21 de septiembre de 2021, 21:25:32
Opinión

¡ARRESTE A LOS QUE APLAUDEN!


Elogio del inconformista

Elena Viñas García


Leer ficción entretiene y reconforta, no solo por la posibilidad de huir de la rutina, sino también por encontrar consuelo y comprensión en personajes que no existen, pero que despiertan simpatía o empatía.

Imaginar a personajes literarios formando parte de la cotidianidad del lector es divertido. Las últimas semanas, he creído ver a Ignatius, protagonista de La conjura de los necios, afrontando situaciones por las que he pasado con diferentes personas y en diferentes escenarios. Lo he envidiado por irreverente, gamberro e ingenioso; todo lo que puede salvarse de su hilarante mente conspiratoria.

Yo lo llamo practicar la ficción en la realidad. Ocurre cuando un personaje histriónico como este de John Kennedy Toole logra trascender las páginas de la novela para formar parte de tu vida. Probablemente sea mérito del escritor estadounidense, pero tanto o más cuenta la capacidad de uno para imaginar, una facultad erróneamente reservada a los niños.

A su manera, Ignatius no tolera la injusticia, aunque su concepto de justicia sea anacrónico, tanto como él mismo. Tampoco que nadie le quite su gorra verde ni que su madre vaya a jugar a los bolos. Pero, sobre todo, lo que le distingue del resto es su incorfomismo y osadía.

No es el único personaje literario que rechaza los convencionalismos y se identifica con lo opuesto a lo establecido; El Quijote es otro. Pocos ejemplos más bastan. Si la obra de Cervantes es la primera novela moderna, entonces el ingenioso hidalgo es el adalid de los inconformistas en la literatura.

Sin duda, son muchos los iconoclastas de carne y hueso. Es el caso de Valle­-Inclán, otro espíritu contestatario. Recuerdo una de sus anécdotas para justificar el nombre de esta columna. Al término del estreno en el Teatro Fontalba de Madrid de la obra El hijo del diablo, de José Echegaray, a quien el escritor gallego no tenía demasiada estima, Valle no pudo soportar que el público aplaudiera la actuación de Margarita Xirgu: "¡Muy mal, muy mal!". Un policía procedió a detenerlo y a sacarlo del teatro, pero Valle tenía preparada una de sus ingeniosas y admirables respuestas: "¡Arreste a los que aplauden!".

Gracias a los inconformistas que se rebelan.


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