18 de septiembre de 2019, 19:39:33
Opinion

EPPUR SI MUOVE


Así no, mi general

Antonio Hualde


El lema de la Escuadrilla de Honores del Ejército del Aire es Nosce te ipsum, “conoce tu medida, conócete a ti mismo”. Está sacada del célebre El arte de la guerra, de Sun Tzu, donde también puede leerse que “el arte supremo de la guerra es someter al enemigo sin luchar”. En cierta medida es eso lo que usted ha hecho, mi general: pasándose a Podemos, ha mancillado el honor de tantos y tantos compañeros de armas que dieron la vida por España -su país, ¿Recuerda?- a manos de una banda terrorista con la que muchos de sus nuevos amiguitos simpatizan.

Creo que ahora prefiere que le llamen Julio a secas, o señor Rodríguez en lugar de “mi general”. No es así para el resto de militares, quienes llevan muy a gala su condición incluso tras pasar a la reserva; en todo caso, allá cada cual y sus miserias. Aún así, aunque ya no lo merezca, me permito la licencia de seguir tratándole con la fórmula castrense. La neutralidad es consustancial a la condición de militar; algo lógico, por otra parte. Usted ha optado, y lo ha hecho por una opción netamente antimilitarista y antisistema. Hay que ver.

Parece que lo intentó con Pedro Sánchez, pero no hubo feeling. El sucesor de su querido Zapatero ya tenía su reclamo de armas con la inclusión en las listas del PSOE de la ex comandante Zaida Cantera; una pena, se le adelantaron. Y eso que entre los socialistas usted siempre se movió bien. La sintonía con el citado José Luis Rodríguez Zapatero desde que le hizo Jefe del Estado Mayor de la Defensa -JEMAD- era manifiesta. El ex presidente, que no sabía cómo fastidiar -con j- al ejército pensó incluso en nombrar ministro de Defensa a Pedro Zerolo, cuyas capacidades para el puesto eran su profundo antimilitarismo, su condición de gay y ser más venezolano que español. Se acabó decantando por Carmen Chacón, igual de antimilitarista entonces pero además catalana y con ciertas ínfulas nacionalistas -aunque hoy, en honor a la verdad, ha evolucionado hacia un discurso mucho más sensato-.

Lo primero que vino fue la retirada de Irak, prometido por Zapatero en campaña. Podrá o no compartirse, pero es una decisión que hay que respetar. Otra cosa es el cómo, y ahí, mi general, “su” Gobierno no lo pudo hacer peor. Si la retirada en cuestión se hubiese producido atendiendo a unos mínimos plazos acordes con el sentido común -y del deber, ¿Recuerda?- nadie habría dicho nada. Pero esas prisas de pose de revista resultaron de lo más penoso. Aunque peor sería aún el bochorno del secuestro del Alakrana, cuando España mandó al mundo un mensaje inequívoco: nosotros negociamos con piratas, animamos a que secuestren a los nuestros y encima les mandamos a la Armada para que lo contemple todo con orden de no actuar. Fue, mi general, una cagada tras otra.

Y ahora, como broche a una “impecable trayectoria” -porque misiones como tal no es que haya usted participado en muchas- se mete en Podemos. ¿Ha visto las charlas de su jefe en las herriko tabernas derritiéndose ante los “presos políticos” de ETA, esos que mataban a sus ya ex compañeros? ¿Ha leído los tuits de Guillermo Zapata, otro de los suyos en Madrid? ¿Se ha enterado de que en Podemos quieren cercenar el derecho a decidir sobre una parte de España a todos aquellos españoles de fuera de Cataluña? Sí, porque si se acuerda, en la Constitución dice que la soberanía nacional reside en el pueblo español, no sólo en una parte. Que Cataluña deje de ser España nos compete a todos, no sólo a unos pocos. Dijo Chesterton que “el verdadero soldado no lucha porque odia lo que hay delante de él, sino porque ama qué hay detrás de él”. Pues lo que tiene ahora delante odia todo lo que deja atrás. Téngalo presente, mi general.
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