12 de diciembre de 2019, 0:20:27
Opinion


La feria y su ley de dependencia: ‘los despojos’ (letra pequeña)

Pedro J. Cáceres


Ha concluido un San Isidro de indigente censo para los matemáticos: 14 orejas.

La Puerta Grande se descerrajó tan sólo una vez y para dar paso a la ‘caballería’: Andy Cartagena.

Son los rejoneadores los que maquillan una cuenta de resultados globalizada: ‘churras y merinas’ valen igual para el ‘convento’.

La frescura del joven Leonardo, frenado en su apoteósico desflore venteño por la ‘otra frescura’ del palco (con mucho lo peor de toda la feria -un póker de ‘cuatros’-), la garra y el coraje de Álvaro Montes y la impronta del maestro Pablo, no sólo han nutrido el pobre balance numérico si no que han hecho de los sábados ‘día del club, del espectáculo’.

Han colaborado eficazmente, también, en la contabilidad las ‘nuevas generaciones’: Tendero, Pinar, Sombrero... y El Payo, pese a no tocar despojo. Cierto es que han gozado del mejor elemento básico de la feria: las novilladas de Montealto, La Quinta y Guadaira.

Por lo demás, en esta edición conclusa, el escalafón superior ha sido más de ‘sorayos’ (las orejas de Joselillo, Urdiales, Lancho y las maneras de Morenito de Aranda e Iván Vicente, junto con el triunfo -sordo-’de Bolívar) que de ‘barones’ (el paso en sepia de Ponce, Juli, Castella); si se quiere, también, del ‘aparato’ en sus diferentes responsabilidades con las orejas de El Cid, Morante, Fundi, y Ferrera; el ‘vocinazo’ de Talavante y ‘cuartelazo’ de Perera (ambos sin despojos en la mano).

Pronto se han sacado conclusiones, por parte de los ‘gurús’, que instalan a esta edición isidril en el umbral de la pobreza tauromáquica, en la crisis o en la desaceleración.

Sin embargo, un análisis, menos visceral y partidista, más sosegado y aséptico -más cabeza y menos bilis-, presionando el ‘reward’, comparecen secuencias de la corrida de Peñajara, al menos dos animales de Carmen Segovia, alguno de Las Ramblas y Pereda, dos pastueños de Valdefresno, un par de nobles de Alcurrucen y el tercero de Salvador Domecq; y sobre todos: el sexto de Cuadri.

Amén de los toros notables de El Pilar, Victoriano del Río y ‘la botica’ del colofón torista que se analizan en posterior negociado de ’la ley de dependencia de la feria’: los despojos (letra pequeña); menudeo analítico que nos da una infografía más virtual y cromática, rica en matices, que acusa a la pobreza de su lectura apresurada, con la excusa de la síntesis, por ignora dos vectores y su resultante final: el desencuentro en los sorteos entre toros y toreros, y aceros romos; arrojando insuficientes números para vestir un provisional balance de situación: faltan despojos.

Con motivo de cumplirse el 40º aniversario de la alternativa de Curro Romero, hace unos años, realicé un reportaje para los informativos de Tele 5 en el que me ilustré sobre el personaje con un ‘adosado’, sabio y fiel, toda la vida del Farón: Gonzalito. Agudo y entrañable personaje que no sólo me guió a la comprensión multifacética de un ‘mito’ si no a asimilar una filosofía, simple pero enriquecedora, complementaria del ‘hombre y sus circunstancias’; registrando una frase en mi ‘disco duro’ -durísmo, por cierto-: “no le gustan las orejas porque se ‘ensusia’ las manos”.
Alguien las acuñó ‘despojos’ para que, como aceite en agua, el fondo emergiera de la forma; y que las grandes obras -más en arte- se firman atendiendo al contenido sin importar que el continente esté ayuno de resultado estadístico. Cierto es que tal circunstancia no es homogénea a todo torero si no a su condición privilegiada; tanta para ser capaz de obviar la génesis de su índole profesional: ‘matador de toros’.

Tal situación es mutante en sus consecuencias coyunturales; por ejemplo, San Isidro 2008: nadie discute la completa feria de El Cid ni osa cuestionar su entronización como máximo triunfador por que su condición, ahora, de figura no mella su estatus; lo amplifica al poner en positivo su infortunio con la espada confrontado con su impericia. Es El Cid (Campeador), por encima de ‘babiecas y tizonas’; caso opuesto al de hace cuatro y cinco años cuando su mellada espada le hizo daño en su progresión al ser Cid el apellido de un buen torero con proyección. Le ha pasado a Bolívar, que tendrá que esperar a ser el ‘libertador’ de la tauromaquia hispanoamericana como legítimo heredero del ‘Cesar Imperator’ (que deambuló durante sus diez primeros años como ‘un tal Rincón’, orillado por la ceguera empresarial a ‘mano de obra inmigrante’).

Viceversa es la casuística numantina de Fundi a quien su ‘fiel espada triunfadora’ le acartela en el cuadro de honor, frenando la minimización tendente en el taurinismo a ‘jugarse la vida’ desnudo de equipaje.

Y en una encrucijada de caminos, entre la necesidad de sobrevivir en la jungla del ‘sistema’ o el amejoramiento de posición consolidada, pendiendo del arma de Damocles se ubica la sólida y solvente, rotunda, actuación de Miguel Ángel Perera y la sincera, ingenua, de virginal inocencia, desnuda de técnica (táctica y estrategia, también) y, por esta vez, despojada de atavismo ‘tomasista’ -un señuelo para meditar pasos de presente y futuro- de Alejandro Talavante.

Todos ellos con un plus de autenticidad en sus triunfos sin ‘despojos’; lo han hecho ante el TORO: Palha, Adolfo, Victorino y Fuente Ymbro (que no salió buena pero permitió discernir capacidades, y que si bien su origen responde a pedigrí coronado, se colige de los carteles conocidos de los próximos certámenes importantes que su futuro inmediato -quizá purgatorio ocasional- está en ‘la legión’ y no en el ‘estado mayor’).

Para el toro ‘bueno’, de ganaderías de ‘toro medio’, donde la nobleza pone más que la casta en su aleación en pos de la bravura, siempre nos quedará Morante, espléndido de expresión torera ante un buen ejemplar de Victoriano del Río -la tarde en que Manzanares dejó los pespuntes más bellos de toda la feria-; y El Cid, otra vez, completo, versátil, con el gran toro de El Pilar (dentro de su ‘rol’).

Si bien, todo tiene una razón de ser: el ‘despojo’ cotiza. En un país convulso en su vertebración, de desigualdades regionales, de crisis galopante económica (todo acrecentado, al menos, desde el verano de 2007), el 8 de marzo España se acostó votando a Chikilikuatre y al alba inmediato se predisponía a votar a Zapatero. Cosas veredes.
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