7 de diciembre de 2019, 23:52:37
Opinion

TRIBUNA


Conllevar Cataluña

Agapito Maestre


El nacionalismo catalán es duro, rocoso e intolerante, pero nadie debería despreciarlo. Es menester estudiarlo y comprenderlo, incluso a veces hallaremos motivos que pudiera justificarlo, para hacernos cargo de la historia entera de España. Muchos han sido los cambios ideológicos, argumentativos y estéticos del movimiento secesionista catalán, en los últimos treinta y cinco años, y todos ellos han sido estudiados y divulgados con más o menos brillantez por periodistas, historiadores, literatos, cineastas, filósofos, antropólogos y políticos con cierto grado de alfabetización. Quizá exagero en el número de críticos del separatismo, pero creo que existe un buen puñado de libros para entender los principales cambios, generalmente hacia peor, de la ideología separatista catalana, pero eso, desgraciadamente, no ha sido suficiente para detenerlo, encauzarlo y aplacarlo.

Es obvio que ni el PP ni el PSOE han ayudado con sus comportamientos netamente partidistas, es decir, anti nacionales, a detener la utopía independentista del secesionismo catalán; por el contrario, ha sido su manipulación fuente de su poder en el resto de España; más aún, sin la displicencia que PSOE y PP han practicado con los secesionistas, no podríamos entender la aparición de un partido tan serio y bien plantado como Ciudadanos para defender lo mismo en Cataluña que en el resto de España. ¡No hay mal que por bien no venga! Así las cosas, es en este momento preciso y, sin duda alguna, dramático, porque se plantean unas elecciones autonómicas como un plebiscito para romper el modelo de convivencia político de los españoles, cuando deberíamos hacernos algunas preguntas para responderlas después del 27 de septiembre, por ejemplo, ¿qué ha hecho la nación española, o mejor, qué hemos hecho el resto de los españoles para que los catalanes, que se sienten tan catalanes como españoles, no fueran arrollados por los secesionistas catalanes en las últimas décadas?, ¿cuál ha sido la principal contribución de España para arropar a los millones de españoles que viven en Cataluña amenazados permanentemente por la dictadura blanda de los separatistas catalanes?, ¿por qué el Gobierno de España no ha salido ya, como me decía con gran criterio político Sosa Wagner, con la lista de incumplimientos de sentencias del Tribunal Constitucional?

En fin, a pesar de todo, a pesar de las maldades de unos y otros, después del 27 de septiembre es menester que sigamos ayudando no sólo a los catalanes que son y se siente españoles, sino también deberíamos preocuparnos por quienes se quieren ir, sencillamente, porque como nos enseñara Ortega en el 32, y hoy repiten los candidatos de Ciudadanos, el problema catalán es un problema español. Seguramente, sí, no se puede arreglar definitivamente pero puede conllevarse, hoy, como ayer nos enseñara Ortega, hay que resaltar que el problema catalán: “Es bien posible conllevarlo. Llevamos muchos siglos juntos los unos con los otros, dolidamente, no lo discuto; pero eso, el conllevarnos dolidamente es nuestro común destino, y quien no es pueril ni frívolo, lejos de fingir una inútil indocilidad ante el destino, lo que prefiere es aceptarlo.”
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