23 de noviembre de 2019, 0:12:56
Editorial


Yuan, dólar y devaluaciones competitivas



Los Estados Unidos protestan amargamente ante la amenaza, por parte de China, de devaluar su moneda. Visto sin mayor información, parece una decisión ventajista y desconsiderada por parte del gigante asiático; el inicio de una carrera de devaluaciones competitivas que lleva, en última instancia, a la destrucción de la moneda y por el camino al desorden del comercio internacional. Pero el asunto no es tan sencillo como eso.

China exporta una gran cantidad de bienes a los Estados Unidos, muchos más que los que importa de ese país. Como resultado, hay una gran cantidad de dólares que hacen el camino contrario a los bienes, desde los Estados Unidos hacia China. Los exportadores, entonces, acuden al Banco de China para cambiar esos dólares por yuanes, y por esa vía el gobierno de China acumula una cantidad ingente de reservas en dólares. Entonces, la política que ha seguido la Reserva Federal ha sido aumentar de forma constante la emisión de dólares, intercambiando esa moneda americana, devaluada, por bienes chinos. Es una forma de crecer merced a que el dólar es la moneda de reserva. Es el mismo esquema posterior a Bretton Woods, pero en un ámbito menor.

En este intercambio de moneda estadounidense por bienes, el yuan se ha revaluado frente al dólar. De hecho, hay una correlación muy fuerte entre la emisión de dinero por la Reserva Federal (M2) y la cotización del yuan con el dólar. Es comprensible que el gobierno de China no quiera que su economía siga entregando bienes a cambio de una moneda que vale cada vez menos. Más, teniendo en cuenta que atesora una gran cantidad de deuda en dólares. No quiere que su política monetaria la elija Washington, y está cansado de entregar algo a cambio de nada. De hecho, la reacción de los Estados Unidos a las intenciones declaradas por China no dejan de ser una sorprendente muestra de hipocresía.

Dicho esto, la devaluación es un camino inseguro y peligroso hacia la competitividad, pues se encarecen las importaciones, parte de las cuales son necesarias para producir los bienes que luego se van a exportar. Lo que demuestra todo este asunto es que cuando se mezcla la política y la economía el perjudicado suele ser el ciudadano de a pie, que ni entiende lo que ocurre ni sabe cómo protegerse frente a las consecuencias negativas, o tomar ventaja de las positivas. Por otro lado, no debemos perder de vista el momento en el que los productores de petróleo se cansaron de recibir papeles con un valor menguante a cambio de su preciado producto. La llamada “crisis del petróleo” fue una crisis del dólar en gran medida, y sus consecuencias se extendieron por todo el globo.

En cualquier caso, la economía china sigue siendo en parte un gran misterio. Y, más allá de la política monetaria y cambiaria, podría ser que las fuentes de crecimiento de China estén agotándose, lentamente. O que parte de ese pasado crecimiento fuese causado por una burbuja que, antes o después, tiene que estallar. Si esto último ocurre, podremos vernos abocados a una recaída en la crisis.
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