16 de noviembre de 2019, 3:04:00
Opinion

TRIBUNA


Rusia, Irán y Hezbolá

Ely Karmon


La intervención militar de Putin no tiene por objetivo ISIS, sino que aspira a establecer una sólida base estratégica para Rusia en Oriente Medio. Cuando Rusia consolide una alianza con Irán y Hezbolá, los intereses de Israel correrán peligro.


Muchos analistas rusos sostienen que la intervención de Rusia en Siria está impulsada por el deseo de Vladimir Putin de restablecer el estatus de la nación más grande del mundo como superpotencia, y por su honda convicción de que Estados Unidos ha sembrado deliberadamente el caos en la región para asegurar su reinado en ella. Aunque esta valoración pueda ser acertada, sólo revela parte de las intenciones del presidente ruso.

La intervención militar de Rusia en Siria se produce en el marco de tres factores principales: una grave amenaza para la supervivencia del régimen del presidente Bashar Assad, aliado histórico de Rusia en el Oriente Medio; el éxito de Putin al asegurar la ocupación de Crimea y ampliar la presencia territorial rusa en Ucrania; y la evidente debilidad, incluso fracaso, de la administración Obama para abordar la guerra contra el Estado Islámico, también conocido como ISIS o ISIL.

Hay dos factores adicionales que quizá hayan ayudado a Putin a tomar esta arriesgada decisión ahora: el ímpetu de Irán en la región, como consecuencia de su éxito en el logro de un acuerdo nuclear altamente favorable; y la oleada de refugiados sirios que amenazan la unidad y la estabilidad de Europa, mitigando así la amenaza sobre los intereses rusos en Ucrania.

Consciente de la debilidad de Assad (Putin se burló del ejército sirio durante su reunión pública con el primer ministro Benjamin Netanyahu) y de que ni siquiera el apoyo de Irán y Hezbolá puede asegurar la supervivencia del presidente sirio, el líder ruso decidió actualizar su anterior estrategia de proporcionar apoyo militar y político al régimen. Por el momento, esa actualización está adoptando la forma de fortalecer la presencia militar territorial en la zona de Latakia –con aproximadamente 25 ó 30 aviones, varios miles de soldados, brigadas navales y de infantería, modernos tanques T-90 y artillería, lo que permitirá a los rusos lanzar ataques aéreos contra las fuerzas rebeldes que amenacen los reductos del régimen.

Rusia intenta asegurar un mini-Estado alauita controlado por Assad y transformarlo en una sólida base estratégica en la región bajo los auspicios de Rusia. Este escenario, basado en los ejemplos de Abjasia, Osetia del Sur, Transdniéster o la República Popular de Donetsk, ya fue contemplado en 2012 por Fabrice Balanche, probablemente el mayor experto en cuestiones sobre los alauitas.

Pocos observadores se han dado cuenta de la referencia que hizo Putin esta semana a los kurdos en su alocución a la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando dijo que nadie más que Assad y las milicias kurdas están “combatiendo verdaderamente al Estado Islámico”. ¿Estaba aludiendo a otro potencial mini-Estado aliado de Rusia en Siria?

Algunos antecedentes importantes

En “Ya es hora de poner un Estado alauita en el mapa” (Haaretz, 20 de marzo de 2013), este autor propuso que los líderes israelíes propongan al presidente de EE. UU. Barack Obama durante su visita en Israel a la época, de lograr un “gran pacto” con Rusia para proteger a la minoría alauita, a la luz del “inevitable derrumbamiento del régimen de Assad”, defenderla de una masacre por parte de los rebeldes suníes y destruir el arsenal químico de Siria bajo control internacional. La principal salvedad de este acuerdo sería impedir toda presencia militar o paramilitar del Hezbolá iraní en el futuro mini-Estado alauita.

El acuerdo ruso-americano, que presionaba al presidente Bashar al-Assad de Siria a renunciar a su arsenal de armas químicas hace dos años, fue alentado por el entonces ministro de los servicios de inteligencia de Israel Yuval Steinitz. “Luego Netanyahu lo presentó a Obama y obtuvo luz verde”, según unas declaraciones recientes hechas por políticos israelíes. No se sabe si la presión ejercida por Israel sobre la administración estadounidense tuvo algún impacto en el nacimiento del acuerdo.

En realidad, fue la decisión de Rusia e Irán de salvar al régimen de Assad lo que más peso tuvo para que Siria aceptara el acuerdo. Lo más probable es que el esquema fuera planeado, en la reunión que tuvo lugar el 9 de septiembre en Moscú, por el primer ministro sirio Walid al-Moallem en coordinación con Irán, representado por el vice primer ministro iraní para Asuntos Árabes y Africanos, Hossein Amir-Abdollahian.

El resultado fue la supervivencia del agonizante régimen de Assad, la transformación de Rusia en uno de los protagonistas principales del conflicto, en coordinación con Irán, y una mayor radicalización de las desilusionadas fuerzas rebeldes sirias, que percibieron que América había traicionado sus propios valores y promesas.

Una nueva coalición

De hecho, Putin ha encontrado ahora en Irán a su mejor aliado para formar una coalición que incluya “la Siria de Assad”, Hezbolá e Irak, que será el siguiente objetivo. Incluso Egipto se inclina por colaborar con los rusos.

Es en este contexto donde se debe considerar el acuerdo de cooperación de los servicios de inteligencia entre Irán y Hezbolá, la decisión de Irak de permitir que Rusia envíe armamento militar a través de su espacio aéreo y cree una célula de coordinación sobre el Estado Islámico, y la compra por parte de Irán de tecnología satélite y aeronaves rusas por un valor de 21.000 millones de dólares.

El Secretario General de Hezbolá Hassan Nasrallah dijo dos semanas atrás que estaban llegando a Siria fuerzas adicionales rusas y sistemas armamentísticos muy avanzados, y observó que aunque Siria todavía no ha solicitado oficialmente la intervención rusa, dicha solicitud puede ser inminente. Sugirió que pronto habría una petición siria oficial para que Rusia interviniera militarmente. El jefe de redacción pro Hezbolá del diario de Beirut Al-Akhbar, Ibrahim al-Amin, informó de que Hezbolá se había adherido a una nueva coalición antiterrorista con Moscú y de que Rusia participaría en operaciones militares junto con el ejército sirio y Hezbolá, después de que las conversaciones secretas entre Rusia, Irán, Siria e Irak dieran por resultado el nacimiento de una nueva alianza, que él describe como “la más importante de la región y del mundo desde hace muchos años”. Asimismo, afirma que Rusia “desempeñará un papel destacado sobre el terreno y participará en combate en el campo de batalla con su armamento moderno, liderando operaciones e interviniendo con descargas de artillería, [ataques] aéreos y de cualquier otro tipo, junto con el ejército sirio y Hezbolá”.

Nasrallah tenía razón: los primeros ataques aéreos rusos en Siria, que fueron efectuados el miércoles pasado, no tenían nada que ver con ISIS. En realidad, tenían por objetivo a los rebeldes moderados sirios de la zona estratégica de Homs, quien amenazan la estratégica carretera que une Damasco con la Costa Alauita.

Aquéllos que en Israel manifestaron un optimismo reservado después de que la reunión entre Netanyahu, el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, Gadi Eizenkot, y Putin lograra un “acuerdo de coordinación” entre las dos fuerzas aéreas, han sido ahora testigos de un ejemplo de cómo los rusos “han coordinado” su primer ataque aéreo en Siria con los americanos.

Si los Estados Unidos continúan con su conducta dubitativa y zigzagueante con respecto a Siria, Israel debería considerar que también tiene las manos atadas, ya que esto animará a Rusia a perjudicar a un importante aliado americano en la región.

¿Podrá sentirse seguro Israel al dar información a los rusos antes de un ataque contra un objetivo estratégico vital de Hezbolá o Irán? ¿Qué ocurrirá si Rusia pasa esa información a Irán antes de un ataque de estas características? Putin ya ha dicho que le preocupan los ataques israelíes en Siria, insinuando que Rusia cortará las alas de Israel que recorran los cielos sirios, tal y como lo ha expresado Amos Harel, de Haaretz. Cuanto más fuerte y estrecha sea la alianza de Rusia con Irán y Hezbolá sobre el terreno, más esfuerzo le costará a Rusia reprimir el deseo de satisfacer a sus amigos.

Rusia podría también perturbar la actividad naval militar israelí próxima a aguas libanesas y sirias y, posiblemente, dar información a Siria/Irán/Hezbolá sobre las plataformas de gas israelíes, si esto compite con intereses económicos rusos vitales. Algunas fuentes turcas han afirmado recientemente que una serie de ataques terroristas contra gasoductos y oleoductos turcos, llevados a cabo por el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), servía a intereses rusos “sin ninguna orden directa procedente de Moscú”.

La nueva situación en Siria y en la región debería servir de incentivo a Israel y a los Estados Unidos para coordinar más estrechamente sus estrategias políticas y militares concernientes a la intervención rusa. Israel tiene mucho que ofrecer en el campo operativo e informativo.

Esto, a su vez, podría ser el detonante de una cooperación más estrecha con los Estados suníes moderados e incluso con Turquía, cuyo plan de acción para Siria podría verse arruinado por la intervención rusa.
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