17 de julio de 2019, 11:43:17
Sociedad

EL VATICANO CELEBRA ESTE LUNES LA PRIMERA SESIÓN DE TRABAJO DEL SÍNODO DE OBISPOS


La revolución del Papa Francisco llega a la familia

EL IMPARCIAL/Efe

El Vaticano celebra este lunes la primera sesión de trabajo del Sínodo de Obispos.


El Sínodo de los Obispos celebra este lunes la primera sesión de trabajo de la que es su XIV Asamblea General Ordinaria, centrada en la familia. La reunión de las cabezas de la Iglesia llega en plena revolución del Papa Francisco, que durante los últimos meses ha abordado asuntos tradicionalmente espinosos para la fe católica y ante los que la institución eclesiástica se ha mantenido firme y cerrada durante toda la historia de su existencia. La apertura -al menos en intención- que Francisco ha inaugurado en la Iglesia en torno a la homosexualidad, al divorcio y al control de la natalidad e, incluso, al aborto, no gusta a todos. Desde los primeros gestos de austeridad y cercanía de un Jorge Bergoglio recién elegido Papa, su decidida actitud de revolucionar ciertas rigideces eclesiásticas abrió algunos frentes opuestos dentro de la Curia vaticana, que ahora podrían manifestarse en contra de Francisco para proteger uno de los pilares fundamentales de la Iglesia tradicional: el modelo convencional de familia, que algunos ven amenazado por las ansias aperturistas del Papa.

En este sentido Francisco afirmó este lunes que el Sínodo de los obispos "no es un parlamento donde hay que negociar, pactar o llegar a compromisos". Francisco hizo esta afirmación en el discurso de apertura de los trabajos de la asamblea en el Aula del Sínodo ante los 270 padres sinodales, los que tendrán derecho al voto, y unos 90 entre expertos y auditores. A los prelados, Francisco les recordó que se deben abrir al "Espíritu Santo" por el bien de la Iglesia y que dejen de lado opiniones personales o prejuicios.

"Os quiero recordar que el Sínodo no es un convenio o un parlamento donde hay que llegar a ponerse de acuerdo. El Sínodo es una expresión eclesial, es la Iglesia que camina, para leer la realidad con los ojos de la fe y los ojos de Dios", añadió. En otro momento de su discurso, Francisco insistió en que no puede ser un parlamento "donde hay que negociar, pactar o llegar a compromisos". El único método -agregó- es "abrirse al Espíritu Santo para iluminarnos ante nuestras opiniones personales y prejuicios por el bien de la Iglesia".

El Sínodo comenzó con la oración de la Hora Tercera y después tomó la palabra el presidente delegado de turno, el cardenal hondureño Oscar Rodriguez Maradiaga, quien lamentó que los medios de comunicación presenten este Sínodo como "el de dos bandos enfrentados entre ellos con posiciones irreconciliables". Asimismo, pidió a los participantes "que no pierdan el ánimo ante una Iglesia a la que dan en peligro de extinción y una familia bajo ataque" e instó a que el Sínodo sea "un instrumento de pacificación".

"El hombre contemporáneo"
Ya este domingo, durante la misa de apertura del Sínodo Ordinario para la familia, celebrada en la basílica de San Pedro, el Papa instó a buscar, acoger, y acompañar al hombre contemporáneo y abogó por hacerlo con fidelidad, con una verdad que no responde a modas y con una caridad que "no señala con el dedo para juzgar a los demás".

"Una Iglesia con las puertas cerradas se traiciona a sí misma y a su misión, y en vez de ser puente se convierte en barrera", dijo durante la misa de apertura del Sínodo Ordinario para la familia, celebrada en la basílica de San Pedro.

Sí que habló en este caso del amor "entre un hombre y una mujer" y defendió que "el objetivo de la vida conyugal no es solo vivir juntos, sino también amarse para siempre" porque para Dios "el matrimonio no es una utopía de adolescente, sino un sueño sin el cual su criatura estará destinada a la soledad". En este sentido denunció la "cada vez menor seriedad en llevar una relación sólida y fecunda de amor" y dijo que "el amor duradero, fiel, recto, estable, fértil es cada vez más objeto de burla y considerado como algo anticuado".

Sobre el tema central del Sínodo, el de la familia, señaló que "en este contexto social y matrimonial bastante difícil, la Iglesia está llamada a vivir su misión en la fidelidad, la verdad y la caridad".

"Fidelidad (...) para defender la sacralidad de la vida, de toda vida; para defender la unidad y la indisolubilidad del vínculo conyugal como signo de la gracia de Dios y de la capacidad de hombre de amar en serio", afirmó. La Iglesia, en la opinión del papa, también tiene que vivir su misión en la verdad "que no cambia según las modas pasajeras o las opiniones dominantes", que "protege al hombre y a la humanidad de las tentaciones de autoreferencialidad y de transformar el amor fecundo en egoísmo estéril, la unión fiel en vínculo temporal". Asimismo recomendó la caridad "que no señala con el dedo para juzgar a los demás sino que -fiel a su naturaleza como madre- se siente en el deber de buscar y curar a las parejas heridas"
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