12 de noviembre de 2019, 7:36:34
Opinion

DESDE ULTRAMAR


El peso mexicano colapsado

Marcos Marín Amezcua


Estamos infartados por partida triple: Por un lado debido a que la cotización peso-dólar estadounidense alcanza ya índices de escándalo, al estar cotizándose al 20 de agosto de 2015 en los 17 pesos promedio, casi al parejo del siempre caro euro. Lo nunca visto y es alarmante, porque no da visos de frenarse.

Por el otro, ante la incapacidad del gobierno de México encabezado por Enrique Peña Nieto, para responder a este escenario, y entonces al hacerlo estructure una respuesta que abone a tranquilizar los mercados y ayude a frenar el alza imparable que está pegando ya a toda la economía dependiente de las importaciones; y además, en tercer lugar, al carecer de ese plan de contingencia en lo que la ley lo obliga y faculta a establecerlo, porque no tiene para cuando mejorar la situación, mientras el discurso oficial sigue usando la palabra “depreciación” y no la temida “devaluación”, para describir lo que sucede.

Y no usa la palabra “devaluación”, que acaso pone énfasis en lo que se ve y no tanto en lo que se mide o la provoca, porque también lleva un peso político y no solo económico. Pero lo cierto es que pesa mucho que con los gobiernos del PRI la economía suele ir mal. Con el actual gobierno priista no es la excepción. La economía mexicana va mal, la economía informal crece y las explicaciones del gobierno priista solo destacan a los agentes internacionales como causa de este deterioro en el tipo de cambio, a los que se achanca lo que sucede.

Ciertamente es que no se puede intervenir fácilmente en tales agentes. Así es. Su parte de causa en nuestro deterioro, sí que la llevan. Pero no pueden ser el pretexto que indulte al gobierno Peña Nieto ni son la única causa. Su imprevisión, su carencia de conocimiento en temas financieros mundiales, su improvisación, su falta de respuesta y sus recurrentes errores son manifiestos en materia económica y pese a ello, el gobierno Peña Nieto se niega a reconocerlo y a efectuar los cambios de personas que se requieren. Empezando por el amigo del presidente: el secretario de Hacienda Luis Videgaray Caso.

Porque la responsabilidad de este gobierno es real en lo que sí puede intervenir y no se hace: en estructurar un plan de contingencia que empiece por dar tranquilidad a los mercados y evite la fuga de capitales. Para empezar. Y en nada de eso ni en lo más elemental, lo vemos actuando al gobierno Peña Nieto. Ya se le cayó la mitad del ingreso petrolero y las estimaciones de crecimiento a la mitad de lo previsto por Videgaray. Ahora se incrementa el tipo de cambio. Y no halla más salida que vender dólares vía Banxico –sacándole el Banco Central las castañas del fuego a Videgaray y a su equipo– y anunciando recortes severos con carga de desempleo para 2016. Así de brillantes. Así de originales. No espere usted un plan B, porque no existe, por carecer de la capacidad para establecerlo. Este gobierno sí es responsable de lo que pasa, por omisión.

No falta quien al paso salga a defenderlo arguyendo que es al Banco de México al que corresponde apuntalar la moneda y suponemos, que a tranquilizarnos a todos. Seamos claros para no equivocarnos: el Banxico deberá tomar medidas para que no pierda su poder adquisitivo la moneda y preverá lo concerniente al tipo de cambio. Pero como es autónomo, el Banco de México no es parte del gobierno de México elegido en las urnas en julio de 2012. No del elegido para que tome decisiones que no está asumiendo. Ese es el quid del asunto.

Se la pongo mejor: el jefe de Estado solo atina a decir dos cosas que nos dejan boquiabiertos hasta a los que no somos economistas: ha dicho que a otras economías les ha ido peor. Y que esta turbulencia hace más atractivo a México, so pretexto de que se atrae inversión, se favorecen las exportaciones y a que vengan turistas.

Todo eso es perfectamente cuestionable. No hay garantía de que las inversiones vendrán y menos con los elevados índices de inseguridad que el gobierno Peña Nieto no acaba de abatir. Los turistas se lo piensan dos veces antes de venir y hacen bien. Decir que a los exportadores les va bien no implica ni de lejos que a México país, le vaya bien. No siempre. Tras veinte años del TLCAN por ejemplo, está visto que le fue bien a exportadores, no al país en su conjunto, que quiérase que no, no es lo mismo. Y desde luego, una moneda depreciada nunca es la mejor carta de presentación. Se mire por donde se mire.

Ante el inoperante equipo de Luis Videgaray, nuestro desasosiego crece sin límites. ¿La razón? Esperamos en vano que el ejecutivo tome decisiones. ¿Cómo las tomará ante lo que sucedió el finde pasado? Salió a correr para demostrar que no está enfermo –como su demacrada percha ya delata– y se especuló que llevaba los calcetines al revés. Solícito como es, el presidente se apresuró a dar sesudas explicaciones de que iba vestido de forma correcta. En vez de hablar de los temas trascendentales. Comprenderá amigo lector, la orfandad en que vivimos con un jefe de Estado alienado y postrado en ese nivel intelectual. Nivel: calcetines. Es explicable que no haya decisiones inteligentes en momentos de crisis que las requieren. Hablar de calcetines para acallar opositores (que algún priista lamesuelas ha llamado malquerientes) no ayuda en momentos de turbulencia económica. No esperemos nada de las autoridades financieras de este país.

Y téngalo por seguro: mientras tanto el dólar se carcajea de Peña Nieto y de nosotros.
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