18 de noviembre de 2019, 12:39:58
Economía

INCERTIDUMBRE SOBRE LAS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DEL 'PROCESO CATALÁN'


Cataluña se arriesga a sufrir una decadencia como ocurrió en Quebec

EL IMPARCIAL

El dinero no se ha planteado en serio la posibilidad de una secesión de Cataluña del resto de España.


La incidencia de los procesos políticos en la economía ha sido una de las constantes obsesiones en el debate público en estos últimos años de dificultades. Ha ocurrido en Grecia y está ocurriendo con Cataluña. La amenaza de secesión de los independentistas ha llevado a la especulación sobre qué ocurriría con el bolsillo de los catalanes en caso de ruptura. Cómo afectaría a la actividad de una de las zonas más dinámicas de España, a sus pensiones, a su banca, a su industria, a sus exportaciones, a su moneda, a sus cuentas públicas. A menudo, estos análisis sirven para desmontar las promesas de ríos de leche y miel en las tierras catalanas que esgrimen los soberanistas en caso de separación de España. Un caso paradigmático es el de Josep Borrell, que en su libro ‘Las cuentas y los cuentos de la independencia’ ofrece datos sobre las consecuencias económicas de una secesión de Cataluña.

Este mismo viernes, la agencia de calificación crediticia Standard & Poor's rebajaba la valoracion de la deuda catalana de BB a BB-, agavando la consideración de 'bono basura' y justificando su decisión en las "tensiones políticas" entre la Generalidad y el Gobierno central. Paralelamente, el empresariado catalán volvía a expresar su inquietud por la inestabilidad en Cataluña. Amagos, señales y advertencias que surgieron antes del 27S y se están repidiendo después.

La semana pasada, el Instituto de Estudios Económicos hacía balance sobre los Presupuestos Generales del Estado para 2016 y su presidente, José Luis Feito, planteaba que, aunque ni los mercados ni las empresas ni las familias habían creído en que se pudiera producir la independencia de Cataluña, en el momento en que esa percepción fuera certera, la región podría sufrir un proceso similar al de Quebec, en el que muchas empresas y bancos cambiaron su sede, incluyendo el Banco de Montreal, y se produjo un fenómeno de debilitamiento demográfico.

Las consecuencias económicas del largo proceso de Quebec para intentar independizarse de Canadá fueron analizadas en un artículo muy citado del Instituto de Estudios Económicos de Montreal. En él se establece que Quebec, una región rica por lo demás –en España bastaría citar su dato de desempleo, de apenas el 4%- ha crecido menos que el resto de Canadá durante el proceso independentista de la región. De 1981 a 2006, Quebec creció un 2,3% frente al 3% del resto de Canadá y, como resultado, el canadiense medio es 6.000 dólares más rico que el quebequés.

Este miércoles, durante la presentación de un libro en la Fundación del Banco Santander, el catedrático de Economía José María Serrano planteaba que uno de los riesgos económicos a los que se enfrentaba el país es a “una evolución descontrolada del problema catalán”.

A pesar de ello, parece que el dinero todavía no se ha asustado en serio por la posibilidad de una secesión de Cataluña. Durante 2012 circularon varios informes de bancos de inversión internacionales según los cuales no había amenaza real de secesión. Las dos últimas notas en este sentido fueron las de Barclays y la de la agencia de calificación de riesgos Moody’s, que, antes de que se celebraran las elecciones consideraban que no se produciría la separación de España y, por tanto, que los inversores no deben temer sus consecuencias económicas.

En España, sin embargo, no han faltado las advertencias. Tras un prolongado silencio de los empresarios con respecto a Cataluña, durante la campaña electoral salieron en tromba para alertar de las consecuencias de la secesión: en una declaración conjunta de AEB y CECA, los bancos manifestaban que se marcharían en caso de independencia. El propio gobernador del Banco de España, Luis María Linde, hablaba de ‘corralito’ en caso de secesión, a la par que grandes empresas como Telefónica se sumaban a los negros vaticinios.

Con casi 200.000 millones de euros de PIB, Cataluña sigue siendo la región con más peso económico dentro de España. Tras tres años de decrecimiento, volvía a crecer un 1,4% en 2014, en línea con la recuperación del resto del Estado. En lo que llevamos de siglo, ha casi doblado su riqueza. Esta prosperidad es la que se ve amenazada por el proceso soberanista.

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