17 de enero de 2020, 15:18:30
Sociedad

en la patagonia


Calamaro da un concierto bajo el mar para recibir a las ballenas australes



Las ballenas francas australes comenzaron a regresar, como cada año, a la costa de Chubut, al sureste de Argentina, donde las esperaban cientos de personas y cámaras de televisión ansiosas por captar un nuevo atractivo turístico que se retransmite, incluso, por internet.

Los mamíferos regresan estos días a las aguas del sur de Argentina para comenzar su temporada de reproducción en las tranquilas y cristalinas aguas de la Península de Valdés, aunque deberán soportar que la emoción de los primeros días atraiga a numerosos curiosos y medios de comunicación ansiosos por ser los primeros en darles la bienvenida.

En "La vigilia de las ballenas", que comenzó el viernes y concluirá este domingo, se despliega en la costa un importante equipo de producción audiovisual que retransmite en directo por internet la llegada de las ballenas a la costa.

La edición anterior, realizada en mayo de 2007, superó las 150.000 visitas provenientes de más de un centenar de países a la página web de turismo de Chubut en sólo tres días.

Calamaro actuará en el espectáculo acuático
Este año y como especial sorpresa de bienvenida se preparó un concierto subacuático a cargo del cantante argentino Javier Calamaro, que tenía previsto sumergirse en una burbuja especialmente preparada para la ocasión al mediodía pero por problemas técnicos tuvo que retrasar y luego abreviar su espectáculo sumergido.

"En momentos en que en todo el mundo se las persigue para matarlas, nosotros las defendemos y queremos dar testimonio de eso", aseguró el artista.

El músico se sumergió siete metros en el mar, dentro de una burbuja de acrílico de siete metros de largo y dos de ancho que lo depositó en el lecho arenoso del Golfo Nuevo, lo que fue transmitido por internet a todo el mundo.

Calamaro cantó los tangos "La última curda" y "Los mareados", además del tema "Navegar", del que es autor, aunque los entonó sin acompañamiento musical, ya que debido a las muy bajas temperaturas no funcionaron los equipos de audio.

Pero esta curiosa iniciativa fue sólo el comienzo de la temporada de avistamiento de ballenas, ya que desde ahora hasta octubre miles de personas acudirán a Chubut para conocer a los cetáceos, que comparten además la costa con leones y elefantes marinos.

Una curiosidad mutua
También estos enormes animales se muestran curiosos con quienes se acercan a verlas, pues se "asoman" desde las profundidades marinas y escudriñan a los humanos más o menos con la misma curiosidad y asombro con que ellos los miran y fotografían.

La Península de Valdés, declarada Patrimonio de la Humanidad, está situada en el extremo noreste de la sureña provincia de Chubut y todos los años recibe a unos 200.000 turistas que se sienten atraídos por la abundante presencia de ballenas, lobos y elefantes marinos.

En sus aguas, donde el mar tiene un profundidad de entre 35 y 50 metros, llamadas "la cuna" de las ballenas, se reúnen todos los años unos 600 ejemplares de la especie franca austral, la quinta parte de la población mundial, en lo que constituye una atracción turística única.

Según los expertos, los adultos juegan y saltan para enseñarles a sus crías la mejor forma de desenvolverse en el agua y pasado el período de aprendizaje, entre uno y dos meses, emigran hacia los mares antárticos en búsqueda del krill, un camarón rico en proteínas y su alimento por excelencia.

Los cuerpos de las ballenas francas, que pueden alcanzar los 18 metros de largo y llegar a pesar 100 toneladas, son casi en su totalidad negros, con las distintivas callosidades blancas (abrasiones superficiales) en sus cabezas.

La denominación de "francas" se debe a que los balleneros pensaban que eran las ballenas "correctas" para cazar, debido principalmente a que flotan cuando mueren y a que a menudo pueden ser avistadas desde la costa mientras nadan.
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