forma de obtener la glucosa y la energía que necesita nuestro organismo. El cerebro humano utiliza más del 25 por ciento de nuestra reserva energética y más del 60 por ciento de la glucosa en sangre. Y estas demandas de energía aumentan particularmente con el embarazo y la lactancia, igual que con el incremento del tamaño corporal, la movilidad y el aumento de la flexibilidad alimentaria".

Según Hardy, aunque el consumo de carne fue importante, "el crecimiento del cerebro habría sido menos probable sin la energía proporcionada por los carbohidratos". Por otra parte, añade, aunque las hipótesis reconocen la importante contribución que tuvo el desarrollo de cocinar, "consideramos que los carbohidratos cocinados sólo tienen sentido si el cuerpo tiene la dotación enzimática necesaria para procesarlos”.

Los investigadores también apuntan al incremento de genes amilasa salival en los humanos modernos, que aumenta la cantidad de amilasa producida en la saliva. Para Kate Brown, doctoranda de la University College London, “mientras otros primates tienen sólo dos copias de estos genes, los humanos modernos tenemos de media unos seis y esto nos permite tener más amilasa salival y digerir el almidón de manera más eficiente. No sabemos exactamente cuándo se multiplicó el número de copias, pero los datos genéticos sugieren que fue en el último millón de años; un periodo de tiempo que coincide con la evidencia arqueológica del cocinado de alimentos".

Esto es particularmente interesante, cuenta, porque el uso del fuego para cocinar permitió un aumento considerable del potencial de digerir más fácilmente el almidón: "Hay aún incerteza sobre cuándo los genes de la amilasa salival se multiplicaron y cuándo los humanos empezaron a cocinar alimentos, pero los beneficios combinados de ambos para alimentar nuestros cerebros, cada vez más hambrientos de glucosa, son difíciles de ignorar”.

La evidencia sugiere que los humanos del Paleolítico no habrían evolucionado con la que hoy se denomina 'dieta del Paleolítico'. El almidón habría sido fácilmente accesible para las primeras poblaciones humanas en forma de tubérculos, semillas y algunas frutas y frutos secos.

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