18 de septiembre de 2019, 19:41:52
Sociedad

CASO DE ANDREA


Crónica religiosa. "No hay compasión que lleve a la muerte"

Rafael Ortega

"No quiero que la muerte de Andrea se considere un triunfo". Por Rafael Ortega


Un periodista no debe transmitir sus sentimientos particulares en una noticia, pero sí en un artículo o en un comentario. Por eso pido a los lectores de EL IMPARCIAL que me perdonen si les confieso que esta semana he llorado porque ha muerto Andrea y por esa triste noticia me duele el alma. He pedido respuestas y no he encontrado muchas. Solo sé, como ha dicho José María Gil Tamayo, Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, que “no hay compasión que lleve a la muerte; no a la eutanasia y no al encarnizamiento terapéutico”.

En estos días familiares, amigos y compañeros nos hemos interrogado sobre qué hacer en un caso como éste. No he encontrado otra respuesta que remitir a todos al Testamento Vital que editó en su día la Conferencia Episcopal Española y que me limito a reproducir:

"A mi familia, a mi médico, a mi sacerdote, a mi notario:

Si me llega el momento en que no pueda expresar mi voluntad acerca de los tratamientos médicos que se me vayan a aplicar, deseo y pido que esta declaración sea considerada como expresión formal de mi voluntad, asumida de forma consciente, responsable y libre, y que sea respetada como si se tratara de un testamento.

Considero que la vida en este mundo es un don y una bendición de Dios, pero no es el valor supremo y absoluto. Sé que la muerte es inevitable y pone fin a mi existencia terrena, pero creo que me abre el camino a la vida que no se acaba, junto a Dios.

Por ello, yo, el que suscribe, pido que si por mi enfermedad llegara a estar en situación crítica irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados; que no se me aplique la eutanasia (ningún acto u omisión que por su naturaleza y en su intención me cause la muerte) y que se me administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos.

Pido igualmente ayuda para asumir cristiana y humanamente mi propia muerte. Deseo poder prepararme para este acontecimiento en paz, con la compañía de mis seres queridos y el consuelo de mi fe cristiana, también por medio de los sacramentos.

Suscribo esta declaración después de una madura reflexión. Y pido que los que tengáis que cuidarme respetéis mi voluntad. Designo para velar por el cumplimiento de esta voluntad, cuando yo mismo no pueda hacerlo, a..........................

Faculto a esta misma persona para que, en este supuesto, pueda tomar en mi nombre, las decisiones pertinentes. Para atenuaros cualquier posible sentimiento de culpa, he redactado y firmo esta declaración.

Nombre y apellidos:
Firma:
Lugar y fecha:"

Un documento que siempre llevo encima y que puede solucionar problemas de conciencia a muchos.

Sobre todo no quiero que la muerte de Andrea se considere como un triunfo de los que defienden la eutanasia.
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