18 de noviembre de 2019, 18:21:24
Opinion

EPPUR SI MUOVE


Rompiendo España desde dentro

Antonio Hualde


Bernard Shaw se refería al patriotismo como “aquel convencimiento de que esta tierra es superior a todas los demás porque tú naciste en ella”. El general Patton, por su parte, lo acotaba al campo de batalla: “consiste en conseguir que otro desgraciado muera por su país antes de que consiga que tu mueras por el tuyo”. Y otro general, De Gaulle, diferenciaba así: “patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando lo es el odio por tu propio pueblo”.

Odio. He aquí el germen principal de todo nacionalismo, odio a “lo de fuera”, en especial al vecino. La prueba más tangible, ETA: sublimación de las aspiraciones del nacionalismo vasco. Ahora que está derrotada, su brazo político -llámese Amaiur, Sortu o Bildu- y el PNV andan más callados, si bien en su fuero interno el odio al “maketo” permanece inamovible. El nacionalismo catalán, por su parte, también tuvo su perfil terrorista, Terra Lliure aunque, por suerte, eran bastante más torpes que sus colegas vascos y cambiaron la “lucha armada” por la política, pasado muchos de ellos a integrarse en Esquerra.

Hubo un tiempo, no muy lejano, donde en Cataluña había nacionalistas moderados. Eran gente de bien, orgullosa de su catalanidad y de todo lo que ello implicaba. Tenían razones para ello. Políticamente, la historia de los condados catalanes es interesantísima. Tienen una lengua propia que hunde sus raíces en el tiempo, y un acervo cultural como pocos en el mundo. Su gastronomía, sus paisajes y en especial ellos, los catalanes, tienen un atractivo especial. España no sería lo mismo sin esa parte tan importante en todos los sentidos que es Cataluña.

Hoy apenas quedan. Sólo en Unió conservan ese espíritu de justificado orgullo sin por ello querer romper nada -y total, para qué: no les ha votado nadie-. Desde Convergencia, en cambio, siempre ha habido un sentimiento mayoritario de resquemor hacia “Madrid”. Ahora más que nunca conviene dejarlo bien claro: no son “los catalanes”, sino sólo aquellos que apoyan a Juntos por el Sí los que quieren romper España desde dentro. Me resisto a creer que un millón y medio de personas estén dispuestas a ser gobernadas por un comunista como Romeva o un independentista como Junqueras aunque, por otro lado, para votar hay que ser mayor de edad, y quienes lo han hecho por Juntos saben a lo que se exponían. Decía Schopenhauer en referencia al nacionalismo que “todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse del territorio a que pertenece por casualidad”. Pues eso.
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